Autor: Por Pablo Ortuzar
Columnas de Opinión: Una Concertación de derecha
Columnas de Opinión: Una Concertación de derecha ablo Longueira, una vez más, anunció que no volvería a la política contingente, para, luego de un breve lapso, anunciar su retorno como candidato a alcalde de Conchalí y presidente de la UDI. ¿ Cuál es el objetivo? En una entrevista con Daniel Hopenhayn, disponible en la página de Democracia UDP, profundiza en él: crear una Concertación de derecha. Esto lo entiende como un P conglomerado político con una fuerte vocación social, cuya bandera sea el diálogo y los acuerdos, tan amplios como se pueda. Reactivar la economía y redistribuir, crecer con igualdad, equilibrar progreso y justicia. De acuerdo a Longueira, esa es la única manera de articular políticamente las fuerzas del Rechazo del 4S y evitar que el próximo presidente sea un demagogo.
Es en ese espíritu que, en las últimas semanas, criticó no haber apoyado a Michelle Bachelet en su candidatura a la ONU, además de haber traspasado por completo el alza de los combustibles a los consumidores. ¿Tiene algún sustento la apuesta de Longueira, o es mera nostalgia noventera extemporánea? Sin duda, hay un poco de lo segundo. Las condiciones políticas y sociales actuales no son las de la transición. Hay confusión respecto de cómo seguir adelante, y el debate se encuentra espectacularizado y polarizado.
Por mucho que uno quisiera grandes acuerdos, es difícil imaginar cuál sería el contenido de ellos, qué respaldo ciudadano podrían tener y cómo se les podría hacer durar en un contexto marcado por las pymes y micropymes políticas, con partidos incapaces de disciplinar a sus miembros, tal como él lo describe. Tampoco, por cierto, se entiende su llamado a apoyar a Bachelet. La mayoría de los males presentes derivan de las reformas empujadas por su segundo gobierno, que justamente prescindió casi por completo del diálogo con la oposición, al contar con mayorías. Ella rompió el pacto DC-PS como eje de la Concertación y forjó a la Nueva Mayoría en torno a un pacto PS-PC que izquierdizó a todo su sector.
También creó un sistema político balcanizante, auspició al Frente Amplio en sus orígenes y asumió como propias sus banderas en educación, así como el proyecto político de Fernando Atria contenido en "El otro modelo". Y, por último, hizo campaña por el Apruebo, no por el Rechazo. ¿ Qué sentido tendría hoy apoyarla desde la derecha, sólo porque no ha sido juzgada con la severidad que debería por muchos chilenos? ¿ Por qué algo así sería necesario para buscar una alianza lo más amplia posible, cuando ella nunca sería parte de esa alianza? Dicho esto, la intuición de Longueira no está descaminada por completo. Es verdad que la dinámica política actual parece ir de a poco pavimentando el camino a una opción demagógica en la próxima elección. Ya hubo centroizquierda, centroderecha e izquierda dura, y ahora le toca a la derecha dura, sin que nadie parezca haber sintonizado bien con las mayorías. Lo lógico sería que, por descarte, el próximo presidente fuera un total outsider, y el mejor perfilado hoy para cumplir esa función es Franco Parisi. También es cierto que el proyecto de una centroderecha dialogante fue derrotado a patadas durante el estallido y lo que vino después, pero no murió.
Actores políticos como Javier Macaya, Jaime Bellolio o Guillermo Ramírez, entre otros y otras, efectivamente lograron estos últimos años perfilar un estilo muy distante al de "Sin filtros". Sin ir más lejos, fue con esa facción de la centroderecha, contrapesando el rechazo de parte de su propia gente y del PC, que el Presidente Boric logró sacar adelante buena parte de su agenda legislativa, incluyendo la reforma de pensiones. Por último, Longueira da en el blanco respecto a lo que siempre le faltó al proyecto de centroderecha democrática y dialogante liderado por el hoy revalorizado Presidente Piñera: una vocación social creíble. Un compromiso sustantivo con la visión de un país de clase media. Una visión constructiva y comprometida respecto del Estado de Chile como herramienta de desarrollo económico y social. Eso que Lavín, en su última aventura política, llamó "socialdemocracia" a falta de un concepto mejor, pero no es eso. Pensar seriamente de lo que realmente se trata es parte del desafío pendiente. Autor: Por Pablo Ortuzar.