Autor: ROSA MARTÍNEz, PSICÓLOgA
Columnas de Opinión: Límites biológicos
Columnas de Opinión: Límites biológicos Uno de los signos de los últimos años, parece ser la absolutización de los factores socios-culturales y la minimización del papel biológico respecto al comportamiento humano. No obstante, básicamente la persona es un ser orgánico. Lo cual implica que tiene un cuerpo físico y está sujeto a leyes y procesos biológicos que lo rigen. Un claro ejemplo de esto, es la pirámide de Maslow, en cuya base estarían las necesidades fisiológicas o del cuerpo como: alimentación, respiración, sexo, etc. Desde la perspectiva biológica asociada a la conducta humana existen dos conceptos: filogenia y la ontogenia. Es decir, el aspecto biológico impone límites al comportamiento humano, esto es la llamada filogenia.
Mientras que las experiencias individuales u ontogenia, permiten modificar la conducta, pero solo dentro de esos límites Los límites biológicos en los seres humanos son las barreras naturales que definen la capacidad máxima del cuerpo, el más claro ejemplo de ello es: que la esperanza de vida está limitada de forma natural. Los científicos señalan que existe un límite máximo para la vida humana, fijado alrededor de los 100 años. Esto es claramente un freno que está imponiendo la propia biología, porque el organismo del ser humano tiene un límite muy claro en su funcionamiento. Frente a esto los factores externo o sociocultural no son categóricos, porque los seres humanos están sometidos como todos los seres vivos a leyes biológicas generales como reproducción, herencia y envejecimiento. Por lo tanto, es indiscutible que la duración de todos los seres vivos tiene fronteras bien demarcadas en el código genético.
Por otro lado, el cuerpo limita la conducta a través de restricciones físicas, por ejemplo: las enfermedades o la falta de energía física restringen directamente la capacidad de realizar ciertas conductas, forzando al cuerpo al descanso. Incluso existe un límite superior en el rendimiento atlético, llamado “techo metabólico”, que puntualiza la capacidad máxima de esfuerzo y gasto energético que el cuerpo puede sostener. Otro ejemplo de la limitación biológica del ser humano está asociada al espectro visible, el cual comprende longitudes de onda desde el violeta hasta el rojo. No obstante, muchos insectos son capaces de percibir el ultravioleta y algunas serpientes perciben el infrarrojo. Aunque la ciencia avanza para ensanchar las capacidades de la persona, los límites biológicos siguen siendo la base estructural que define a la especie humana. Incluso el comportamiento social del ser humano surgió desde la base biológico como de la necesidad de comer, defenderse y agruparse. El poner énfasis en que, en el comportamiento humano, predominan los aspectos socioculturales sobre lo biológico. Probablemente radica en la herramienta con que se ha estudiado a la persona, es decir, el mismo hombre estudiando al propio ser humano. Dicho de otra forma, frente a este tipo de estudio, se es a la vez juez y parte. Aun así, quien podría señalar de un modo categórico y taxativo que las influencias socio-culturales, siempre predominan sobre el sustrato biológico de la persona. Autor: ROSA MARTÍNEz, PSICÓLOgA.