Autor: Concejala de Punta Arenas
Columnas de Opinión: La gesta de Prat y el deber de una juventud con sentido
Columnas de Opinión: La gesta de Prat y el deber de una juventud con sentido Alicia Stipicic Cada 21 de mayo, Chile vuelve la mirada hacia uno de los episodios más profundos y simbólicos de nuestra historia republicana: la gesta heroica de Arturo Prat Chacón en el Combate Naval de Iquique.
Sin embargo, el paso del tiempo obliga a preguntarnos algo más que la simple repetición de una efeméride escolar. ¿Qué significa hoy Prat para una generación que crece en medio de la inmediatez, de las redes sociales, de la incertidumbre y, muchas veces, de una preocupante pérdida de referentes? La respuesta no está únicamente en el acto heroico de abordar el Huáscar. Tampoco en la dimensión militar de la Guerra del Pacífico. La verdadera trascendencia de Prat reside en algo mucho más profundo: la coherencia entre sus convicciones y sus actos.
En una época donde abundan los discursos vacíos, donde la opinión parece valer más que el compromiso y donde muchas veces el éxito se mide exclusivamente en términos materiales, la figura de Prat emerge como un recordatorio incómodo pero necesario: existen valores que no pueden relativizarse. El deber, la responsabilidad, la lealtad y el amor por algo más grande que uno mismo siguen siendo esenciales para la construcción de una sociedad sana. Prat sabía que el combate estaba prácticamente perdido. La Esmeralda era una corbeta antigua frente a un blindado muy superior. Sin embargo, permaneció en su puesto. Y eso es precisamente lo que convierte su figura en un símbolo moral y no solo militar. La grandeza de una persona no se mide únicamente por las victorias que obtiene, sino también por la dignidad con la que enfrenta las adversidades. La juventud chilena actual vive tiempos complejos. Muchos jóvenes sienten desconfianza hacia las instituciones, incertidumbre respecto del futuro y una legítima frustración frente a un país que a veces parece ofrecer pocas certezas. Pero precisamente por ello la historia de Prat conserva vigencia. Porque enseña que incluso en escenarios difíciles es posible actuar con honor, con valentía y con sentido de comunidad. No se trata de exigir heroísmos imposibles ni sacrificios épicos.
La verdadera enseñanza de Iquique está en comprender que toda sociedad necesita personas dispuestas a cumplir su deber con integridad, aun cuando nadie las observe; jóvenes capaces de estudiar con esfuerzo, trabajar con honestidad, respetar a los demás y comprender que la libertad siempre va acompañada de responsabilidad. Existe además otro aspecto profundamente actual en la figura de Prat: su dimensión humana. Fue padre, esposo, abogado y servidor público. No fue un hombre perfecto ni un personaje construido artificialmente para los libros de historia. Fue un ciudadano que entendió que el servicio público exige consecuencia personal. Y esa es quizás una de las lecciones más urgentes para nuestro tiempo. Chile necesita volver a formar generaciones que crean en el mérito, en la disciplina y en la vocación de servicio. Desde la convicción de que ningún país puede sostenerse únicamente sobre derechos sin deberes, ni sobre demandas sin compromiso colectivo. La memoria de Combate Naval de Iquique no debe transformarse en una ceremonia automática ni en un discurso repetido cada año. Debe ser una invitación a reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos construir y qué papel tendrá la juventud en esa tarea.
Porque finalmente la mayor enseñanza de Prat no fue su muerte heroica, sino su forma de vivir: con principios firmes, con sentido del deber y con la certeza de que hay causas que merecen ser defendidas incluso en los momentos más difíciles. Autor: Concejala de Punta Arenas.