LA REDENCIÓN de un liceo a prueba de todo
LA REDENCIÓN de un liceo a prueba de todo AVLISLEUNAM AREVOINOTNAÉSOJAZELITNEG José Antonio Vera, de 46 años, está de pie en un paradero. Son las 8:15 de la mañana del jueves 18 de marzo y llueve intensamente en Lota. Viste un abrigo que tapa su chaqueta azul marino, corbata negra y camisa celeste.
Él es el director del Liceo Comercial Presidente Frei Montalva y espera a que sus alumnos lleguen en micro desde sus casas a la parada de bus más cercana al liceo, para caminar juntos a clases cada mañana. ¿El motivo? El liceo se encuentra cerca de uno de los barrios más vulnerables y peligrosos de Lota: “Pueblo Hundido”. Alrededor de las 8:20, comienzan a bajar por la calle hacia el liceo. Él va al final del grupo, siempre detrás del último estudiante que llega. Dice que es una muestra de que los alumnos son lo más importante, para dar una señal de seguridad y confianza. Los apoderados tenían susto de dejar a sus hijos acá, porque el barrio es peligroso. Ir a esperarlos es un mínimo gesto. José Antonio Vera tenía un sueño: ser profesor. Según él, ese sueño comenzó cuando entró a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad del Bío-Bío. Luego de ser ayudante en un par de ramos de la carrera y hacer clases de epidemiología en la Universidad San Sebastián, entró de lleno al mundo de la educación. El año 2007 ingresó como profesor técnico profesional al Liceo de la Madera en Coronel, específicamente en el área maderera y de administración. Su primer día lo recuerda como si fuera hoy. Le dijeron que el primer curso al que entraría era desafiante, y así lo confirmó a minutos de entrar. Un estudiante se puso de pie y le dijo que tenía que salir de la sala. En la mano, tenía una citación al juzgado por robo con intimidación. Trabajó once años y se dio cuenta de que necesitaba un desafío más grande. El año 2018, José Antonio recurrió al alcalde de Lota para buscar un trabajo en el área de la educación. Después de un año siendo director subrogante en otro liceo de Lota, se abrieron los concursos públicos para la dirección de liceos técnico-profesionales. Postuló y quedó seleccionado en dos liceos. Uno de estos era el Liceo Comercial Presidente Frei Montalva, que en ese momento contaba con cerca de 80 estudiantes matriculados y un pasado lleno de intervenciones por parte de organismos educacionales. Sin duda era un desafío que, según él, valía la pena tomar. El 24 de septiembre de 2019, José Antonio Vera asumió la dirección. Según cree él, los profesores se veían esperanzados y recuerda que fue un día alegre. Pero el liceo, para ese entonces, era “un desastre”. Según dice, alrededor de 50 estudiantes consumían y vendían drogas dentro del establecimiento. Cuenta que, a fines de ese año, El Liceo Comercial Presidente Frei Montalva se ubica en uno de los barrios más peligrosos de Lota. En 2019 contaban con solo 73 alumnos. Cerca de 50 de ellos consumían y vendían droga, y delinquían en los alrededores.
Hoy, seis años después, el liceo cuenta con 290 estudiantes, una lista de espera para matricularse, y un modelo socioafectivo que enseña a los jóvenes el buen trato. ¿Qué cambió? ¿ Quién está detrás? POR MANUEL SILVA SEGOVIA vio entrar a un estudiante que debía una prueba atrasada, y que rápidamente se desplomó. Cayó al piso, luego de haber consumido drogas dentro del liceo. También recuerda una cifra no confirmada sobre las peleas y conflictos al interior del liceo: al menos una pelea violenta a la semana. Cuenta que cuando hablaba de eso con las inspectoras de pasillo era algo normal. Además del mal ambiente que se respiraba, el establecimiento contaba con una infraestructura deficiente, con agujeros en las paredes y salas no aptas para el desarrollo natural de una clase. José Antonio sabía que tenía mucho trabajo que hacer. Ese año, la matrícula del liceo descendió a un número nunca antes visto: solo 73 estudiantes a inicios de 2020. El 2020, con la pandemia, todo empezó a ser remoto. Los alumnos se conectaban a clases vía Meet desde sus casas, a través de sus teléfonos. José Antonio dice que se puso en contacto con “varias empresas” para llevarles a los estudiantes, que no tenían conectividad, celulares aptos para las clases. Dice que también se les entregaron chips con internet financiados por el mismo liceo para que pudieran conectarse sin problema. Durante ese tiempo, el director aprovechó de diseñar nuevas estrategias para los próximos años. Se instalaron cámaras robóticas en el liceo.
