Autor: La columna de María José Navia
Columnas de Opinión: La escritura encantada de Laura Fernández
Columnas de Opinión: La escritura encantada de Laura Fernández Dicen que es una novela para niñas y niños desde los nueve años y lo importante ahí está en ese “desde”. Un punto de partida, pero jamás de llegada o límite futuro, pues nos perderíamos entonces, los lectores adultos, de una gran novela. Diminuta casa encantada es lo nuevo de Laura Fernández (Terrassa, 1981) y si bien es nuevo el público al que apunta, hay mucho en esta obra que hace eco de sus temas de siempre.
Una forma de escribir personalísima, en la que las mayúsculas, los paréntesis y ahora, con gran protagonismo, las notas al pie, van dibujando un particular universo, un mundo de casas ya embrujadas o en proceso de serlo, escritores fantasmas y fantasmas que deben escribir cartas de recomendación y participar en concursos para cambiarse de destino.
Pero también objetos mágicos como dinosaurios de peluche que hablan, o casas que piensan, tiendas que aparecen y desaparecen, y relaciones familiares en las que se abraza lo especial y lo distinto, con un niño cuya madre es experta en dinosaurios y es famosa y entonces nos encontramos con el que parece ser el único niño en el mundo al que NO le gustan los dinosaurios porque eso es lo que precisamente le quita la atención de su madre. Diminuta casa encantada trae de vuelta sonidos de teléfonos y decisiones importantes como los libros de Elige tu propia aventura.
Pero no solo eso: la participación de quien lee es aún más clave aquí, puesto que se nos necesita como parte central de la trama, siendo bautizados como Espías de cartas que deben asumir un nuevo nombre y que tienen el poder de alterar lo que sucede.
La autora ha dicho en entrevistas que uno de sus propósitos con este libro era hacer un homenaje a la figura del lector y es por eso que, al tomar quien lee sus decisiones, vuelve el texto un camino único.
El desborde en el lenguaje tan característico de Fernández y que podría haber sido un problema al considerarse el público infantil se soluciona en esta novela de manera brillante con el uso de las notas a pie de página, que van ayudando en la comprensión de palabras difíciles, iluminando expresiones como con una linterna prodigiosa, recordando a personajes que se pueden haber olvidado y motivando aún más a la lectura. Una suerte de siempre entusiasta compañía subterránea que destaca o resalta la importancia de las palabras, sus colores, sus posibilidades: cómo pueden conformar conjuros, cómo sirven para escribir cartas, y telegramas y libros, y revistas.
Un mundo entero de palabras escritas y revoloteando de un lado al otro (y que, incluso, se pueden coleccionar; como leemos de uno de sus personajes: “Papá Nicketts decía que podías escribir cualquier nombre en un pedazo de papel y llevarlo contigo a todas partes como si fuese un amigo, y por eso había puesto tantos nombres a su hija, la Niña Steve”). Y, de fondo, una historia entrañable y de corazón enorme: un niño, Bill, cuya madre (la doctora Willa S. Willett) es experta paleontóloga, debe cambiarse de casa para ir a trabajar a otra ciudad.
Con el cambio de casa se mueven también los miltons, unos pequeños extraterrestres que habitan la diminuta casa encantada del niño y que conviven a su vez con un curioso fantasma (que luego querrá cambiar de lugar). La mudanza (de hogar) trae consigo otras mudanzas o transformaciones; también un miedo importante: el temor a lo desconocido, con el nuevo barrio, el nuevo colegio y los nuevos compañeros. Pero entonces aparecerán nuevos lectores, y nuevas casas, con sus familias y fantasmas. Nuevos dinosaurios, también.
Laura Fernández es autora de la brillante novela La señora Potter no es exactamente Santa Claus, así como también Connerland, Bienvenidos a Welcome, Wendolin Kramer, El Show de Grossman; Damas, caballeros y planetas y, más recientemente, dos ensayos breves sobre el lugar de la imaginación en el mundo en que vivimos: Hay un monstruo en el lago (sobre el monstruo del lago Ness) y Dos tardes con Jules Verne (sobre la vida y obra, pero, por sobre todo, los ecos de Verne en la literatura de hoy). Ahora llega a sumarse a esta galaxia Diminuta casa encantada que está bellísimamente ilustrado por Alfredo Cáceres y que, en su versión en papel (esta lectora impaciente tuvo que leerlo en digital), incluye stickers de los personajes. Toda una fiesta.
El mundo de Laura Fernández deslumbra por una originalidad feliz que no huye de los riesgos y apuestas de toda gran obra literaria, una que entiende, aprecia y celebra la maravilla del lenguaje, los muchos mundos (de otros autores y autoras) que la precedieron y que la acompañan y ese juego y alegría permanentes que son el hacer de la escritura tu lugar en el mundo. Uno embrujado, sin duda. Uno que nos sigue encantando. El mundo de Laura Fernández deslumbra por una originalidad feliz que no huye de los riesgos y apuestas de toda gran obra literaria. Autor: La columna de María José Navia. La prodigiosa escritora española Laura Fernández ha vuelto a librerías con su primera novela infantil: un delirio encantado y encantador sobre el poder de las palabras. El mundo de Laura Fernández deslumbra por una originalidad feliz que no huye de los riesgos y apuestas de toda gran obra literaria. La columna de