Autor: Rodrigo Travieso Landeros
Columnas de Opinión: Conguillío: El imperativo de una gestión con identidad y justicia territorial
Columnas de Opinión: Conguillío: El imperativo de una gestión con identidad y justicia territorial ¿ Es posible proteger un ecosistema de valor global mientras se le da la espalda a quienes habitan sus fronteras? El Parque Nacional Conguillío, corazón geológico y turístico de La Araucanía Andina, enfrenta hoy una crisis de gestión que pone en duda la equidad de nuestro modelo de desarrollo territorial. Aunque la conservación es un imperativo ético indiscutible para los actores locales, la actual administración de CONAF parece operar bajo una lógica de exclusión que asfixia a las economías de Melipeuco y Curacautín. El nudo crítico reside en una gobernanza asimétrica.
Resulta incomprensible que, ante alertas preventivas, se clausure el acceso al público general y a los guías locales -quienes son los verdaderos aliados estratégicos en la protección-, mientras el concesionario privado mantiene operaciones y pernoctaciones nocturnas sin una supervisión efectiva. Esta "cancha inclinada" no solo erosiona la confianza social, sino que desvirtúa el principio de que las áreas protegidas son patrimonio de todos, no privilegios de cuota. La gestión del aforo es otro síntoma de esta desconexión técnica. El actual sistema de 1.100 cupos diarios, divididos salomónicamente entre el concesionario y el público general, carece de flexibilidad operativa. Es frecuente observar cómo emprendedores locales pierden reservas por falta de tickets, mientras el concesionario mantiene vacantes inutilizadas que no retornan al sistema público.
A esto se suma una visión centralista del acceso: cuando el sector sur se satura, el acceso por Curacautín queda bloqueado administrativamente aunque sus senderos estén vacíos, evidenciando la urgencia de una gestión sectorizada e inteligente que reconozca la geografía real del parque. Para avanzar, se hace imperativo transitar hacia un modelo de co-gestión territorial. Esto implica revisar la concesión actual, integrar a las comunidades en la toma de decisiones y profesionalizar el acceso mediante operadores locales registrados en SERNATUR, quienes garantizan educación ambiental y trazabilidad.
Solo democratizando la gestión del parque y garantizando condiciones de justicia para los habitantes del territorio, lograremos que Conguillío deje de ser una isla administrativa y se convierta en el motor de un desarrollo local genuinamente sostenible. Autor: Rodrigo Travieso Landeros.