Autor: Hugo Herrera Prof. Filosofía del Derecho UDP
Columnas de Opinión: Inventan bonitas siglas
Columnas de Opinión: Inventan bonitas siglas H ay algo de enternecedor en la proliferación de siglas y declaraciones altisonantes con que nuestros gobiernos adornan su política exterior. Foros inventados, mecanismos, alianzas de nombre rimbombante. Se inventan bonitas siglas para sentirse un poco más importantes, decían Los Prisioneros, zanjando el asunto. América Latina pesa poco en Washington. Menos en tiempos de política real, cuando se habla el lenguaje de los intereses. No es que Estados Unidos sea guardián ejemplar del derecho internacional. También allí la ley cede ante la conveniencia.
Pero nuestra región ofrece, con generosidad casi escatológica, motivos para que nos desprecien: corrupción persistente, reglas que se alteran a mitad de camino, candidaturas pintorescas de individuos de capacidades dudosas, como Bachelet ja la Secretaría General de la ONU! El resultado es una imagen de horda que invita al trato paternalista y la semi-sonrisa. Chile supo actuar de otro modo. Diego Portales advirtió temprano el potencial imperial de la doctrina Monroe y comprendió que eso de "América para los americanos" significaría subordinación. No se quedó en palabras: armó al país, consolidó su marina y su ejército, enfrentó la Confederación Perú-Boliviana. El siglo XIX fue, en buena medida, tiempo de gravitación chilena en el Pacífico. Había conciencia del peso de la tierra y del mar, del espacio como condición de la subsistencia nacional. Mientras existió esa conciencia, Chile ascendió en el concierto de las naciones. Hoy esa mirada estratégica se gasificó. Nuestros líderes hablan patéticamente de valores universales (en público, que en privado son otros los términos), pero rara vez de intereses permanentes. Actúan como si la geografía fuera accidente y no un destino. Hace décadas -Lagos fue una excepciónla política exterior oscila con temple neoliberal entre el moralismo declamatorio e impotente de la paz y la venta comercial. Infantilismo frente a Estados Unidos, y no menor frente a China o Europa. Indignidad con los oprimidos en Cuba, Nicaragua o Venezuela. Retóricas inflamadas que esconden la incapacidad de adoptar una sola medida verdaderamente soberana. Somos país de habladurías, pero reacio a pensar en serio la industria, la infraestructura, la defensa. Sin mínimos de autarquía estratégica, sin control efectivo de recursos y sin política marítima y energética, la soberanía se vuelve palabra vacía. Europa ofrece un ejemplo elocuente de abundancia de deseos biempensantes y escasez de poder. La política no es cálculo desnudo. Pero cuando todo son deseos, llega la ruina. Es tiempo de que nuestros jóvenes abandonen las simplificaciones morales y comprendan una lección antigua: las naciones viven de intereses permanentes. Quien los ignora, termina decorando su irrelevancia con siglas que ya no son ni bonitas. "Somos país de habladurías, pero reacio a pensar en serio la industria, la infraestructura, la defensa". Autor: Hugo Herrera Prof. Filosofía del Derecho UDP. "Somos país de habladurías, pero reacio a pensar en serio la industria, la infraestructura, la defensa".