Autor: PFA
Escritor y persona entrañable
Escritor y persona entrañable ARTURO FONTAINE* Primera dificultad: las novelas de Alfredo Bryce Echenique están llenas de humor y escribir sobre el humor sin humor resulta insoportablemente aburrido. Segunda dificultad: me han entretenido tanto las novelas de Bryce que mi capacidad de alerta crítica, por así decir, se ha embotado. Lo que me gustaría decir de ellas es que me gustan y que me gustan porque sí. Como me gusta cuando me gusta una mujer, sin por qué. Me gustaría quedar hoy aquí, no decir nada más por temor a estropear su encanto. Pero no. Obviamente quedar aquí no es escribir el artículo mercurial que espera el editor de Artes y Letras. Los lectores sospechan que sus novelas son autobiográficas. No solo lo sospechan, lo desean. Los lectores queremos que Alfredo se parezca a sus personajes y casi lo forzamos a que se parezca a ellos. Desde que escribiera esa obra maestra de nuestra lengua que es “Un mundo para Julius”, Bryce se ha inventado a sí mismo una y otra vez en la escritura. Bryce escribe para respirar y escribe como quien respira. Se siente en su fraseo que trascurre en una conversación larga y relajada. No hay prisa. Al contrario, más bien hay que sujetar los momentos y estirarlos para poder meterse bien adentro de ellos. El narrador se desplaza libre y fluidamente del “yo” al “él” y va incorporando al pasar trozos del habla ajena, esas palabras en las que han quedado las huellas digitales de los demás. Lo que sujeta los ojos a la página no es la acción, sino el humor fino e inteligente. Su escritura tiene ángel. El “yo” de sus protagonistas se construye desde el humor.
En un ensayo en la revista “Estudios Públicos”, Bryce sostuvo que la ironía “es el sentimiento de lo contrario”, que se transforma en su opuesto “siguiendo paso a paso ese sentimiento como la sombra sigue al cuerpo... Como lo hiciera por primera vez el gran Cervantes... ”. Lo cómico es una dimensión irreductible a otras. Aparece en cualquier momento, incluso en los más solemnes, como un duende no invitado. En las páginas de Bryce a cada rato nos sorprenden estos duendes. Lo cómico supone una incongruencia. Digo esto y pienso en Julius, en Pedro, en Martín, en Manongo... Somos y no somos lo que somos. Somos y no somos lo que queremos ser. La desestabilización en el mundo de Bryce es total. Por eso Martín Romaña no logrará escribir la novela de los sindicatos pesqueros.
Pese a que quiere hacerlo y ese querer se encarna en su amor a Inés, quien no tiene mucho humor, y pasó “del catolicismo más militante al marxismo más pío”. El humor brota de las palabras mismas. En la tragedia el personaje está atrapado. El humor, en cambio, permite que el personaje se salga de la situación. Y ese salvataje se expresa como carcajada o como sonrisa. Por ejemplo, Martín Romaña cuando se está ahogando cerca del yate donde está su familia, sonríe y disimula. “Aparecía y desaparecía... Desaparecía con lágrimas en los ojos... pero siempre preparando la sonrisita para la próxima aparición. Y por más que me decía, ya grita pues huevón, nada. Mi carácter se negaba a asustarlos y causarles problemas a la hora del almuerzo en el yate”. Por supuesto, a Martín lo rescatan con sogas, ya casi azul y botando agua por todas partes.
“Nuestra relación”, cuenta Martín hablando de Inés, “siempre estuvo basada en los defectos míos que Inés corregía siempre, y en los defectos míos que Inés perdonaba, siempre que resultaran incorregibles”. ¿Qué queda en pie en este mundo puesto en duda? Los afectos. Algo como instalar sillas en el vacío y ponerse a conversar y poder, así, estar acompañados. El humor de Bryce arranca de un fondo de melancolía. Ha atravesado la noche oscura y brota, al fin, con ternura y un quizás qué de redentor. “Pero, en fin, siempre es demasiado tarde algún día”... Terminar una novela de Bryce es despertar de un sueño que uno no quiere que termine, pero del que se vuelve con ganas de vivir. Post scriptum: Conversé por WhatsApp con Alfredo el pasado viernes 6. Si hay una palabra inventada para él, para su escritura y su persona, es “entrañable”. Estaba muy alegre, recién de vuelta de la clínica. Nos reímos como siempre. Le pregunté de qué color era el vestido de Cecilia, su mujer, cuando ella tenía catorce años y él la vio la primera vez. Me había contado esa historia hacía unos meses. “¡Amarillo! ”, me dijo con pasión. Y su entusiasta carcajada fue lo último que le oí. 0 *Su última novela es “Y entonces Teresa” (Catalonia) Autor: PFA. ALFREDO BRYCE ECHENIQUE Bryce Echenique falleció el martes a los 87 años.