COLUMNAS DE OPINIÓN: ¿Quién da más?
COLUMNAS DE OPINIÓN: ¿ Quién da más? Nuestras actuales democracias se han transformado en un auténtico marketing de la política, en la cual los diferentes candidatos ofrecen más y más regalías a destajo ("derechos sociales", diríamos hoy), sin reparar en los reales costos que ello tendrá para el país no sólo ahora, sino sobre todo para las generaciones futuras. De esta forma, suele imponerse en la elección el que pinta la realidad más seductora, por mucha mugre que se vaya acumulando bajo la alfombra.
Y al contrario, aquellos que se dan cuenta del enorme problema que se está incubando a futuro (y que ya está dando problemas en la actualidad) y proponen medidas para mitigarlo, suelen no ganar en las urnas, y en caso de hacerlo, su popularidad suele caer por los suelos, al tener que tomar medidas molestas o incluso dolorosas para la población, a fin de intentar solucionar dichos problemas. De esta manera, pareciera que por regla general, el actual sistema democrático no está hecho para recibir malas noticias. Al contrario, todo tiene que ser a pedir de boca, sólo beneficios, pero sin costos. O si se prefiere, con un Estado que presta cada vez mayor cantidad de servicios y reparte más y más bienes, como si sacara los recursos de un saco sin fondo e infinito. Así entonces, lleva las de ganar casi siempre quién da más.
Es como si una persona o una familia gastaran permanentemente mucho más de lo que gana, endeudándose de manera creciente y sostenida, sin estar dispuesta a cambiar su nivel de vida ni al menos mitigar sus deudas. Sin embargo y como resulta evidente, más tarde o temprano su economía colapsará, y puede acabar perdiéndolo todo, fruto de esas deudas.
Algo parecido ocurre hoy con los Estados, no siendo Chile la excepción: el nivel de endeudamiento público es absolutamente irresponsable y monstruoso, adquirido para ganar las elecciones del momento, sin ninguna preocupación por lo que pueda ocurrir después, en unos pocos años. "Todo para nosotros, nada para el futuro o los que vendrán después", parecieran decir la mayoría de los votantes, que no están dispuestos a "apretarse el cinturón", como suele decirse, pese a que el panorama global del país se vea cada vez menos halagüeño. Y lo peor de todo es que los responsables no pagan los platos rotos, pues son los propios ciudadanos los que tendrán que solventar estas deudas con impuestos. Así, es como si alguien asumiera más y más deudas, pero el responsable de pagarlas fuera otro sujeto, pese a que ha sido el primero el real beneficiado con dichos recursos.
Así entonces, ¿qué se le dirá a las generaciones futuras cuando tengan que enfrentar este desastre? ¿ A quién podrán reclamarle, cuando buena parte de los responsables se encuentren ya muertos? ¿ Cómo será juzgada esta época, dado su egoísmo e irresponsabilidad para con ellos? ¿ Esperaremos a que el dique se rompa? ¿ Tan ciegos estamos, que no somos capaces de velar por el futuro de nuestros hijos y nietos? MAX SILVA ABBOTT Doctor en Derecho, profesor de Filosofía del Derecho Universidad San Sebastián El nivel de endeudamiento público es irresponsable y monstruoso, adquirido para ganar las elecciones del momento, sin ninguna preocupación por lo que pueda ocurrir después, en unos pocos años. De cierta manera, y metafóricamente hablando, la próxima generación tendría todo el derecho para demandar a la actual por su mala gestión de los recursos y el enorme perjuicio que ello les generará. Sin embargo, esto es imposible, pues los responsables seguramente ya no existirán en ese momento..