Autor: M. CORDANO
“La percepción de amenaza e incertidumbre influye en que un estudiante evite ir al colegio”
“La percepción de amenaza e incertidumbre influye en que un estudiante evite ir al colegio” Durante el primer semestre de 20 25,838 mil alumnos en Chile faltaron a más del 15% de sus clases.
En otras palabras, 28% de la matrícula nacional presentó inasistencia que se considera “grave”. En septiembre de ese mismo año, el Centro de Estudios del Ministerio de Educación informó que la asistencia escolar acumulada alcanzaba 87,8%, una cifra menor a la considerada satisfactoria.
“El ausentismo crónico faltar al 10% o más de los días escolares en un año es un problema complejo; es decir, multifactorial y que requiere un enfoque también múltiple”, plantea Patricia Graczyk, psicóloga y académica de la U. of Illinois Chicago, donde ha desarrollado una extensa trayectoria en el estudio de la inasistencia escolar.
Desde allí, la investigadora ha visto cómo inciden en este fenómeno la salud y el malestar emocional, las barreras socioeconómicas y estructurales como la falta de ADIDEC transporte, el mal clima escolar, la baja implicación de los padres y las creencias erróneas que muchos tienen. Por ejemplo, pensar que no es grave que los niños pequeños falten.
“También están la desmotivación estudiantil y un cambio en las actitudes tras la pandemia: encuestas recientes muestran que menos padres y estudiantes consideran el ausentismo crónico como un problema, en comparación con antes de la pandemia”, señala la académica, quien esta semana visitó Chile para participar en el II Seminario Internacional de Asistencia Escolar organizado por Fundación Presente en colaboración con Grupo Educar. ¿En qué momento el ausentismo deja de ser un problema individual y pasa a ser uno sistémico? ¿ Hay señales a observar? “Un indicador es el porcentaje de estudiantes que asisten de manera satisfactoria, lo que suele definirse como estar en la escuela el 95% del tiempo o más. Cuando menos del 80% de los estudiantes cumple con ese estándar, surge la necesidad de enfocarse en enfoques sistémicos a nivel escolar. Otras señales pueden ser algo más sutiles. Por ejemplo, análisis por nivel pueden mostrar que ciertos cursos tienen tasas más altas de ausentismo crónico. Encuestas sobre convivencia pueden revelar altos niveles de bullying. Mapas geográficos pueden indicar que estudiantes de ciertas zonas faltan más o llegan tarde con mayor frecuencia debido a problemas de transporte. También puede observarse que estudiantes en situación de pobreza, con necesidades especiales o pertenecientes a minorías tienen mayor riesgo de ausentismo crónico. La investigación internacional identifica a estos grupos como en riesgo.
Todas estas son señales de que se deben considerar intervenciones a nivel grupal”. En las últimas semanas, en Chile se han visto amenazas de ataques a escuelas que circulan en redes sociales o incluso aparecen escritas en muros, lo que se suma a los casos de estudiantes ingresando armas a colegios. ¿Cómo afectan estos hechos a la asistencia escolar? “Los estudiantes que se sienten inseguros en la escuela pueden desarrollar miedo y tener menos disposición a asistir. Es parte de la naturaleza humana: cuando percibimos una situación como peligrosa, experimentamos una respuesta de lucha o huida. En la mayoría de los casos, los alumnos y las personas en general tienden a evitar esas situaciones. Optan por la huida. Es decir, estas amenazas pueden influir en la asistencia de algunos estudiantes”. ¿Puede la percepción de inseguridad ser tan influyente como el riesgo real en el ausentismo? “Sí. La percepción de amenaza o incertidumbre comúnmente influye en que un estudiante evite ir al colegio o a situaciones dentro de este.
En mi trabajo con niños y jóvenes con trastornos de ansiedad que no asistían al colegio, era su percepción intensa de la escuela como una amenaza, o de algún aspecto de ella, lo que explicaba sus ausencias.