Con esto podían monitorear a los alumnos en el caso de la venta y consumo de drogas, en peleas entre estudiantes y también algo que, según dice, era común controlar cuando los alumnos se iban del liceo sin autorización, tanto por las puertas de acceso como por las rejas. El lugar de escape, por lo general, era Playa Blanca, que está a los pies del establecimiento. Otra propuesta del director, llevada a cabo rápidamente, fue la pintura al interior del liceo, que cambió de un verde pistacho a blanco. Con esto, también ayudó al mejoramiento de la infraestructura, dejando murallas mantenidas y con menos agujeros, baños en buen estado y salas de clases aptas, incluso con proyectores. José Antonio veía con otros ojos el liceo, y los profesores empezaron a creer en su idea. El año 2021 fue electo el nuevo alcalde de Lota, Patricio Marchant. Según José Antonio, en las primeras reuniones con él, vivió un momento incómodo.
“Estábamos todos los directores y preguntó al aire: ¿ Dónde está el director del Comercial?, yo levanté la mano, y me dijo directamente: Tienes dos opciones, o te va bien, que es lo menos probable, o te cerramos el liceo”. Esto, para José Antonio y el liceo, sirvió como un desafío extra. Con un establecimiento mejorado físicamente y un sistema estricto de monitoreo, el año 2021iniciaba con 92 matriculados. Su siguiente reto era cambiar la dinámica escolar. Le dije al alcalde que si cierran el liceo, todos se lo van a esperar. Pero ¿ qué pasa si lo salvo? Cuando volvieron a clases los estudiantes en 2022, hubo un gran cambio asegura José Antonio Vera. Ya para la vuelta a la presencialidad de manera definitiva, los alumnos llegaron a un liceo materialmente renovado.
Luego de dos años turbulentos de cambios y reestructuración, José Antonio y su equipo directivo empezaron un proceso de reclutamiento de estudiantes poco habitual: “Nos empezamos a meter a las reuniones de apoderados de las escuelas privadas contando sobre nuestro liceo, para subir la matrícula”. Además, invitaron en repetidas ocasiones a desayunos dentro del liceo, para que conozcan el entorno y a los estudiantes. Su discurso fue, según dice, de sinceridad. “Prometí cuidar y proteger a los chiquillos, para que los apoderados se sintieran tranquilos y los niños también”, cuenta el director. Según dice, en principio, no funcionó. Pero pasaron los días, y ocurrió un “milagro”. Algo que para José Antonio lo cambió todo. De la nada, un apoderado de un niño del Colegio Getsemaní de Lota nos dijo que le gustaba el proyecto. El niño tenía promedio 7.0 y era alguien ejemplar. El día en el que entró el alumno, le seguía una larga fila de apoderados con sus hijos detrás. Eran 17 que querían matricularse y todos del Colegio Getsemaní. Además, 15 alumnos más se sumaron de otros liceos. El año escolar del liceo arrancaría con 117 alumnos matriculados. AVLISLEUNAM AREVOINOTNAÉSOJAZELITNEG Con esto, José Antonio tuvo la idea clave de todo su proyecto: establecer un sello de socioafectividad en el liceo y cambiar la manera del trato entre profesores y estudiantes. Con esto, y según explica José Antonio, quería instaurar en los profesores que lo más importante eran los alumnos.
