“Encontramos que un gran porcentaje de los profesores universitarios aún no han usado IA en absoluto”
“Encontramos que un gran porcentaje de los profesores universitarios aún no han usado IA en absoluto” M. CORDANO H ace 50 años, innovaciones como la calculadora (en los años 70) o los paquetes de software analíticos (que en los 80 se comenzaron a usar para interpretar datos) significaron un cambio. “Fue uno importante, pero que afectó a disciplinas concretas como las matemáticas o la física.
Hoy no podemos decir lo mismo: esta es la primera vez que tenemos algo que es un disruptor para todas las disciplinas al mismo tiempo”, explica, a propósito del auge de la inteligencia artificial, Edward Watson.
Especialista en IA aplicada a la educación superior, el investigador es vicepresidente de Innovación Digital de la American Association of Colleges and Universities AACU, así como coautor del libro “Enseñanza con IA: Una guía práctica para una nueva era del aprendizaje humano”. A principios de año, la revista EdTech lo nombró como un influencer a seguir durante 2026. De visita en Chile como parte de la inauguración del año académico de la U. Santo Tomás, Watson explica a “El Mercurio” que ni la llegada de internet se compara al cambio que ha significado la democratización de la IA generativa en este último tiempo. “Creo que es algo más profundo, porque con internet hubo un desarrollo lento. La primera página web emergió en 1991 y los primeros cursos en línea, a mediados o fines de los 90. Lo que experimentamos ahora (con la IA) impacta a todos los campos y las herramientas ya están plenamente desarrolladas; no estamos teniendo la oportunidad de aprenderlas a medida que se elaboran.
Ya se usan ampliamente en el mundo laboral, es algo que ocurrió de la noche a la mañana”. Si bien este “nuevo mundo” es “similar a internet en cuanto a acceso a la información, cuando la web surgió la información todavía era escasa, pero confiable. Había ciertos procesos editoriales. Ahora la información está en todas partes y es mucho menos creíble.
Si se trata de IA, debemos desconfiar de la información que nos proporciona y hacer nuestra debida diligencia para verificar respuestas”. Desafío curricular Parte importante de educar en torno a la IA pasa por la sala de clases, advierte Watson. “Hay una serie de cosas que se deberían estar enseñando y que todos deberíamos practicar.
Una es discutir cómo la abordamos: ¿ vamos a permitir que haga las cosas por nosotros?, ¿o junto a nosotros, siempre supervisando y revisando eso que entrega? No copiar, pegar y avanzar es una disposición respecto a la IA”, dice. Reconocer preocupaciones éticas asociadas y aprender sobre las diferentes herramientas es algo que también debiese ser abordado. “Lo mismo con cómo hacer mejores preguntas para obtener mejores respuestas”, agrega el especialista, quien señala que esta tarea no pasa solo por profesores dedicados a las tecnologías u otras áreas STEM. “Hay académicos que evitan la IA por completo”, dice Watson. “Hace unos cinco meses hicimos una encuesta en Estados Unidos a través de la AACU y encontramos que un gran porcentaje de los profesores universitarios aún no han usado la IA en absoluto. De hecho, parece ser que el porcentaje de profesores que la usan es menor que el de los empleados de cualquier otro campo fuera de la educación superior.
Aquí hay una oportunidad real para que las instituciones ayuden a los docentes a aprender más sobre cómo funciona la IA no solo en sus aulas, sino SNOMMOCEVITAERC / KIPEERF en las áreas donde sus estudiantes trabajarán al graduarse”, explica. “Debemos ayudar a los docentes a entender el panorama actual y a desarrollar un aprendizaje permanente en torno a la IA”, añade. El panorama al que Watson hace referencia es uno en donde de vez en cuando es útil usar estas herramientas, pero en otras ocasiones no. Reflexionar en torno a eso es el desafío, lo que a veces resulta incómodo. “Esta podría ser la primera vez que un aprendizaje entra en conflicto con otras habilidades. Nadie nunca dijo que enseñar a escribir podría dañar las habilidades de pensamiento crítico; son más bien cosas que trabajan juntas. Pero si enseñas a un joven a ser un usuario avanzado de la IA, este luego podría usar esta herramienta en formas que disminuyan el logro de su pensamiento crítico o sus habilidades de escritura.
Eso lo vuelve un desafío curricular complicado”. Asegurar relevancia El especialista insiste en que se debe evaluar cada caso y no prohibir o dar acceso a todo de antemano: “Depende siempre de los objetivos de aprendizaje. Si se está enseñando a escribir (en literatura, por ejemplo), es importante practicar la escritura, por lo que diría que usar la IA es un engaño”, plantea. “Pero existe la noción de aprender a escribir versus la de escribir para aprender, donde a menudo alumnos y profesores usan la escritura como una estrategia para ayudar a aprender sobre algún tema.
En este caso, no sería malo que se use la IA a modo de lluvia de ideas o para auxiliar con la redacción”. Cómo abordar la integridad académica y cuándo algo es hacer trampa (o no) es la mayor pregunta para los profesores hoy, señala, volviendo a la idea de la necesidad de abordar y reflexionar sobre el tema desde las distintas universidades. “Las instituciones mejor posicionadas serán las que comiencen el trabajo hoy, involucrando a los profesores y proporcionándoles deADIDEC sarrollo profesional para que aprendan las habilidades e integren la IA de manera responsable en el currículo. Empezar pronto asegurará su relevancia e incluso su atractivo comercial”, expresa enfático. Y concluye: “Una encuesta en Estados Unidos mostró que la mitad de los estudiantes universitarios consideran que lo más importante que aprenderán en sus casas de estudio es la alfabetización o habilidades en IA.
Aunque puede no ser lo más importante, ellos sí lo creen así, por lo que, cada vez más, seleccionarán los establecimientos que perciben que pueden proporcionarles esas destrezas”. “Animaría a la educación superior a entender que este será un cambio persistente y que, así como ocurrió con la web, no va a desaparecer”, dice el especialista.. N La masificación de la inteligencia artificial ha cambiado al mundo de la enseñanza más que la llegada de internet, plantea. Las casas de estudio enfrentan el reto de adaptarse a un escenario en constante cambio, advierte el especialista. Edward Watson, investigador de EE.UU. : “Animaría a la educación superior a entender que este será un cambio persistente y que, así como ocurrió con la web, no va a desaparecer”, dice el especialista. Edward Watson es coautor del libro “Enseñanza con IA: Una guía práctica para una nueva era del aprendizaje humano”. Fue invitado a Chile por la UST.