Columnas de Opinión: La reconstrucción que Ñuble necesita no cabe en un bono
Columnas de Opinión: La reconstrucción que Ñuble necesita no cabe en un bono Cuando uno recorre las zonas rurales de Ñuble, la devastación material provocada por los incendios es evidente: hogares calcinados, silos vacíos, huertos inertes.
Pero más allá de la destrucción física se percibe una realidad social que era estructural antes de las llamas: pobreza, aislamiento, falta de conectividad y una población envejecida que hoy enfrenta la reconstrucción con menos redes de apoyo y mayores carencias. Los datos más recientes de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) muestran que Nuble sigue sobre el promedio nacional en pobreza por ingresos. Su tasa de pobreza multidimensional es cercana al 17%, similar al promedio del país (17.7% ), pero con desafíos territoriales que intensifican sus efectos en comunidades rurales. Nuble es además una de las regiones con mayor proporción de población rural en Chile. Ese mundo rural implica menores oportunidades de acceso a servicios básicos, menor conectividad digital y, para muchos, una existencia al margen de las redes urbanas que facilitan educación, empleo e inclusión social. La carencia de conectividad digital actúa como una barrera adicional. Aunque en los últimos años han surgido iniciativas territoriales para cerrar esa brecha, la realidad es que en muchos sectores rurales de Nuble el acceso a internet sigue siendo escaso.
En un momento en que la educación, la telemedicina, elcomercio y las oportunidades laborales pasan en gran medida por lo digital, la falta de conectividad limita la capacidad de las familias rurales de salir de situaciones de vulnerabilidad. Otro componente que la CASEN revela -y que también palpamos en terrenoes la composición etaria de la región. Nuble tiene una proporción significativa de personas mayores, con tasas de población de 60 años y más que superan la media nacional.
Este envejecimiento, típico de los territorios rurales donde los jóvenes migran hacia las ciudades en busca de educación y empleo, genera numerosas familias donde los adultos mayores cuidan a otros mayores, muchas de ellos con discapacidad funcional. En este contexto, la pobreza severa -definida como simultánea por ingresos y multidimensionalafecta a miles de personas en Nuble. Aproximadamente un 6,9% de la población regional vive en esta condición.
En Ránquil, Quillón o Bulnes -comunas que visito a diario como jefe de Operación Social del Hogar de Cristo en la zona-, las cifras se traducen en realidades concretas: familias que han perdido su vivienda y su capacidad de generación de ingresos. Adultos mayores que han visto desaparecer su huerto o su gallinero. Jóvenes cuyo acceso a educación y empleo dependía ya de una infraestructura precaria. Nuble es la segunda región con mayor impacto por incendios este verano. Y sus características internas hacen que la recuperación social requiera una mirada distinta. Que no solo repare lo físico sino que fortalezca lo humano. La reconstrucción de hogares materiales es indispensable.
Sin embargo, también lo es invertir en infraestructura social: acceso a conectividad digital, apoyo consistente en salud mental, redes de acompañamiento educativo y programas que consideren el envejecimiento y las cargas de cuidado en los hogares rurales. Porque en Ránquil, Quillón o Bulnes no sólo ardieron casas; se quemaron los escasos mecanismos de soporte que tenían muchas familias para salir adelante. La tarea que tenemos por delante no es solo reconstruir paredes, sino reconstruir dignidad, oportunidades y esperanza. Y lo haremos con quienes viven ahí, desde el territorio, con un acompañamiento que entienda la complejidad de esta ruralidad chilena. MAURICIO ZORONDO jefe de operación social del Hogar de Cristo en Maule Sur y Nuble. Opinión