Dicho esto, los establecimientos también deben prevenir y abordar las amenazas reales”. Algunos colegios están considerando o implementando medidas de seguridad más estrictas, como detectores de metales, revisión de mochilas o mayor vigilancia. ¿Podrían estas medidas afectar la asistencia y sentido de pertenencia de los escolares? “La literatura sugiere que hay otras prácticas que pueden ser más útiles. Entre ellas normas de disciplina claras, consistentes y justas; prevención del bullying; apoyos en temas de salud mental y esfuerzos por promover un clima escolar positivo.
Además, pueden ser útiles mecanismos de denuncia anónima”. ¿Qué políticas o intervenciones han demostrado ser más efectivas a nivel internacional para mejorar la asistencia? ¿ Qué acciones debiesen priorizarse? “Un marco de trabajo multinivel basado en evidencia es un buen punto de partida (... ). Además, dadas las tendencias actuales, creo que la mayoría de las escuelas se beneficiarían de enfocarse en prácticas a nivel institucional que promuevan una cultura de no faltar. Personalmente, pongo el acento en la prevención: promover la asistencia, identificar tempranamente los problemas e intervenir a tiempo, en lugar de esperar a que se vuelvan graves. Los gobiernos pueden fomentar la adopción de estos marcos, ofreciendo capacitación y acompañamiento. También pueden impulsar el reporte sistemático de datos de asistencia y su análisis oportuno, de modo que las decisiones se tomen con base en evidencia a nivel nacional, regional, local y escolar. Por último, recomendaría que los gobiernos financien investigación local para identificar qué prácticas son efectivas en su propio contexto. Muchas de las intervenciones disponibles han sido estudiadas en Estados Unidos, y el contexto importa.
Contar con evidencia propia puede ser de gran ayuda”. Señales de alerta Resistencia a levantarse y prepararse para ir al colegio, asistir de mala gana y tener dificultades para permanecer en el establecimiento, así como faltar a clases específicas o deambular por los pasillos de forma constante, son “señales de alerta temprana” que se deben tomar en cuenta para evitar que el ausentismo se vuelva crónico, plantea Patricia Graczyk.
Otras indicaciones a las que es importante prestar atención tienen que ver con niños que “llegan tarde con frecuencia, evitan situaciones como pruebas o exposiciones, dicen que odian la institución o lloran dentro de esta o ante la idea de ir”. Quejas frecuentes de dolores de cabeza o estómago, además de solicitudes reiteradas para ir a la enfermería, no se deben pasar por alto, advierte la especialista. Autor: M. CORDANO.
N Frente a los últimos episodios de violencia escolar en el país, la académica subraya que más allá de los riesgos objetivos, la forma en que los estudiantes perciben y viven la escuela puede incidir directamente en si van o no a clases.
Patricia Graczyk, psicóloga de la U. of Illinois Chicago y especialista en inasistencia: Señales de alerta Resistencia a levantarse y prepararse para ir al colegio, asistir de mala gana y tener dificultades para permanecer en el establecimiento, así como faltar a clases específicas o deambular por los pasillos de forma constante, son “señales de alerta temprana” que se deben tomar en cuenta para evitar que el ausentismo se vuelva crónico, plantea Patricia Graczyk.
Otras indicaciones a las que es importante prestar atención tienen que ver con niños que “llegan tarde con frecuencia, evitan situaciones como pruebas o exposiciones, dicen que ‘odian’ la institución o lloran dentro de esta o ante la idea de ir”. Quejas frecuentes de dolores de cabeza o estómago, además de solicitudes reiteradas para ir a la enfermería, no se deben pasar por alto, advierte la especialista. Una asistencia satisfactoria suele definirse como estar en el colegio el 95% del tiempo o más.
En septiembre de 2025, la asistencia escolar acumulada a nivel nacional alcanzaba un 87,8%. Graczyk es parte de la International Network for School Attendance, red que reúne a profesionales de distintos países para avanzar en políticas, investigación y prácticas en asistencia escolar.