Autor: Luis Fernando González V. Sub Director
Editorial: CUANDO LA REGIÓN NO APARECE EN EL MAPA DEL DISCURSO
Editorial: CUANDO LA REGIÓN NO APARECE EN EL MAPA DEL DISCURSO EDITORIAL a primera Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast dejó varias definiciones políticas, económicas y comunicacionales. Hubo anuncios en seguridad, empleo, salud, educación, inversión, vivienda e infraestructura. Hubo también una narrativa clara: la idea de que Chile atraviesa una emergencia, pero que desde esa L emergencia puede levantarse. El concepto fue repetido varias veces y terminó transformándose en el eje emocional del discurso. Sin embargo, para quienes observamos el país desde regiones, hubo una ausencia difícil de ignorar. La Región de O'Higgins simplemente no apareció. Y no se trata de una cuestión de orgullo localista ni de reclamar una mención simbólica. El problema es más profundo.
En un discurso de más de dos horas, donde se habló de reconstrucción nacional, desarrollo económico, infraestructura, agricultura, deporte, vivienda y descentralización de inversiones, no existió una referencia concreta a una región que históricamente ha sido uno de los motores productivos del país. La omisión adquiere todavía más relevancia porque O'Higgins representa buena parte de aquello que el propio Gobierno identifica como prioritario: agricultura, minería, exportaciones, logística, desarrollo rural y generación de empleo. Resulta difícil comprender cómo una región que participa de manera tan decisiva en esos sectores quedó completamente fuera de la narrativa presidencial. Pero quizás la principal ausencia no fue regional, sino conceptual. Más allá de algunos anuncios sectoriales distribuidos en distintas zonas del país, la Cuenta Pública tampoco dejó señales claras respecto del fortalecimiento de los gobiernos regionales o de una profundización del proceso de descentralización. La palabra regionalización prácticamente desapareció del debate político, y esta intervención presidencial pareció confirmar esa tendencia. Chile sigue funcionando bajo una lógica profundamente centralista. Las grandes decisiones continúan tomándose en Santiago, los recursos siguen concentrándose en el nivel central y las regiones permanecemos, muchas veces, como simples receptoras de políticas diseñadas desde la capital. Resulta llamativo porque el propio discurso puso un fuerte énfasis en la necesidad de destrabar inversiones, agilizar proyectos y reducir burocracia. Sin embargo, poco se dijo sobre entregar mayores atribuciones a las regiones para impulsar por sí mismas esos procesos. Durante décadas, distintos gobiernos han prometido descentralización. Sin embargo, cada nueva Cuenta Pública parece confirmar que seguimos mirando el país desde el mismo balcón. Y cuando las regiones no encuentran espacio en el relato presidencial, lo que se instala no es solo una omisión discursiva. Se instala la sensación de que, una vez más, el desarrollo regional continúa esperando turno en la fila de las prioridades nacionales. Esa es una deuda que ningún gobierno debiera permitirse seguir postergando. Porque el crecimiento de Chile difícilmente podrá ser completo mientras sus regiones sigamos apareciendo únicamente en las estadísticas y no en las decisiones. Autor: Luis Fernando González V. Sub Director.