Autor: Carlos Williamson B.
Columnas de Opinión: Un país que no se siente bien
Columnas de Opinión: Un país que no se siente bien C hile ha caído al lugar 50 en el World Happiness Report. No hace mucho años estaba en el lugar 25. No es un detalle estadístico: es una señal. Y, sobre todo, una incómoda pregunta. ¿ Cómo puede un país que ha progresado en tantas dimensiones retroceder en el ánimo colectivo? La explicación rápida sería culpar solo al estancamiento económico o a la inseguridad. Pero eso es solo parte de la historia. Chile no es hoy un país materialmente más pobre que hace una década. El acceso a bienes, servicios y oportunida des ha mejorado. Sin embargo, la percepción de bienestar ha caído de forma sostenida. El problema no está solo en lo que tenemos, sino en cómo vivimos. La Encuesta Bicentenario UC lo muestra con claridad. Mientras aumenta el optimismo sobre el futuro una mayoría cree que Chile puede llegar a ser desarrollado-, se deteriora la experiencia cotidiana: más soledad, más desconfianza, más percepción de conflicto. Es decir, el país proyecta esperanza, pero muchas personas viven una sensación de malestar. La cifra más elocuente no es económica, sino emocional: casi la mitad de los chilenos declara haberse sentido solo recientemente, y entre los jóvenes esa proporción es aún mayor. No se trata solo de ingreso, sino de vínculos. A esto se suma una sociedad que se percibe a sí misma como fragmentada. La mayoría cree que existen altos niveles de conflicto entre grupos, lo que erosiona la confianza y debilita la cohesión social. En un contexto así, incluso los avances materiales pierden valor subjetivo. No basta con progresar si se vive en un entorno que se percibe como hostil o injusto. Chile enfrenta así una paradoja: es más desarrollado que antes, pero se siente peor. Y eso revela un error de diagnóstico que ha marcado la discusión pública en los últimos años. Se asumió que el desarrollo era, ante todo, un problema de recursos. Hoy es evidente que también es un problema de relaciones: de confianza, de comunidad, de sentido de pertenencia. Ignorar esta señal sería persistir en una idea incompleta de desarrollo. Porque un país puede crecer, modernizarse e incluso volverse más próspero. Pero si al mismo tiempo se fragmenta, se aísla y pierde confianza en sí mismo, ese progreso deja de ser vivido como tal. Y cuando eso ocurre, el problema ya no es económico. Es, directamente, humano. Autor: Carlos Williamson B..