Autor: POR ARTURO GALARCE
“Acá falta una perspectiva del cuidador”
“Acá falta una perspectiva del cuidador” Silvana Acosta cuenta que lo primero que tuvo que hacer cuando un tribunal la designó curadora de su padre fue ir al Registro Civil de San Vicente de Tagua Tagua a renovarle el carnet de identidad. Le pidieron el carnet anterior. No lo tenía. Les mostró la orden del juez, el fallo, los papeles. Lo entendemos, le respondieron, pero el sistema lo exige. El software, los protocolos. Volvió a la semana siguiente. Y a la otra. De las cinco veces que fue, cuenta, en dos se había cortado la luz. Dos horas de viaje para llegar, otras dos de vuelta, y el mesón cerrado. Mes y medio tardó en conseguir ese carnet. Y sin carnet, cuenta, no se activa nada: ni la clave única, ni el acceso a los bancos, ni la gestión de la pensión. Nada. Fue solo el comienzo. Su padre tiene 81años y es uno de esos nombres que no necesitan presentación. Un jugador uruguayo que llegó a Chile en 1977 y nunca más se fue.
El resto es historia: a lo largo de tres décadas como entrenador, construyó una carrera que lo convirtió en el técnico con más partidos dirigidos y más triunfos oficiales en la historia de la selección chilena.
Fue quien clasificó a la Roja al Mundial de Francia 1998 después de 16 años de ausencia, con Zamorano y Salas en ataque, y quien consiguió la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, la única del fútbol chileno en esa competencia. Ganó títulos con Unión Española, Cobreloa y Everton, e hizo debutar a Alexis Sánchez en Primera División. Pero la historia que cuenta su hija no tiene nada que ver con ese currículum. A mediados de 2017, Nelson Acosta fue diagnosticado con alzhéimer. Ya en su último club, Deportes Iquique, los síntomas habían comenzado a asomar: repetía instrucciones, olvidaba que había citado a entrenamiento. Su familia lo retiró del foco público y lo llevó a su parcela.
Lo que vino después fue una seguidilla de episodios, conocidos públicamente a través de la prensa, que fueron agravando su estado: una infección urinaria severa en 2021, un paro cardiorrespiratorio en 2023, complicaciones respiratorias en 2024, una traqueotomía a comienzos de 2025 y una baja en la frecuencia cardíaca que lo llevó de urgencia a una clínica de Rancagua en noviembre del mismo año. Hoy requiere cuidados las 24 horas del día. Silvana tiene un magíster en longevidad y antienvejecimiento de la Universidad de Barcelona, motivada en parte por lo que estaba viviendo con su padre. Como curadora legal, es ella quien debe representarlo en cada trámite, cada gestión, cada papel que el Estado o las instituciones exijan para que Nelson Acosta pueda seguir siendo cuidado.
Desde esa trinchera, decidió hablar por primera vez. ¿Por qué decidió contar esta historia ahora? Porque estamos viviendo una situación que viven muchísimas familias en Chile y que hasta que uno no está involucrado directamente, ni se imagina que existe. Es bastante difícil y duro. Yo me dedico al área del envejecimiento y las personas cada vez vivimos más. Llegamos fácilmente a los 90, pero con muy mala calidad de vida en general. Se ha aumentado la esperanza de vida, pero no la calidad de los últimos años. Afuera se habla del tsunami plateado, porque la cantidad de personas de la tercera edad crece a pasos agigantados. Y he podido observar que no hay empatía organizacional ni facilidad en los procesos.
