Hans Niemeyer Fernández
Es seguramente el científico más destacado nacido en tierras coquimbanas. Una mente inquieta y un corazón ardiente en búsqueda de aventuras lo llevó a facetas que quizás nunca pensó conquistar. Ingeniero, hidrólogo, investigador científico, profesor, arqueólogo y escritor, son algunas de las medallas que conquistó durante su vida. Esta es la historia de Hans Niemeyer. Nació el 13 de enero de 1921 en su casa de calle Melgarejo esquina Freire, en Coquimbo. Hijo de Karl Niemeyer, comerciante alemán, descendiente de una familia de científicos que se radicó en Chile un poco antes de que estallara la Primera Guerra Mundial. Su madre, María Luisa Fernández, de descendencia española, formaba parte de la pequeña burguesía existente en la zona.
El matrimonio Niemeyer Fernández tuvo cinco hijos, los cuales se movían entre Santiago y Coquimbo debido al trabajo de su padre, a quien le iba bastante bien en términos económicos, sin embargo, también vivieron momentos de escasez material cuando Karl quedaba cesante, tal como lo relata el propio Hans en su hermoso libro «Estampas de Coquimbo», donde da cuenta de una infancia tremendamente feliz pero no exenta de problemas económicos, como fue el caso de no tener para arrendar una casa y verse en la obligación de vivir siete personas en una pieza, o cuando por largo tiempo no lograban pagar los insumos básicos de la propiedad que habitaban. En toda esa etapa, la madre se transformaba en el pilar fundamental de la familia al lograr contrarrestar con amor y paciencia las adversidades del momento.
Hans vivió la mayor parte de su infancia en la zona céntrica de la ciudad y también en el camino que lleva hacia el fuerte Lambert, compartiendo cotidianamente con los cerros, el puerto y el mar, lugares donde comenzó de pequeño a vincularse con la ciencia a partir de la observación y su permanente curiosidad por tratar de entender el entorno natural que habitaba.
Sus estudios los inició en la Escuela Superior de Hombres N*1 de Coquimbo, luego en el Liceo Gregorio Cordovez y, finalmente, debido al traslado de la familia a Santiago, concluye su etapa escolar en el Internado Nacional Barros Arana. Se tituló de Ingeniero Civil Hidráulico en la Universidad de Chile, misma profesión de su tío Alberto Fernández Reyes, a quien Hans admiraba profundamente. Una vez titulado, ingresó a trabajar a la Dirección de Riego del Ministerio de Obras Públicas, institución en la que desarrolló un completo estudio de los recursos hidrológicos del país.
En sus trabajos en terreno, fue descubriendo una nueva pasión: La arqueología, ciencia que aprendió de forma autodidacta (la carrera universitaria de Arqueología se creó en 1968) mientras hacía exploraciones hidrográficas e hidrológicas en la zona norte del país. De sus más de 400 investigaciones, destacan los estudios que realizó sobre las culturas Inca, Diaguita y El Molle. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Chilena de Arqueología en 1963, la cual presidió por 16 años. En 1982 es nombrado director del Museo Nacional de Historia Natural (VINHN), cargo que ocupó durante ocho años. Fue además Consejero del Consejo de Monumentos Nacionales por más de 20 años.
Su último gran reconocimiento llegó desde la Municipalidad de Coquimbo, al ser declarado Hijo Ilustre de la ciudad un 12 de noviembre del 2003, fecha en la que el científico ya sobrepasaba las ocho décadas y se había venido a vivir a su ciudad natal.
Dos años más tarde, el 17 de octubre del 2005, el ilustre coquimbano falleció en el Hospital San Pablo, dejando un inmenso legado que hasta el día de hoy se conserva en el MNHN con el nombre de «Archivo Niemeyer». Sin lugar a dudas un Gran Coquimbano.