Cartas: Cuando la influencia se vuelve espectáculo
Cartas: Cuando la influencia se vuelve espectáculo Señora Directora: La escena es tan simple como inquietante: un influencer convoca a sus seguidores a un centro comercial en Santiago y lanza 700 mil pesos al aire desde un segundo piso. En pocos minutos, el lugar se transforma en un espacio de caos, aglomeraciones, gritos, empujones y desconcierto. Lo que comenzó como una acción para generar contenido termina convirtiéndose en un problema de seguridad, comercio afectado y autoridades evaluando acciones legales. Más allá de la anécdota, el episodio abre una discusión necesaria sobre el rol de los influencers en la sociedad actual y sobre el tipo de cultura digital que estamos construyendo. Hoy los influencers no son solo creadores de contenido. Son actores culturales, líderes de opinión, amplificadores de marcas y generadores de comportamientos sociales. Lo que hacen, dicen y promueven tiene impacto real en la forma en que las personas consumen, se relacionan, comprenden el éxito e incluso entienden el valor del dinero, la fama y la visibilidad. Influir no es solo entretener. Influir es movilizar conductas, generar expectativas, convocar personas y, en muchos casos, alterar el comportamiento colectivo. Pero la responsabilidad no recae solo en los influencers. También están las marcas que muchas veces financian contenido sin evaluar sus riesgos, las plataformas que premian la viralidad por sobre la ética y las audiencias que consumen y comparten sin cuestionar. La cultura digital actual premia el ruido, no la reflexión; la reacción, no la planificación; el impacto, no el propósito. El desafío no es eliminar a los influencers ni limitar la creatividad. El desafío es construir una ética de la influencia. Yusef Hadi Manríquez/ Director de carrera de Publicidad Unab.