Autor: Fernando Ramos, arzobispo de Puerto Montt
Columnas de Opinión: La experiencia religiosa como luz de la vida
Columnas de Opinión: La experiencia religiosa como luz de la vida R ecientemente se publicaron los datos de la última Encuesta Bicentenario UC, válidos para el año 2025. En ellos se advierte que el 36% indicó no tener ninguna religión, aumentando fuertemente desde 2006, en el que solamente el 12% señalabaestar en esa condición. Esto contrasta con el hecho de que el 74% declara creer en Dios sin dudas, es decir, hay un grupo de la población que cree en Dios, pero no subscribe a ninguna religión.
De aquí surge, entonces, la pregunta ¿ es necesaria la religión para canalizar mi fe en Dios? ¿ qué ofrece la religión en mi experiencia o contacto con la divinidad? Las religiones siempre han sido una propuesta coherente y articulada que ofrece los medios para permitir el anhelo profundo que existe en el ser humano de llegar a contactarse con Dios. El hecho de que Dios, en cuanto Ser Supremo, Creador y Todopoderoso, sea inmaterial, nos deja a los humanos en la imposibilidad de tener una experiencia sensorial con Él. Y cuando no tenemos experiencia sensorial, el conocimiento humano entra en el plano de la subjetividad.
De aquí, por consiguiente, la necesidad de contar con la religión o una religión que permita establecer cauces más objetivos y claros, de manera que se supere la simple opinión o elaboración subjetiva de la experiencia religiosa.
El cristianismo es quizás la religión que más profundamente ha elaborado esta condición del alma humana, pues plantea que la persona de Jesucristo es el auténtico y definitivo mediador entre las realidades divinas y las búsquedas humanas. Como religión, el cristianismo ve en la persona de Jesús la realidad objetiva que orienta al ser humano en sus dudas y búsquedas. Es el enviado de Dios para superar el abismo existente entre Dios y sus creaturas que no lo pueden ver ni tocar. Desde esta perspectiva, las religiones no son una simple realidad que asfixia o entorpece la relación con Dios, sino, por el contrario, son una auténtica propuesta para favorecer y estimular esa relación. Es cierto que las religiones no son iguales entre ellas y, por esta razón, el espesor de lo que ofrecen es muy distinto unas de otras. Sin embargo, tienen de positivo que establecen o intentan establecer una mediación objetiva entre el individuo inmanente y Dios trascendente. Desde esta perspectiva, las religiones se transforman en una verdadera y fuerte luz para la vida de las personas, pues ofrecen un camino concreto de relación con Dios.
Por el contrario, aquel que cree en Dios y profesa no tener una religión, encontrará que su subjetivismo tenderá a diluir su imagen de Dios y la relevancia que éste tiene en la vida de las personas. En el fondo, el sueño de relacionarse con Dios desde las propias categorías no quedará más que en un simple sueño de buenas intenciones. Autor: Fernando Ramos, arzobispo de Puerto Montt. Columna