Columnas de Opinión: [Semillas de luz XI] Crecimiento, equidad y desarrollo humano: el debate ausente
Columnas de Opinión: [Semillas de luz XI] Crecimiento, equidad y desarrollo humano: el debate ausente E mayor problema del mentiroso no es que los demás dejen de creerle, sino que termine creyendo que sus propias mentiras son verdad. Cuando esto ocurre a nivel individual, hablamos de autoengaño; cuando ocurre a nivel colectivo, el riesgo es mayor: se distorsiona la conversación pública y se condicionan las decisiones que definen el futuro. En Chile -y no solo en Chilese ha venido instalando la idea de un país en quiebra. La crisis como relato dominante, como diagnóstico total, como punto de partida incuestionable. Más que una descripción objetiva, esta narrativa parece cumplir una función estratégica: limitar el debate, justificar posiciones y movilizar emociones.
Desde ahí, la discusión pública vuelve, casi por inercia, a la disputa por la distribución de la riqueza y a la reducción de impuestos supuesto motor como del crecimiento -porque de desarrollo, en rigor, se habla poco -. Se reeditan viejas tensiones y se recurre, una vez más, a la "teoría del chorreo", cuya promesa de bienestar extendido ha mostrado límites evidentes. Pero hay un punto que conviene no perder de vista: no son los argumentos los que definen cómo se distribuye la riqueza, sino la correlación de fuerzas en cada momento histórico. Así, el debate se vuelve intenso, pero superficial: abundante en consignas, escaso en dirección. Un ejercicio reiterativo que consume energía, pero produce pocos cambios estructurales. Y, mientras tanto, lo esencial queda fuera del foco. Chile enfrenta desafíos que exigen algo más que ajustes marginales. La necesidad de un cambio en la matriz productiva evidente: seguimos es dependiendo de recursos naturales, con bajo valor agregado y alta exposición externa. La transición hacia una economía basada en conocimiento, innovación y tecnología no puede seguir postergándose.
En paralelo, la discusión sobre educación continúa centrada en instrumentos, sin hacerse cargo de su propósito. ¿ Qué tipo de personas y capacidades requiere el país para enfrentar un entorno incierto? No se trata solo de transmitir conocimientos, sino de formar criterio, pensamiento crítico, adaptabilidad y capacidad de aprendizaje continuo. Los países no solo compiten por recursos o capital, sino también por la calidad de sus conversaciones, sus liderazgos y sus formas de vincularse. El desarrollo, en ese sentido, no es únicamente económico: es también humano, cultural y organizacional. Cada ciclo electoral abre una posibilidad. Sin embargo, esa discusión suele diluirse en la contingencia: se responde al corto plazo y se posterga lo estructural, perdiendo, una vez más, la oportunidad de construir una mirada compartida de futuro. En este contexto, los impuestos aparecen como eje de solución. Pero no son una bala de plata: son necesarios, pero insuficientes. Sin crecimiento, la redistribución se dificulta; sin equidad, crecimiento pierde el legitimidad. La tensión no se resuelve eligiendo uno u otro, sino integrando ambos. Y hay una cuestión de fondo pendiente: no puede ser siempre el mismo sector el que absorba los costos de las crisis, sean estas reales o amplificadas. Cuando los ajustes se vuelven recurrentemente asimétricos, se erosiona la confianza en el sistema. El mundo, entretanto, sigue avanzando. Geopolítica, tecnología, cambio climático y envejecimiento poblacional están redefiniendo las reglas del juego, pero su presencia en el debate público es débil. Las propuestas políticas, tanto de izquierda como de derecha, parecen atrapadas en el corto plazo: diagnósticos conocidos, soluciones parciales y escasa capacidad de anticipación. Falta perspectiva.
Tal vez ha llegado el momento de cambiar el eje de la conversación: no para abandonar la discusión sobre la distribución de la riqueza, sino para complementarla con una reflexión igualmente rigurosa sobre cómo se genera valor en un mundo distinto. Solo así es posible articular crecimiento con equidad y pasar de la contingencia a la construcción deliberada de futuro. Porque un país que se define desde la crisis corre el riesgo de quedar atrapado en ella. Y uno que no logra articular crecimiento, equidad y desarrollo humano difícilmente podrá sostener, en el tiempo, un proyecto común. Luis Alberto Vásquez M. Gesto Humano..