Autor: POR MARÍA TERESA CÁRDENAS MATURANA
ANDREA BAJANI rompe el orden de las familias
ANDREA BAJANI rompe el orden de las familias “¡ Me gustaría que existiera un día tipo! ”, dice Andrea Bajani (Roma, 1975) desde su casa en Houston. Y agrega que lo único constante en su vida es levantarse antes del amanecer. “Normalmente, alrededor de las 5, pero si estoy escribiendo una novela, pongo la alarma a las 4. Esa hora en la que afuera todavía está oscuro, en la que vivir y escribir son lo mismo: un interregno. Es una hora mágica, en la que aún no se ha apagado la temperatura del sueño y la de la realidad sigue lejos”, describe el escritor, ganador del Premio Strega 2025 por El aniversario. “Escribir dos o tres páginas, con una taza de café que vuelvo a llenar constantemente, mientras en casa todos siguen durmiendo, es lo irrenunciable de mi existencia”, afirma. Y cuenta que precisamente a esa hora responde esta entrevista por correo electrónico.
El resto del día incluye la enseñanza, “que es como una prolongación de la escritura, la familia y mi vida extranjera, en Texas, a nueve mil kilómetros de mi país”. Otros tantos kilómetros deberá recorrer para llegar este lunes a Santiago, donde participará, a las 18:00 horas, en el ciclo La Ciudad y las Palabras, que organiza el Doctorado de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica, con apoyo de “El Mercurio” y, en este caso, del Instituto Italiano de Cultura. Escritor residente en la Universidad de Rice, Andrea Bajani es también autor de otras premiadas novelas, así como de cuentos, teatro y reportajes. Acerca de su rutina y las condiciones que necesita para escribir, detalla: “Soy un hombre de rituales, y creo que entre los rituales y la escritura hay una relación muy estrecha. La condición primaria para escribir, para mí, es leer poesía. A menudo, y sobre todo antes de dormir. Y, además, las personas: encontrarlas, conocerlas.
Tengo hambre de conocimiento, de vidas ajenas”. En El libro de las casas los personajes no se identifican con nombres propios, sino con el rol que desempeñan en un enrarecido y violento entramado familiar: Padre, Madre, Yo, Hermana, Abuela. Y la inolvidable Tortuga. Más allá: Esposa e Hija. Sus existencias y relaciones están narradas a través de las casas físicas o emocionales que habitan en distintos momentos, en un ir y venir no cronológico.
La realidad del país, en tanto, con su propia violencia, se cuela a través de Prisionero Aldo Moro, el líder democratacristiano secuestrado y asesinado en 1978 y Poeta: el polifacético Pier Paolo Pasolini, muerto en 1975, el mismo año del nacimiento de Yo. Y de Andrea Bajani. El aniversario, por su parte, ajusta el foco en los inquietantes mecanismos que mueven a esa misma familia. “El verdugo, la víctima, el hijo ruin que intenta mediar. Y la hija antagonista, si hubiera estado presente”, se lee ya avanzada la novela, cuando el lector ha transitado por desgarradores episodios de violencia y maltrato, narrados con una prosa contenida y precisa. Aunque son autónomas y cada una se basta a sí misma, ¿concibió ambas novelas como un proyecto mayor? Me gusta que lo plantee así. Todos mis libros juntos constituyen un proyecto, que de algún modo se construye por etapas. Periódicamente tengo que cerrar una historia, enviarla a imprenta, ponerle un título. Y sale un libro. Pero eso es solo una etapa, que me permite evolucionar lo suficiente como para concebir el siguiente. Sin esa evolución no tendría nada que escribir, porque no me interesa contar historias o publicar libros en sí mismos. Me interesa un recorrido de conocimiento. Cuando terminé El libro de las casas pensé, como siempre, que ya no tenía nada que decir.
