Cosas de la Sangre: baleo en Plaza Colón Antofagasta
Cosas de la Sangre: baleo en Plaza Colón Antofagasta a Plaza Colón de Antofasasta creció encima de sangre obrera punto en la mañana del 14de febrero de 1879 un fusil secreteó a los árboles un recado.
Y las balas, en 1906, enseñaron a sus escasos pájaros, un idioma que ninguno se atrevió a repetir: 3000 obreros en huelga se hallaron con que la mejor palabra no que crepitaba en los códigos, sino que en la carabina. Los obreros del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia pretendían conseguir media diaria más de descanso para almorzar. Les era negada. El 6 de febrero, un martes que aún pone vergüenza en los calendarios, se declaró la huelga general. Los obreros de la Compañía de Salitres, de los Muelles Lhin & Cía, y Barnett & Cía, y de la Fábrica y Fundición Orchard, vincularon su ardor de la justicia de la causa.
Frente a don Daniel Santelices, el Intendente de la Provincia, se alzaba el desborde humano de Alejandro Escobar y Carvallo, poeta que, con Policarpo Solís Rojas, editó en 1904, un tomo de "Poesías Ácratas", verdadera antología de puños crispados donde arrojaron su grito fraterno Luis Emilio Recabarren y Magno Espinoza, Marcial Cabrera Guerra, el gran radical, y Luis Olea quien, dos años después probó que la poesía ennoblece sus cauces cuando se carga de semillas humanas: en "El Cantor del Pueblo", de Coquimbo, publicó "Hojas de Laurel", que le cruzó 14 caminos de odio al rostro de Roberto Silva Renard, el protagonista fatídico de la indeleble deshonra del gobierno de don Pedro Montt: la matanza de la "Escuela Santa María de Iquique", en 1907. "Amparado en la Carta Nacional/se creyó con derecho el pobre roto/ Para unirse en legión y poner coto/al abuso sin ley del capital. .. y enél enjambre creciente y colosal/ el Desierto cruzó con alboroto/ reclamando más pan y más poroto/como ley de equidad y orden social. .. Y tú, ¡Gran capitán! En tu estulticia/ defendiste al becerro en tu batalla/ y colmaste de Gloria tu milicia/resolviendo con sangre y con metralla/ la Razón, el Derecho y la Justicia/ al reclamo que hacía la canalla/" Escobar, Secretario del Comité Huelguista, condujo la reunión pública que repletó la Plaza Colón. Ahí, las palabras del anarquista Luis González y las vivaces de Recabarren fortificaron el templo de los huelguistas.
Hacia las 7:10, el cielo de Antofagasta fue incendiado por un infame baleo de 3 minutos: los comerciantes bajaron los ojos de Cristo en la iglesia cambiando su gesto meloso por el ceño de las armas. Surgió una "Guardia de Orden" qué, unida a los marinos del "Blanco Encalada", permitió a la muerte devorar, tranquilamente, un espléndido racimo de corazones.
La lucha social gravó al mundo con un aroma acre, de sustancias que volverían piedra a Los Ángeles y que serán, sin embargo, las que dorarán el trigo feliz de una época en que los museos guardarán, como algo cruel, cobarde y lejano, una palabra. Una sola: ! Hambre! "El Pan arde en una mesa con cuatro patas de oro". 03. Andrés Sabella. Norte Grande, (1944) paginas 164 al 166 Linterna de Papel