Autor: Bernardo Donoso Riveros Profesor emérito PUCV
El horror, el terror y la esperanza
Stas últimas dos semanas, ante nuestros ojos ha pasadoel horror, día tras día, noche tras noche, en una tierra que parecía lejana y que hoy es tan cercana para tantas personas que solidariamente se hacen preguntas fundamentales, mientras algunas secan sus lágrimas.
La demolición de la casa, sede de la familia; del hospital que cuida la salud y las heridas; de los puentes y caminos que permiten el encuentro de las personas; de los lugares donde se ejercen los oficios y se hace nacer el alimento para la vida; de las obras que dan la energía que entregan luz y el calor; de las fuentes que traen el agua esencial. Así hemos visto en las imágenes caer aquello que es fundamental y que ese pueblo está perdiendo. Nosotros mismos necesitamos aquello para vivir y hay ocasiones en que no lo valoramos en su dimensión, simplemente porque lo tenemos. Detrás del horror crece el miedo y el terror.
El espíritu humano es tocado, ya no se trata de lo material esencial, sino que del corazón, de la mente, de la existencia, de la incertidumbre total, de la huida hacia un minuto de paz y seguridad. Cuánto debe haber de repetición, una vez más en la historia, si se compara con los años cuarenta en Europa y las largas secuelas en los decenios siguientes. La destrucción de un hospital, de una maternidad donde están los más pequeños y las madres que dan la vida aparece como un triste símbolo de la humanidad.
El terror que se expresa en los millones que cruzan senderos para llegar al lugar donde habrá samaritanos con sus brazos extendidos. ¿ Quién iba a imaginar que la peste que ha tenido al mundo en riesgo tan radical sería, antes de ser parte natural de nuestro devenir, seguida de una tragedia como la que observamos, con grados diversos de sentimiento y, también, de diversidad de interpretaciones? La otra guerra, la comunicacional, que es una parte de la misma guerra, ha tocado nuestros sentidos. Los analistas saben que hay otros misiles: la mentira, la distorsión, la torcida razón. Así enfrentamos la demolición y la sangre, acompañada de voces y escritos que niegan la realidad. Dicen que siempre ha sido así. Sin y embargo, es importante nuestro espíritu crítico en la observación y la lectura de lo disponible para tener defensa frente a la distorsión comunicacional. No es ajeno lo que sucede, es una tragedia en que la historia dejará constancia para entendimiento de las generaciones futuras. Debemos disponernos a ser activos en la comprensión, a aceptar lo que nuestros ojos muestran, aunque algunos quieran hacernos creer que la realidad no es tal. Es esperanzador observar el coraje de, muchas mujeres y hombres periodistas que entregado ante nosotros lo que está sucediendo. Muchos compatriotas han llegado al lugar mismo. Exponiendo sus vidas, allí han estado bajo las balas y las bombas cubriendo las circunstancias. Hay en ellas y ellos una vocación quese prueba aquí. Más aún, en mi opinión personal, hay una constatación de ética de la profesión, siguiendo las reglas en busca de la verdad. Es difícil no asociar estas afirmaciones con la definitiva importancia de la libertad de expresión; sin ella no sería posible acercarnos a la verdad y la paz.
“¿Quién iba a imaginar que la peste que ha tenido al mundo en riesgo tan radical sería, antes de ser parte natural de nuestro devenir, seguida de una tragedia como la que observamos, con grados diversos de sentimiento y, también, de diversidad de interpretaciones?”.