Y, sin embargo, de la nada, sin premeditación, nacieron las primeras líneas de El aniversario. ¿Tuvo que ver con el encierro de la pandemia la idea de escribir una novela a partir de las casas? ¿ Empezó a trabajar en ella en ese período? En realidad, mucho antes, al menos tres años, durante una residencia en la American Academy en Roma. Lo que ocurrió después es que la publicación coincidió con la pandemia y adquirió, también por esa razón, un eco mucho más fuerte. La casa se había convertido en un centro poderoso: salvación y prisión al mismo tiempo. Sobre la opción de construir una historia de vida a través de fragmentos ordenados de manera no cronológica, explica: “Fue una elección natural. Y aunque pueda sonar experimental dentro de un relato escrito, es lo que nos ocurre cada día. A cada hora, con la mente, casi sin darnos cuenta, transitamos por nuestras edades anteriores y, por tanto, por los lugares en los que hemos vivido.
Sabemos que la construcción lineal del tiempo es solo una convención, para no rendirnos al caos. ¿Por qué eligió nombrar a los personajes con sus roles: Madre, Padre, Abuela, Yo? Surgió por instinto y simplemente lo acepté. Me dije que la persona que habitaba cada casa en distintos momentos de la vida se llamaba “Yo” a cualquier edad, aunque en realidad se hubiera convertido en alguien distinto. Como ocurre con el tiempo: solo por comodidad nos ilusionamos con ser la misma persona que éramos, porque decimos “yo” a cualquier edad, hablando de nosotros mismos.
“Yo”, “Padre”, “Madre” dicen, creo, algo de una condición humana universal, que me interesa más que la individual. ¿Se identifica de alguna manera con Tortuga, este ser paciente que lleva su casa a cuestas? ¡ La Tortuga es mi personaje favorito de la novela! También llegó quién sabe de dónde, de alguna parte de mi inconsciente. Sin duda es la más profesional en la construcción de casas. Y además es heredera de los dinosaurios, así que también sirve para burlarse un poco de los humanos.
Como diciendo que ellos también se extinguirán como especie, y por lo tanto, no tiene mucho sentido que les den tanta importancia a sus pequeñas preocupaciones. ¿Incluir los asesinatos de Aldo Moro y de Pasolini fue una forma de relacionar la violencia al interior de la familia y la violencia del país? Las dos violencias son inseparables. Me impactaba pensar que en la casa donde el político Aldo Moro fue secuestrado y encerrado por las Brigadas Rojas después vivieron otras personas. Sin saber nada, sin ni siquiera imaginar lo que había ocurrido en esas mismas habitaciones, donde ellos iban a dormir. Y, sin embargo, esa violencia la respiraban, ese dolor entraba en sus pulmones y en su corazón. Lo mismo ocurre con Pasolini, probablemente asesinado por haber conectado demasiado la violencia pública con la privada, por haber abierto las casas del poder y haberlas mostrado a muchos. Pienso en quienes, de niños, están expuestos a la violencia colectiva: no la recuerdan, pero la llevan en el subconsciente. Ese sistema de vasos comunicantes es lo que me interesa.
En El aniversario se lee: “En ese acceso, a través de la invención, a lo que el recuerdo no posee estriba precisamente la fuerza brutal de la novela”. “A través de su máquina de pensamiento explica, la novela produce una realidad que antes no existía. Por eso me fascina mucho más que la no ficción o el memoir. Porque la novela es desde siempre un género inquieto, que contiene lo vivido, lo imaginado, lo leído, lo escuchado, y que a través del lenguaje se transforma en otra cosa. Se convierte de hecho en una historia que concierne a todos. Los cientos de personas que me han dicho que El aniversario era su historia en cada detalle hablan exactamente de esto. La novela arrastra a todos, invade, activa la vida de los lectores. Por eso es fascinante y peligrosa a la vez. ¿Cómo concibe en ese sentido la memoria? La memoria es un depósito interesante. Podríamos decir incluso que no hay otra cosa que memoria, porque nuestra relación con el mundo es un conjunto de desencadenantes. Vivimos una experiencia, de un libro, una persona, una situación, solo a partir de lo que recordamos. Y escribir, como dice Peter Handke en ese libro extraordinario que es Desgracia impeorable, no es más que recordar y formular. Toda historia que inventamos nace en ese caldero que llamamos memoria, hecho de cosas nuestras y también ajenas, que terminaron hirviendo allí. “Inventar” es dejar que el lenguaje saque cucharadas de ese caldo, en el que ni siquiera nosotros sabemos qué hay. El aniversario toma su título de la conmemoración de un gesto radical: diez años del corte definitivo con una familia dañada. El narrador define como “migración adinerada” la que muchos se han atrevido a realizar para huir de los padres. Sobre las particularidades de esta, señala: “Toda migración es dolorosa por razones distintas. Está la herida de la no pertenencia, de la soledad, sea cual sea el punto de partida. Y contiene una gran contradicción entre el instinto de salvarse y la soledad que ese instinto produce.