Estamos en el 2026 y es un llamado a que repensemos cómo estamos envejeciendo como sociedad. ¿Cómo fue empezar a hacer estos trámites? Lo primero fue ir al Registro Civil a sacar un carnet de identidad para mi papá. Me decían que necesitaban el carnet anterior y yo les decía que no lo tenía. Me respondían que no podían hacer nada. Yo les mostraba la orden del juez, el fallo, y me decían: lo entendemos, pero los protocolos lo exigen. Estuvimos yendo y viniendo del Registro Civil, haciendo cosas por internet, yendo de nuevo. Y sin eso no se puede activar nada. Después vino la clave única, donde me pedían un poder de la persona, pero la persona no puede otorgarlo. Después, los bancos. El juez da una orden, uno va al banco, y el banco dice que tiene su propio protocolo, que le traiga otro documento del juez. Uno vuelve donde el juez y el juez dice que no tiene por qué emitir nada más, que la resolución ya lo dice. Uno vuelve al banco y te piden lo mismo.
Así van pasando los meses. ¿Qué sintió en esos momentos? Me causa mucha empatía pensar cómo lo hace la gente que no tiene las mismas posibilidades que tiene uno de contratar un abogado, de viajar, de perder un día de trabajo. Una vez me citaron a una audiencia.
Fui a San Vicente, esperamos, y de pronto dicen que se les olvidó notificar a alguien, así que la audiencia se suspende. ¿Y cuándo es la próxima? En marzo, me dijeron, porque era diciembre, después viene enero, febrero, vacaciones. Tres meses. No se entiende que ante cada requerimiento todos los plazos sean meses y meses. Usted habla de una falta de perspectiva institucional. ¿A qué se refiere exactamente? Es como cuando se implementó la perspectiva de género, que fue muy buena, porque todo era muy masculino. Acá falta algo parecido: una perspectiva del cuidador, del beneficiario. Que los procesos se faciliten para la persona que cuida. Porque estos trámites suponen que son para ayudar a las personas que están siendo cuidadas, pero al final lo que hacen es impedir el cuidado, dificultar el cuidado. Nadie se detiene a pensar que esa solicitud que están demorando está afectando precisamente a la persona que se supone están defendiendo. Uno quisiera preocuparse solamente de lo que sí está programado para hacer: entregar amor, cariño, cuidado.
No estar en una oficina del Registro Civil una y otra vez sacando números. ¿Cómo choca su especialidad médica con la realidad de vivirlo en carne propia? ATSOCAANAVLISAZELITNE Cuando yo hablo con pacientes o voy a dar charlas, les digo que todo el mundo va a pasar los 90. Las generaciones jóvenes van a llegar a los 100, de todas maneras. Y todos me responden lo mismo: no, ¡quién quiere llegar así! Porque tenemos inmediatamente asociados los 80, los 90 años, con una persona frágil, dependiente, llena de medicamentos. Y desgraciadamente es cierto en muchos casos. La idea es que empecemos antes, que lleguemos a los 80 cosechando los resultados de habernos cuidado. Lo del estilo de vida es fundamental, hay una rama entera de la medicina dedicada a eso. Pero todavía falta. La gente tiene asociado el paso de los años a un envejecimiento de mala calidad. Mencionaba antes algo que los especialistas llaman la generación sándwich. Sí, esta es la primera generación que cuida hijos y cuida a sus padres al mismo tiempo. Es la primera vez que se da en la historia de la humanidad. Yo tengo hijos menores de edad. Y no solo va por el lado de cuál va a ser tu ingreso monetario después de jubilar, sino también de qué tan feliz eres. Las personas enfermas están muy asociadas a la depresión.
Se dice que cuando tienes una vejez saludable es cuando eres independiente para hacer tus cosas del día a día, cuando tienes salud cognitiva que te permite conversar, y cuando no te sientes abandonado ni aislado. Todos nos hacemos un plan de ruta para después de jubilarnos, pero nadie considera qué pasa si te toca cuidar a alguien. Y si lo estás cuidando es porque realmente necesita cuidado, y eso viene aparejado de necesidades de tiempo, económicas, emocionales. No estamos preparados. Hay una idea romántica del cuidador, ¿no? La imagen de la hija que acompaña a su padre al doctor. Claro, uno se queda con esa imagen linda, pero no se imagina toda la cadena de hechos que tuviste que hacer para poder llevarlo al doctor. Tener el carnet, tener la ficha, el acceso a la ficha, que te den información. Uno termina andando con una carpeta de papeles para papeles y papeles. Hasta pagar tributos, hacer la declaración de renta. No es una queja hacerlo, es lo difícil que te lo hacen. Porque uno como hija quisiera estar centrada solamente en acompañarlo, en recordar cosas, en reírse, en pasarlo bien, enfocada en entregar amor. Pero te sacan de eso. Y lo que uno entiende como cuidar es apapachar, dar amor, devolver un poco todo el cuidado que a ti te dieron.
