Editorial: Optimismo empresarial con cautela
Editorial: Optimismo empresarial con cautela El último Índice de Percepción Empresarial Regional (IPER) correspondiente a diciembre de 2025 entregó una señal clara: el empresariado del Biobío vuelve a mirar el futuro con mayor optimismo. Con 63 puntos, el indicador alcanzó su nivel más alto desde 2011, reflejando un cambio relevante en el clima económico regional tras años marcados por cierres industriales, incertidumbre regulatoria y una desaceleración persistente del empleo.
La medición, que es realizada por la Cámara de la Producción y del Comercio (CPC) Biobío, la consultora EY y la Universidad Andrés Bello, recogió la opinión de 102 empresarios y altos ejecutivos, y sus resultados muestran expectativas positivas para 2026. El 57% de los consultados cree que la inversión aumentará en la región, mientras el 46% proyecta que el empleo también crecerá, cifras que evidencian una recuperación gradual de la confianza empresarial.
Más relevante aún es que el 78% de los encuestados estima que la situación económica regional mejorará, ya sea de manera significativa o moderada, en los próximos cuatro años, lo que sugiere que el optimismo no sólo se limita al corto plazo. Este cambio en las expectativas se explica, en parte, por el contexto político y económico que enfrenta el país. El recambio presidencial y las señales del nuevo gobierno respecto a crecimiento, desarrollo productivo y seguridad han influido en la percepción del sector privado.
Así lo plantean desde la CPC Biobío, ya que estiman que el giro hacia una administración con mayor foco en el crecimiento genera un "salto importante en el nivel de optimismo", especialmente en una región donde sectores estratégicos como el forestal, pesquero y energético son pilares del desarrollo. No obstante, el propio empresariado advierte que este optimismo debe ser prudente. Factores externos, como la volatilidad del escenario internacional, y variables internas, entre los que se cuentan cambios legislativos que afecten la certeza jurídica, podrían incidir en la materialización de estas expectativas. Desde el mundo gremial coinciden en que 2026 podría marcar el inicio de una recuperación, aunque aún con desafíos relevantes.
En el Instituto Regional de Administración de Empresas (Irade) sostienen que el año será probablemente un período de transición hacia una recuperación gradual del empleo y la inversión, impulsada por una cartera de proyectos en evaluación, especialmente vinculados a infraestructura energética, nuevas líneas de transmisión y el desarrollo de energías renovables, claves para mejorar la competitividad regional. La construcción, en cambio, observa el panorama con mayor cautela. El informe de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) Concepción proyecta un crecimiento de apenas 0,6% real en la inversión del sector durante 2026, lo que implica prácticamente un estancamiento.
Según el estudio, la inversión total alcanzaría 31,7 millones de UF, con caídas en la vivienda privada (-6%) y en la vivienda de interés social (-3%), además de una reducción de 15% en la inversión del Ministerio de Obras Públicas. Si bien existen señales positivas en infraestructura urbana y proyectos energéticos, el sector advierte que la falta de suelo, los tiempos de tramitación y la de bilidad del mercado laboral siguen frenando nuevos proyectos. Otro sector clave es la pesca industrial, que hoy se encuentra a la espera de señales claras. Desde Pescadores Industriales del Biobío señalan que la inversión en esta actividad es de largo plazo y altamente regulada, por lo que requiere estabilidad jurídica para avanzar. Dicen que recuperar las confianzas será fundamental para reactivar inversiones y fortalecer el empleo, especialmente en una región que ha sufrido un proceso de desindustrialización. El sector forestal también mantiene una postura prudente. Tras años complejos marcados por la inseguridad, el robo de madera y los incendios forestales, la actividad enfrenta un escenario desafiante. Sin embargo, desde la Corporación Chilena de la Madera (Corma) afirman que las empresas mantendrán esfuerzos de inversión orientados a la mantención y modernización de activos, lo que permitirá sostener la operación productiva. En paralelo, iniciativas como el programa de recuperación de bosques impulsado por Conaf, con una inversión cercana a $1 2.800 millones para reforestar unas 4.000 hectáreas, aparecen como señales positivas para reactivar la cadena forestal. En síntesis, el IPER confirma que el empresariado del Biobío vuelve a mirar el futuro con expectativas más favorables. Sin embargo, convertir esa confianza en crecimiento real dependerá de avances concretos en inversión, seguridad, certeza jurídica y productividad.
Biobío cuenta con capital humano, infraestructura y sectores productivos estratégicos para liderar un nuevo ciclo de desarrollo, pero para que las proyecciones optimistas se traduzcan en empleo y actividad económica, será clave impulsar una agenda público-privada que fortalezca la productividad y la reactivación económica. Solo así el optimismo que hoy refleja el IPER podrá transformarse en resultados concretos para la región durante 2026.
Factores externos, como la volatilidad del escenario internacional, y variables internas, entre los que se cuentan cambios legislativos que afecten la certeza jurídica, podrían incidir en la materialización de estas expectativas.. Editorial Factores externos, como la volatilidad del escenario internacional, y variables internas, entre los que se cuentan cambios legislativos que afecten la certeza jurídica, podrían incidir en la materialización de estas expectativas.