La que relato en El aniversario es un tipo de paradoja muy humana. ¿Cuántas personas se han ido de su país de origen con la excusa del trabajo o el estudio, pero en realidad para salvarse de contextos familiares asfixiantes, incluso violentos? Muchísimas. Eso dice mucho de la naturaleza así de primitiva de la familia en general.
Que sigue siendo el organismo social más extendido que el ser humano haya inventado para protegerse y, al mismo tiempo, es una especie de encierro forzado entre cuatro paredes, donde todo estalla”. ¿Cuál es su mirada sobre la otra migración, la que viven miles de personas desplazadas de sus países por la guerra, la violencia o el hambre? Una mirada de profundo dolor y desconcierto. A veces me dan ganas de llorar pensando en el algoritmo desquiciado que somos como especie, en cómo nos estamos autodestruyendo. Eso duele aún más. Entonces abro mi cuaderno de apuntes o el computador y empiezo a escribir una historia. ¿Para contrarrestar esta caída libre? No lo sé. En sus novelas se refleja el valor que le da al lenguaje poético. Me gusta que volvamos al punto de partida. La poesía lo es todo para mí. Diría que toda la literatura nace de allí. Sobre todo, enseña a cuestionar la versión oficial. La poesía se rehúsa a aceptar las frases tal como se usan habitualmente, las rechaza. Por eso ha sido mal vista por las dictaduras: porque es exactamente lo contrario de la propaganda. Los mejores escritores y las mejores escritoras son poetas, incluso cuando no escriben poesía: Kafka, Virginia Woolf, Rilke, Faulkner, Onetti, Beckett y adelante hasta Bolaño, Kristof, Sylvia Plath. Y la ironía que hay en sus libros, ¿es una defensa contra el dolor? Es la esencia de cualquier intento de acercarse a la verdad, y de toda escritura literaria. Tomar distancia, elegir un punto de vista distinto del que te asignaron.
El aniversario, en el fondo, es eso: un hijo que no acepta la versión patriarcal codificada por el padre y por la sociedad entera, que prevé que la madre sea invisible y que el padre pueda ser violento, y decide escribir una versión diferente. Elige un punto de vista alternativo. Esto es irónico, aunque sea doloroso.
En El aniversario, Yo conmemora una liberación. ¿Ha logrado también entender la violencia narcisista de Padre y la sumisión cómplice de Madre? ¿ Es posible el perdón cuando no hay conciencia ni arrepentimiento del daño causado? Esta es una pregunta enorme, a la que no creo que se pueda responder. La literatura, sin embargo, creo que llega a lo profundo, donde el punto no es el perdón, o no solo, sino el misterio de por qué somos lo que somos. “Toda historia que inventamos nace en ese caldero que llamamos memoria, hecho de cosas nuestras y también ajenas, que terminaron hirviendo allí”. Autor: POR MARÍA TERESA CÁRDENAS MATURANA.
Reconocido con el Premio Strega en 2025 por El aniversario y finalista del mismo galardón con El libro de las casas, en 2022 —ambas novelas publicadas en español por Anagrama—, el escritor italiano explora la violencia que puede imperar al interior de una familia y la difícil y radical decisión de salvarse cortando todo vínculo con ella. Este lunes participará en el ciclo La Ciudad y las Palabras, que organiza el Doctorado de Arquitectura de la UC.
“Toda historia que inventamos nace en ese caldero que llamamos memoria, hecho de cosas nuestras y también ajenas, que terminaron hirviendo allí”. “¿Cuántas personas se han ido de su país de origen con la excusa del trabajo o el estudio, pero en realidad para salvarse de contextos familiares asfixiantes, incluso violentos? Muchísimas”.