Columnas de Opinión: Iquique: una ciudad rica que se acostumbro a vivir mal
Columnas de Opinión: Iquique: una ciudad rica que se acostumbro a vivir mal Hay algo que quienes vivimos en Iquique escuchamos todo el tiempo. "Qué linda la ciudad. " "Tiene un paisaje increíble. " "Podría ser espectacular. " Y la verdad es que sí. Iquique tiene condiciones que muchas ciudades jamás tendrán: mar, clima privilegiado, patrimonio histórico, puerto, Zona Franca, turismo, minería cerca y una ubicación estratégica única en el norte de Chile. Entonces surge una pregunta incómoda: ¿ Por qué vivimos una calidad de vida tan baja para todo el potencial que tiene esta ciudad? Porque una cosa es tener riqueza. Y otra muy distinta es transformarla en bienestar urbano. Los últimos informes oficiales publicados este año vuelven a confirmar algo que ya no puede seguir escondiéndose bajo discursos optimistas o inauguraciones aisladas. Iquique y Alto Hospicio enfrentan problemas estructurales graves: déficit de áreas verdes, deterioro urbano, segregación, campamentos, congestión vehicular, conflictos de movilidad, deterioro patrimonial y crecimiento desordenado.
Y quizás lo más impactante: Tarapacá tiene hoy un 11% de pobreza por ingresos, muy por sobre el promedio nacional de 6,5%. Es decir: una región que mueve millones mediante el puerto, la minería y ZOFRI tiene indicadores sociales que no reflejan esa riqueza. Eso debería hacernos reflexionar profundamente. Porque el problema de Iquique no parece ser económico. Parece ser político, urbano y cultural. Durante décadas, la ciudad creció sin una visión común de largo plazo. De hecho, Iquique funcionó por más de 40 años con un Plan Regulador heredado de 1981, recién actualizado ahora en 2024. Y eso tiene consecuencias enormes. Mientras la ciudad cambiaba radicalmente -más población, más autos, más edificios, más migración, más presión urbanalas reglas seguían siendo prácticamente las mismas. El resultado está a la vista: una ciudad parchada. Sectores saturados. Espacios públicos deteriorados. Veredas incómodas. Áreas verdes insuficientes. Patrimonio abandonado. Y una sensación permanente de improvisación. Lo más doloroso es que Iquique sí supo pensar ciudad alguna vez. Entre 1930 y 1970, distintos proyectos públicos y privados ayudaron a construir una visión moderna del norte chileno. Escuelas, conjuntos habitacionales y edificios públicos fueron concebidos como piezas urbanas capaces de mejorar la vida cotidiana y consolidar identidad. La arquitectura moderna desarrollada en Iquique durante ese período fue entendida como un "signo de desarrollo y vanguardia", además de ofrecer soluciones adaptadas al clima desértico y al paisaje costero. Había una idea de progreso colectivo. Las escuelas ocupaban manzanas completas. Los conjuntos habitacionales integraban comunidad, espacio público y paisaje. La ciudad se pensaba más allá de la rentabilidad inmediata. Hoy muchas veces pareciera ocurrir lo contrario. El crecimiento urbano avanza fragmentado, respondiendo más a urgencias o intereses particulares que a una visión integral de calidad de vida. Y eso se nota. Lo siente quien pasa dos horas al día atrapado en tacos. Lo siente quien vive en barrios sin sombra ni plazas. Lo siente quien camina entre edificios deteriorados o patrimonio abandonado. Lo siente incluso el visitante que llega esperando una gran ciudad costera y se encuentra con espacios públicos muchas veces descuidados y caóticos. Porque la calidad de vida no es solamente demorarse menos en el auto. También es sentirse orgulloso de la ciudad donde uno vive. Y quizás ahí está una de las heridas más profundas de Iquique: nos acostumbramos lentamente al deterioro. Nos acostumbramos a cables colgando. A fachadas destruidas. A plazas secas. A basura. A veredas malas y sin sombra. A proyectos inconclusos. A que lo excepcional se vuelva normal. Pero una ciudad no se deteriora de un día para otro. Se deteriora lentamente, cuando deja de imaginar su futuro. Y justamente por eso este momento es tan importante. Porque por primera vez en muchos años los propios informes técnicos están diciendo con claridad lo que la ciudadanía lleva demasiado tiempo sintiendo: Iquique necesita volver a pensar en grande. No solo en más obras. No solo en más pavimento. No solo en crecimiento económico. Necesita volver a construir una visión urbana a la altura de su potencial humano, geográfico y cultural. Porque una ciudad rica que no logra transformarse en bienestar termina generando frustración. Y esa frustración, tarde o temprano, también termina construyendo ciudad.. LEONOR BRAVO