Sin asignar
Sin asignar Sincerar tiene costo Señor Director: El reciente ajuste en los combustibles no solo refleja un alza de precios, sino también un cambio en la forma en que estos se traspasan a la ciudadanía. Durante años, el Mepco operó como un amortiguador relevante, con un costo fiscal significativo, suavizando, y en cierta medida postergando el impacto real de las variaciones internacionales.
Hoy, más que su eliminación total, lo que observamos es una compresión de este mecanismo: el Estado reduce su rol como contenedor del precio y acelera el traspaso hacia el consumidor final, haciendo visible un costo que antes estaba parcialmente diferido. Este sinceramiento, aunque fiscalmente razonable, no es neutro. Su efecto se extiende más allá del combustible, presionando el costo de vida en general. Más que cuestionar la decisión, el foco debiese estar en su implementación.
En esa línea, un paquete de medidas de resguardo sólido se vuelve indispensable, de modo que sus efectos se absorban de manera gradual y con un adecuado equilibrio entre responsabilidad fiscal y protección a los hogares. Este ajuste, a su vez, abre una oportunidad para avanzar hacia una política energética más sostenible y transparente, que permita acompañar de mejor manera a las familias. Mauricio Jara Arriagada Académico Facultad de Economía, USS.