Me tocó a mí ahora devolverle a él todo lo que hizo por mí durante tanto tiempo, y uno quisiera estar solamente ahí, en esa interacción, en ese cuidado cotidiano. ¿Cómo está su papá hoy, dónde está? Él está en su casa, afortunadamente con todo implementado para sus cuidados. Yo viajo el fin de semana, hay un sobrino que está con él todo el día, y otros cuidadores en el día a día. También tiene campos que hay que cuidar, y ahí es donde te das cuenta de lo amoroso que son los vecinos. Ayudan en un montón de cosas, te dan consejos, te cuentan cosas, te avisan de trámites que una no tenía idea.
Porque toda la información la manejaba él, entonces ahora vienen y te dicen: ¿ a usted le dijeron que tal cosa hay que hacerla una vez al año? No, no tenía idea. ¿Cómo es esa relación de la comunidad con su padre? De verdad, un cariño enorme. Es una localidad bien chiquitita, mi papá era muy metido en la comunidad. Entonces, cualquier cosa que necesito, me dicen: no se preocupe, si don Nelson nos ayudó a todos. Hay gente que de repente va y me ofrece el fin de semana ir a ayudarme con algo, para mostrarme y enseñarme cómo se hace. Una vez vino la funcionaria del SAG a coordinar la fumigación y me habló súper técnicamente. Me dice: yo solamente controlo las uvas, los ciruelos y los kiwis. Y yo le dije: no, los kiwis no los fumigue, eso sí que no sé dónde están. Se mató de la risa. Me dijo: no, no estoy diciendo que usted tenga kiwis, estoy diciendo que eso es lo que fiscalizo. Nos reímos tanto rato.
Son esas cosas las que equilibran todo lo otro. ¿Cómo estaría él si tuviera que hacer los trámites que está haciendo usted? A él las cosas que no son lógicas, que no se entienden, como que vas a sacar un carnet y si no tienes el carnet anterior no te lo pueden dar, le parecerían absurdas. Y la paciencia no le daba para ese tipo de demoras. Mi papá es una persona que siempre llamaba a la acción, a moverse, a resolver, a ser ejecutivo. No había nada que no pudiera hacer, nada lo achicaba. Tenía mucha personalidad. Donde entraba, siempre llamaba la atención. Y era muy chistoso, todo el día riéndose, molestando, echando la talla. A veces me decía que yo estaba ahogándome en un vaso de agua, que lo olvidara. Una vez un periodista deportivo lo llamó porque su hija estaba en la UCI después de un accidente. No eran tan amigos, era de la pega nomás. Pero le dijo que tenía tanta energía, tanto poder, que estaba seguro de que si iba a ver a su hija, le iba a transmitir esa fuerza para recuperarse. Mi papá llegó muy impactado, no podía creer que alguien le pidiera una ayuda tan humana, que le tuviera esa fe. El mundo del fútbol ha estado presente durante todo este período. Nosotros como familia siempre fuimos muy reservados. Mi mamá jamás quiso salir en ninguna entrevista con él. No le gustaba ni acompañarlo al supermercado, porque lo paraban en todos lados. La gente del fútbol sí ha estado siempre interesada, pero fue una decisión de familia respetar la privacidad de mi papá. Son procesos personales, familiares, en los que no tiene mucha cabida la gente del área laboral, porque al final eso era su área laboral. Y el mundo del fútbol es un mundo expuesto. Dicho eso, el cariño ha sido enorme. El Fernández Vial siempre está en contacto conmigo, me invitaron a un homenaje y fui a recibirlo. Siempre se acuerdan del cumpleaños de mi papá. No sé cómo se acuerdan, pero todas las entidades, todos los clubes, siempre lo están recordando en redes sociales. Cuando se cumple algún aniversario del título de Cobreloa, del título de Everton, siempre lo recuerdan. Es un cariño que no espera nada a cambio. Solamente entrega buena onda. Yo solamente tengo agradecimiento y orgullo.
