Columnas de Opinión: Semillas de luz (IX) Más allá de la violencia
Columnas de Opinión: Semillas de luz (IX) Más allá de la violencia Cómo decir algo que no haya sido dicho, dentro del algoritmo que selecciona mis lecturas? ¿ Cómo reaccionar después de este mazazo que la realidad descarnada del poder de la fuerza nos ha dado? Ciertamente, la realidad interpretable desde es nuestra subjetividad emocional y nuestros intereses materiales. El yo y el nosotros se desacoplan. Nuestro instinto gregario se manifiesta tan importante como nuestra individualidad: somos uno y somos todo. Sin embargo, esa tensión -mal resueltaha sido históricamente el terreno fértil donde germinan la violencia, la exclusión y la negación del otro. Pensábamos que los flagelos de antaño estaban resueltos. Parecía que el consumo y el crédito habían sustituido el sentido de la vida. Dimos por sentadas ciertas normas mínimas de convivencia que nos permitían proyectar un futuro compartido. Temas como la dignidad humana, la cooperación, el respeto por la vida y la confianza básica en el otro quedaron implícitos, casi invisibles, como si fuesen conquistas irreversibles. Hoy constatamos que no lo eran. Desde la mirada de Gesto Humano, este quiebre no es solo político, económico o geoestratégico; es, ante todo, un quiebre vincular y de sentido.
Cuando el poder de la fuerza irrumpe como argumento, lo primero que se fractura es el tejido humano: la capacidad de reconocernos como legítimos otros, de asumir que pertenecemos a un sistema mayor donde lo que afecta a uno inevitablemente afecta al todo. La filosofía que nos inspira -el coaching ontológico, la biodanza y la mirada sistémicanos recuerda que no somos observadores neutros de la realidad, sino co-creadores de ella. La emoción desde la cual interpretamos el mundo define nuestras acciones, y nuestras acciones configuran el mundo que hacemos posible. El miedo, cuando no es mirado, deriva en violencia; la desconexión, la mentira la pachotada, cuando y normalizan, habilitan se la deshumanización y legitiman el abuso de poder.
Este tiempo -de invasiones, guerras y genocidiosnos confronta con preguntas ineludibles: ¿ Desde qué emoción nos estamos vinculando con este momento histórico? ¿ A qué acción concreta nos convoca? Aquí emerge con fuerza una cuestión política y ética central: los límites de la tolerancia. No toda tolerancia es virtud. Cuando tolerar significa callar frente a la injusticia, relativizar la violencia o aceptar la vulneración sistemática de la vida y la dignidad humana, la tolerancia deja de ser un valor y se convierte en complicidad. Comprender no es justificar, y dialogar no implica renunciar a los principios que sostienen la convivencia. Desde Gesto Humano afirmamos que el reconocimiento del otro como legítimo tiene un límite claro e innegociable: la negación de la humanidad del otro. Allí donde se normaliza la violencia, el exterminio, la opresión o la mentira como herramienta de dominación, es necesario decir no. Poner límites no es un acto de odio, es un acto de responsabilidad histórica. La mirada sistémica nos enseña que los sistemas que no establecen límites claros reproducen el abuso y consolidan la ley del más fuerte. Restituir el orden no es imponer, es proteger la vida. El silencio, en contextos de violencia estructural, también es una forma de acción política. El instinto gregario que hoy emerge no es un retroceso; es una memoria profunda que recuerda que la supervivencia humana nunca ha sido individual. Somos red, somos historia compartida, somos cuerpo social. La biodanza nos lo recuerda desde lo más esencial: la vida se reafirma en el encuentro, en el movimiento que integra, en la experiencia que devuelve pulso vital incluso en medio del horror. Desde la comprensión sistémica, las violencias visibles suelen ser la expresión extrema de exclusiones antiguas, de órdenes profundamente alterados, de dolores colectivos no reconocidos. Sin justificar sí ni aceptar, pero comprendiendo, es posible abrir espacios de conciencia que restituyan equilibrio y sentido. Más allá de la violencia, siempre existe un umbral. No ingenuo, no cómodo, sino profundamente humano y político. Un umbral donde elegir cuidar la vida implica tomar posición, poner límites claros y sostenerlos con dignidad. P orque cada gesto humano importa. Cada límite ético sostenido frente a la barbarie es una semilla de luz. Y las semillas, aun en los terrenos más devastados, saben cómo abrirse paso. Luis Alberto Vásquez M Gesto Humano.