Columnas de Opinión: Orden como capital político
Columnas de Opinión: Orden como capital político 1 próximo 11 de marzo, José Antonio Kast asumirá la Presidencia en un escenario político que no se parece E a nada de lo que hemos visto desde la vuelta a la democracia.
Los datos del estudio CNEP, aplicado por LEAS-UAI antes de la primera vuelta y después de la segunda, muestran que Chile llega a este cambio de mando con dos rasgos estructurales que marcarán el destino del nuevo gobierno: una creciente demanda de orden y una polarización persistente. El dato más elocuente es la centralidad del liderazgo fuerte. Entre los votantes de Kast, el porcentaje que considera "muy importante" contar con un líder fuerte para que exista democracia aumentó de 58% antes de la elección a 69% después del triunfo. Es decir, la victoria no sólo consolidó una opción electoral; reforzó una concepción de democracia, donde el orden, la autoridad y la conducción firme ocupan un lugar central. Ese mandato de orden se instala en un país altamente polarizado. Antes de la primera vuelta presidencial, el índice de polarización afectiva alcanzó 6,34 en una escala de 1 a 10, el nivel más alto de las mediciones recientes, y no se disipó tras el balotaje. Algo similar ocurrió con la polarización ideológica. Estos datos son cruciales: Kast no asume en un país que "se acercó" tras la elección, sino en uno donde las distancias emocionales y programáticas entre bloques siguen siendo amplias. En ese contexto, cualquier agenda de seguridad corre el riesgo de volverse identitaria y, por lo mismo, más difícil de sostener políticamente.
Al mismo tiempo, el triunfo reforzó la legitimidad democrática entre sus adherentes: el apoyo a la frase "la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno" subió de 47 a 56% y la percepción de que las elecciones fueron completamente libres e imparciales aumentó de 27 a 50% en ese mismo electorado. Así, el orden no aparece como alternativa a la democracia, sino como su expresión eficaz. La centralidad del orden en la política chilena no es nueva. Bien lo sabían los gestores de la campaña del No en 1988, quienes, a través de estudios de opinión pública, entendieron que la percepción de descontrol les podía costar la elección. Con el paso del tiempo, esa sensibilidad transversal hacia el orden se fue debilitando. Hoy, en cambio, la promesa de orden y seguridad se ha convertido en el eje dominante de la derecha. Aquí se juega el futuro del nuevo gobierno. El orden es hoy su principal capital político. Pero es un capital condicional. Si la criminalidad no disminuye o la percepción de descontrol persiste, ese activo puede erosionarse con rapidez.
En un país polarizado, la autoridad no se consolida por proclamación, sino por resultados. "El orden es el principal capital político del nuevo gobierno, pero si la percepción de descontrol persiste, ese activo puede erosionarse con rapidez". Andrés Scherman Director Magister en Comunicación Política UAI Ricardo González Director Laboratorio de Encuestas y Análisis Social LEAS -UAI.. "El orden es el principal capital político del nuevo gobierno, pero si la percepción de descontrol persiste, ese activo puede erosionarse con rapidez". Andrés Scherman Director Magister en Comunicación Política UAI Ricardo González Director Laboratorio de Encuestas y Análisis Social LEAS -UAI.