Decía que esto era devolver el cariño y lo que él hizo por usted. ¿Qué siente que le entregó él como padre? Él siempre me decía: Silvana, si uno no va a hacer algo bien, mejor no lo haga. No como para que todo saliera perfecto, porque uno no controla el resultado, sino para que diera el cien por ciento. También me enseñó a no pedir créditos. Si no te alcanza la plata, me decía, no es para ti. Cuando te alcance, te lo compras. Y eso yo también se lo repito a mis hijos. Él se preocupaba mucho de que en los equipos hubiera buen camarín, gente que aportara, que uniera. Por eso los periodistas siempre hacen el comentario de que era un buen líder, que sacaba lo mejor de los jugadores: porque sabía elegir con quién trabajar. Y no siempre al más capaz o al más hábil, sino la persona mejor para determinado proyecto. Dijo al comienzo que no quiere que esta situación que está viviendo se lea como una queja. Sí, porque siento que es un privilegio poder cuidar a mi papá. Que el juez me haya confiado esa responsabilidad, eso me da alegría. Es un privilegio poder hacerme cargo de sus necesidades y de su bienestar. Siento que estoy devolviendo en parte todo lo que los padres les dan a los hijos, todo el cuidado. Nuestros papás nos cuidaron mucho. Yo crecí en una familia donde eso fue así. Entonces, claro, quisiera estar solo ahí, apapachando, pero hay un tema organizacional que nadie te dice que existe. Y el llamado es a eso: a que las instituciones tengan la perspectiva de la persona que cuida. Para que los procesos se faciliten y el cuidador pueda dedicarse a lo que realmente importa. “Todos nos hacemos un plan de ruta para después de jubilarnos, pero nadie considera qué pasa si te toca cuidar a alguien. No estamos preparados”. Autor: POR ARTURO GALARCE. Médico cirujano especializada en longevidad y antienvejecimiento, Silvana es la curadora legal de su padre, Nelson Acosta, el ex director técnico que llevó a Chile al Mundial de Francia 98. En esta entrevista, relata la dimensión menos visible del alzhéimer que padece su papá: los trámites, plazos y exigencias que recaen sobre las familias y personas a cargo de un paciente dependiente. Su experiencia, dice, da cuenta de una realidad cada vez más extendida en Chile a medida que la población envejece. “Estos procesos se supone que son para ayudar a las personas que están siendo cuidadas, pero al final lo que hacen es dificultar el cuidado”, asegura Silvana. SILVANA ACOSTA, HIJA Y CURADORA LEGAL DE NELSON ACOSTA: “Todos nos hacemos un plan de ruta para después de jubilarnos, pero nadie considera qué pasa si te toca cuidar a alguien. No estamos preparados”. Silvana afirma que falta una perspectiva institucional que facilite los trámites que deben realizar los cuidadores en representación de las personas mayores. “Hasta pagar tributos, hacer la declaración de renta. No es una queja hacerlo, es lo difícil que te lo hacen”. G “Siento que estoy devolviendo en parte todo lo que los padres les dan a los hijos, todo el cuidado”, dice. La foto es de un 18 de septiembre en el campo de San Vicente de Tagua Tagua, hace dos décadas. Aparece su padre, ella y sus dos hijos, Diego (de entonces 4 años) y Natalia, de 13.