Su principal objetivo era tratar bien a los estudiantes y no solo como un “número”. Para nosotros es importante saber de dónde son, qué hacen ellos y sus padres, qué les gusta y también qué sufren. Con eso, estábamos seguros de que llegaríamos a sus corazones. Pero esto no fue bien recibido de inmediato. Muchos profesores antiguos del liceo no entendían, e incluso, lo cuestionaron. Pero, con el tiempo, los estudiantes empezaron a mostrar conductas acorde al sello propuesto por José Antonio. De pronto, les contaban sus problemas a los profesores, y las relaciones entre ellos eran de cariño y confianza. El primer recreo es a las 9:45. José Antonio dice que desde que instauraron este sello siempre sale a los recreos para jugar y compartir con sus alumnos.
Dice que deja una pelota de fútbol en la puerta de su oficina, y los estudiantes la ocupan para jugar en la cancha de cemento, con vista al mar de un lado, y del otro, una toma, en la cual viven varios niños del liceo. Pero, además de la simpatía, los profesores fueron más estrictos. Sabían que un ambiente de confianza podría ser algo arriesgado, y más aún por la vida de los estudiantes fuera del colegio. José Antonio dice que, desde que entró hasta ese año, las peleas cesaron. Pero aun así hay casos particulares de alumnos que pueden perjudicar el presente de compañeros. Comenta que los apoderados del colegio están de acuerdo y autorizan la revisión de mochilas al interior del liceo, pero esto está prohibido bajo el dictamen número 65 de la Superintendencia de Educación.
De hecho, esta semana, la ministra de Educación, María Paz Arzola, adelantó el proceso de proyecto de ley que permite la revisión de mochilas de manera oficial por parte de los profesores y directivos escolares, producto de los últimos casos de violencia dentro de los colegios. La solución jamás será poner detector de metales en los colegios, sino mejorar las leyes confiesa José Antonio. Pero aún le faltaba otra decisión poco habitual: ir a buscar a sus alumnos al paradero de bus más cercano al liceo todas las mañanas. Él los espera desde las 7:45 hasta las 8:20. Un día, le sacaron una foto. Una mujer lo vio parado esperando a sus alumnos y no tardó en fotografiarlo. Según José Antonio, es “una vecina que toma el bus en el mismo paradero. Me tomó desprevenido”, explica. Prontamente, José Antonio se habría vuelto viral en la zona, conocido como un director “distinto”. También se abrieron talleres deportivos en el liceo. Deportes como el fútbol, básquetbol, ajedrez, defensa personal y surf empezarían a ser practicados rápidamente. Franco Rojas es el profesor de básquetbol en el liceo. Tiene 33 años, es psicólogo de profesión y tiene un posgrado en neurociencia en la Universidad Autónoma de Chile y en la Universidad de Oviedo de España. Lo que encontró Franco fue algo muy inusual: ningún estudiante sabía jugar básquetbol. Pero el taller no solo es deportivo, de hecho lo que más enseñó fue disciplina. “El primer año no jugamos ningún partido, solo teoría y aprendizaje. Si ellos tenían malas notas o mala conducta, no podían pertenecer al equipo. Si la cancha estaba mojada o llovía, el taller se convertía en uno de estudio”, afirma. Recién en 2023, tanto los hombres como las mujeres, jugaron su primer partido oficial: los hombres perdieron contra el Liceo Thompson de Lota, pero las mujeres triunfaron. Y así, con el pasar de los primeros años, las calificaciones de los estudiantes mejoraron, y junto con ello, aprendieron a jugar el deporte. El resultado de ese aprendizaje, llevó al equipo femenino a ser primer lugar zonal, primer lugar comunal, tercer lugar provincial y cuarto lugar de la región. El año 2024 fue un año especial para el liceo. El modelo socioafectivo estaba dando frutos en el trato con los estudiantes. Marjorie Pino es educadora diferencial del