Autor: Bernardo Donoso Riveros Profesor emérito PUCV
Columnas de Opinión: Desarmando el lenguaje
Columnas de Opinión: Desarmando el lenguaje E n su mensaje para la Cuaresma de 2026, titulado "Escuchar y ayunar.
La Cuaresma como tiempo de conversión", el Santo Padre León XIV incluye un llamado especial que dice: "me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias.
Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas.
Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz". Ciertamente es una forma de "abstinencia" sobre la cual no reflexionamos con frecuencia, que puede ser "poco apreciada". Por eso, al pedir "desarmar " el lenguaje nos convoca a un gesto de renuncia al poder destructivo que con frecuencia tienen las palabras y todos los aspectos no verbales que aumentan su poder explosivo, destructivo como una bomba de racimo. Recuerdo la fuerza con que Václav Havel (dramaturgo, poeta, político heroico por la libertad) se refería en su tiempo a ello. La acumulación de las infracciones anti fraternales van preparando un terreno de cuyas consecuencias muchas veces no tenemos debida consciencia.
Requiere renuncia, domesticar la soberbia suavizando la autoestima de portadores de la verdad, detenerse con paciencia a apreciar el sentido del prójimo, con convicción cavar en la montaña buscando las piedras preciosas que sostengan la paz tejida desde el lenguaje.
No es una obra imposible, es sí una posibilidad para cada uno de nosotros que nos puede transformar en artífices de la esperanza, del descubrimiento mutuo y, posiblemente, conquistar como contrapartida el aprecio de los otros. Nuestra nación emprende el inicio del gobierno que asume y de aquel que ha completado su periodo. No es un momento neutro: son muchos los que comparten perspectivas y muchos que tienen las inversas. Son demasiadas siempre las experiencias que están inscritas en la interioridad de cada persona.
Sin ingenuidad, podríamos preguntarnos si en las diferencias (no solo técnicas) históricas, ideológicas, dogmáticas y otras, será posible disponernos a la conversación en un marco que desarma el lenguaje del odio, del desprecio, donde el objetivo sea el bien de las personas cuya vida, sus dolores y gozos y esperanzas se hacen realidad aquí. Más aún, el lenguaje "desarmado" es un acto ético. El actuar ético nos exige domar la hipocresía, no se trata solo de "ganar el debate", alegrarse de los sonidos que encantan "el triunfo". Es más, se trata de la verdad. Autor: Bernardo Donoso Riveros Profesor emérito PUCV. C Columna