Editorial: La educación parte en casa
Editorial: La educación parte en casa La agresión sufrida por un funcionario del Liceo Gabriela Mistral de La Serena no puede ser vista como un hecho aislado ni mucho menos como una situación «normal» dentro de la convivencia escolar, no podemos olvidar a la inspectora María Victoria Reyes quien fue asesinada por un alumno en Calama al inicio del ciclo este año.
Lo ocurrido esta vez no vuelve a recordar violencia que se está instalando en diversos establecimientos educacionales del país, y que un cuento repetitivo en donde se dicen siempre las mismas palabras docentes, asistentes y funcionarios enfrentan cada vez más situaciones de riesgo en espacios que deberían estar destinados al aprendizaje y la formación. La decisión de los profesores y trabajadores de declararse «de brazos caídos» refleja algo más profundo que una simple paralización momentánea: evidencia el cansancio y la sensación de abandono que existe en muchas comunidades educativas.
Hoy, numerosos docentes sienten que deben asumir no solo el rol pedagógico, sino también tareas de contención emocional, mediación de conflictos e incluso enfrentar episodios violentos sin contar con las herramientas ni el respaldo suficiente por parte de las autoridades. Resulta preocupante que este tipo de hechos se repitan con frecuencia en colegios y liceos de distintas ciudades. La violencia escolar ya no se limita a conflictos entre estudiantes, sino que está alcanzando directamente a quienes trabajan en educación. Cuando un funcionario es agredido dentro de un establecimiento, se rompe el principio básico de respeto que debe existir en toda comunidad educativa. Y si no se toman medidas concretas, el mensaje que se transmite es que estos actos terminan siendo tolerados o minimizados. La discusión debe ir más allá de las sanciones inmediatas. Se requiere una política seria de apoyo a la convivencia escolar, el fortalecimiento de la salud mental y por sobre todo que los padres y tutores estén presente de verdad de una vez por todas. La educación parte en casa y la primera línea que debe estar preocupada por la salud mental de los menores, son sus cuidadores. Recuperar el respeto dentro de las salas de clases es una tarea urgente, porque ningún profesor, inspector o asistente debería acudir a su lugar de trabajo con miedo a ser agredido..