Aulas frente al Continente Blanco
Aulas frente al Continente Blanco En Punta Arenas, donde el viento del Estrecho parece traer un eco lejano de los hielos, la Universidad de Magallanes ha vuelto a encender un espacio académico que no se mide solo en horas lectivas ni en créditos: el Diplomado en Asuntos Antárticos.
Coordinado con devoción por la doctora Magaly Vera, este programa se ha transformado en una de las puertas formativas más entrañables y relevantes para quienes desean comprender, desde múltiples disciplinas, el continente que define la identidad geopolítica, científica y simbólica de la región. Esta versión del dipl o m a d o t i e n e u n a particularidad que late con fuerza en cada jornada: es íntegramente presencial. Y eso no es un detalle menor. En tiempos donde las pantallas median casi todos los aprendizajes, volver al aula al aula real, con tiza, con miradas que se cruzan, con cafés compartidos en los pasillos es un acto casi rebelde. Hay algo profundamente humano en escuchar a un expositor mirando sus gestos, en comentar una idea con el compañero de al lado, en quedarse después de clase debatiendo lo recién aprendido.
Esa textura, esa proximidad, es la que esta cohorte está viviendo semana a semana, y los diferentes módulos se desarrollarán hasta agosto, marcando un recorrido formativo que coincide, no por casualidad, con el calendario más intenso de la ciencia antártica internacional. Las primeras semanas han marcado un tono que combina rigor y emoción, ese tipo de emoción que solo aparece cuando uno descubre que está aprendiendo algo verdaderamente importante. Por las aulas han transitado figuras de notable trayectoria en el quehacer antártico nacional.
El historiador Francisco Sánchez ha aportado la mirada de larga duración, esa que recuerda con la cadencia del buen narrador que el vínculo de Chile con la Antártica no comenzó con un decreto ni con una base, sino con una trama centenaria de exploraciones, expediciones balleneras y disputas diplomáticas en la que Magallanes siempre ha sido protagonista.
Escucharlo es entender que pisar el hielo, hoy, es también caminar sobre capas y capas de memoria, sobre los pasos de quienes nos precedieron y soñaron con el sur cuando el sur era todavía una incógnita.
Y el magíster Elías Barticevic, del Instituto Antártico Chileno, ha llevado al aula la experiencia viva de una institución que, desde Punta Arenas, articula la ciencia chilena con los foros internacionales del Sistema del Tratado Antártico.
Su exposición permitió a los alumnos enlazar los contenidos del diplomado con la realidad palpitante de las decisiones que se to-. El DiPlOmADO En CiEnCiAs AnTáRTiCAs DE lA UmAG y lA fORmACión DE UnA nUEvA GEnERACión DE PEnsADOREs POlAREs Estudiantes provienen de diferentes áreas, incluyendo FFAA, INACh y el mundo privado. Aulas frente al Continente Blanco man, año tras año, en las Reuniones Consultivas y en los espacios donde se define el futuro del continente. El perfil del estudiantado refleja la naturaleza estratégica y profundamente humana del programa.
En las aulas se encuentran, codo a codo, oficiales y suboficiales de la Armada de Chile, profesionales del Ejército de Chile y funcionarios del Instituto Antártico Chileno, INACh, junto a docentes, operadores logísticos y profesionales civiles, entre ellos la destacada periodista científica María Pastora Sandoval, creadora del podcast Mirador Antártico. Esta convergencia no es casual ni decorativa: representa, en pequeña escala, el ecosistema completo que sostiene la presencia chilena en la Antártica. Quienes navegan los mares australes, quienes mantienen las bases en condiciones extremas, quienes diseñan políticas públicas y quienes investigan en terreno, comparten ahora un mismo banco de estudio, un mismo café, una misma pregunta. Pocas instancias formativas en el país logran este cruce, y menos aún con el calor de la presencialidad. La trascendencia del diplomado radica precisamente en esa apuesta integradora.
La Antártica no es solo un territorio congelado; es un laboratorio para entender el cambio climático global, una pieza clave del equilibrio oceánico planetario, un archivo paleoclimático único, y un espacio jurídico y diplomático sin precedentes en la historia humana. Comprender el Continente Blanco exige, por tanto, una formación que articule ciencias naturales, historia, derecho internacional, logística, política y comunicación. Es esa articulación tejida con paciencia, con cariño y con visión la que el programa de la UMAG ha sabido construir a lo largo de más de una década. L a d o c t o r a e n Educación Magaly Vera, ha sido el alma de esta i n iciat iva desde sus orígenes en el Centro de Investigación Gaia Antártica.
Su trabajo coordinado con académicos, instituciones aliadas y operadores antárticos ha permitido que el diplomado no solo sobreviva a los vaivenes del financiamiento universitario, sino que crezca, se diversifique y conserve esa cualidad rara que tienen los programas verdaderamente vocacionales: la de formar personas, no solo profesionales. Quienes han pasado por sus aulas saben que aquí no se enseña la Antártica desde la distancia, sino desde el compromiso afectivo con un territorio que Chile siente como propio. H a y u n d ato q ue conviene subrayar con énfasis.
En tiempos en que las potencias miran hacia los polos con intereses crecientes, en que el cambio climático redefine las urgencias planetarias y en que la ciencia antártica gana visibilidad mundial, formar capital humano calificado en estos temas no es un lujo regional: es una necesidad estratégica nacional, casi una urgencia patriótica.
Cada uniformado que comprende el Sistema del Tratado Antártico antes de embarcarse, cada docente que regresa al aula con herramientas para enseñar la Antártica a sus estudiantes, cada profesional que dimensiona la fragilidad y la complejidad del continente, contribuye a robustecer la posición chilena ante el mundo.
Detrás de cada inscripción hay, además, una historia personal: la de quien decidió que valía la pena dedicar tardes y fines de semana a aprender sobre un continente que la mayoría de los chilenos jamás verá, pero que todos, de algún modo, llevamos en el alma. El diplomado de la UMAG hace algo que excede lo académico: traduce.
Traduce la ciencia para los tomadores de decisiones, traduce la historia para los operadores en terreno, traduce el derecho internacional para quienes pisarán bases y barcos, y traduce el conocimiento técnico al lenguaje de quienes deben comunicarlo a la ciudadanía. En un país que se reconoce a sí mismo como puerta de entrada al continente austral, esa labor de traducción es fundacional, casi sagrada.
Mientras los módulos avanzan rumbo a su cierre en agosto, y los foros se llenan de preguntas, debates y reflexiones que muchas veces se prolongan más allá del horario formal, queda claro que en estas aulas no solo se imparte contenido: se construye comunidad antártica. Una comunidad diversa, intergeneracional, civil-militar, científicahumanística, que mañana sostendrá desde sus respectivos roles, desde sus respectivas vocaciones la presencia y el liderazgo chileno en uno de los territorios más importantes del planeta. Una comunidad que se gesta, hoy, en una sala con vista al estrecho, con compañeros que dejarán de ser desconocidos para convertirse en colegas de toda la vida. Punta Arenas vuelve a confirmar, con este diplomado, su condición de capital austral del conocimiento polar. Y la UMAG, fiel a su vocación, sigue siendo la universidad que mira al sur cuando el resto del país mira al norte. Porque hay tareas que solo pueden hacerse desde aquí, con el viento de cara y el corazón puesto en el hielo.. El magister Elias Barticevic de INACh, es uno de los profesores del programa.