liceo. Ella trabaja desde 2015 en el establecimiento y dice que la llegada del director en 2019 fue un salvavidas de seguridad para todos. Los apoderados empezaron a tenerle confianza al liceo y al director, porque decían que era un liceo seguro. Con la llegada de José Antonio, todo cambió. En ese año, el liceo entraría al SLEP Andalien Costa. Con esto, iban a poder ser medidos frente a todos los liceos de Lota. El Simce del 2024 fue un logro, ya que luego de cuatro años de cambios vieron algo histórico en los Indicadores de Desarrollo Personal y Social. Cerraron el año con un puntaje por sobre los 80 puntos. Se habían convertido en el liceo de Lota con mayor puntaje. Incluso fueron de los mejores en todo el SLEP. En Lenguaje y Matemática, durante años los resultados eran deficientes, pero en 2024 subieron sus puntajes. Con este desempeño, el año 2025 obtuvieron la excelencia académica en un 100%, otorgada por el Sistema Nacional de Evaluación de Desempeño de Excelencia (SNED), por lo que obtienen una subvención mensual por el logro. Hace unas semanas, el liceo recibió los últimos puntajes del Simce del último año. En los Indicadores de Desarrollo Personal y Social se mantienen en el primer lugar de los liceos en Lota con 79 puntos, mientras que en Matemática y Lenguaje ocupan el quinto y primer puesto, respectivamente. El liceo fue mi salvación. José Antonio recuerda el momento en el que entró al liceo. Dice que era un período complicado en el que vivía la separación con su exseñora y también una distancia con su hijo, hoy en tercero medio del liceo. De golpe, recuerda las relaciones con sus estudiantes. En el segundo piso del liceo se ubica el taller de defensa personal. Ahí, cerca de trece estudiantes golpean sacos de boxeo y hacen ejercicios de coordinación junto a una instructora. En medio de un ejercicio, José Antonio llama a uno de los estudiantes. Se asoma, golpea puños con el director y dice: “Este es mi papá poh”. Recuerda una conversación que tuvo con él por WhatsApp, cerrando el año escolar 2025. Un extracto de mensaje lo sigue conmoviendo hasta el día de hoy. Quería darle las gracias por estar siempre para mí este año. Aunque fue un año marcado de errores y aprendizajes, usted siempre estuvo ahí para mí, aunque lo haya decepcionado. Usted es como un padre para mí. Al frente de su escritorio, una televisión muestra las cámaras y su transmisión en vivo de todo el liceo y sus alrededores.
Hoy, y luego de seis años, solo han tenido una pelea, ocurrida a fines de 2025 entre dos niñas: “Es una estadística que me duele, porque íbamos en racha, pero bajamos considerablemente la cifra”. Con su sello y el éxito de aquello, solo ha tenido que expulsar a un estudiante. Mientras ve todo lo que cosechó, recuerda un tema que lo inquieta.
El SLEP Andalien Costa, que lleva los establecimientos de Coronel, San Pedro, Santa Juana y Lota, realizará el concurso de directores para liceos municipales, que se hacen cada cinco años, y en agosto darán a conocer los resultados. Según José Antonio, hasta el momento hay 38 postulantes para director de su liceo, y cree que pueden llegar a ser hasta 200 postulantes. Cree, objetivamente, que él debería seguir en el puesto, pero también sabe que no puede “cometer errores”. Sabe que el SLEP decide. Si me toca irme, me iría con la frente en alto, orgulloso de todo lo que he logrado. Yo creo y siento que debería seguir. Me dolería mucho irme, porque me encantaría estar para cuando mi hijo se gradúe. “Los apoderados tenían susto de dejar a sus hijos acá, porque el barrio es peligroso. Ir a esperarlos es un mínimo gesto”.. “Los apoderados tenían susto de dejar a sus hijos acá, porque el barrio es peligroso. Ir a esperarlos es un mínimo gesto”. En 2024, se convirtieron en el liceo de Lota con mayor puntaje en los Indicadores de Desarrollo Personal y Social.