Autor: LILIAN OLIVARES
Quién es Armando Fernández Larios, el militar chileno que colaboró con la justicia de EE.UU. para juzgar los crímenes de la DINA
Quién es Armando Fernández Larios, el militar chileno que colaboró con la justicia de EE.UU. para juzgar los crímenes de la DINA “Estábamos en guerra y eran nuestros enemigos”. La deserción de un capitán del Ejército de Chile en pleno régimen militar, y su confesión en Estados Unidos sobre cómo la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) del gobierno de Augusto Pinochet planificó el asesinato en Washington de Orlando Letelier, excanciller del gobierno de Salvador Allende, fue una de las noticias más impactantes de la segunda década de los 80 en el país. En enero de 1987, el nombre del entonces mayor de Ejército Armando Fernández Larios, de 37 años, se convirtió en protagonista de un acontecimiento de ribetes internacionales. Estaba casado y tenía hijos.
Conocidos suyos de aquel tiempo dicen que fue su familia la razón por la que rompió el “pacto de silencio” sobre los crímenes que cometieron la DINA y luego la Central Nacional de Informaciones (CNI) en tiempos de Manuel Contreras.
Trabajaba en el servicio secreto, tuvo un rol en el asesinato del excanciller Letelier y sabía que su vida corría peligro donde estuviere, pues Michael Townley el agente chileno-norteamericano que activó la bomba asesina en Washington estaba desde 1978 en manos de la justicia norteamericana junto a unos cubanos que participaron en el homicidio. Precisamente Townley entregó al FBI el nombre de Fernández Larios, lo que le permitiría a la agencia estadounidense descifrar la cadena de mando de la DINA.
La deserción de Fernández y su entrega a Estados Unidos contó con los apoyos de la Vicaría de la Solidaridad, la Nunciatura Apostólica y mandos del propio Ejército, que veían con amargura la repercusión internacional que estaban teniendo los “operativos” del “Mamo” Contreras con su gente. n Pinochet le pidió lealtad; él le prometió obediencia Lo sorprendente fue que Fernández Larios se reunió con el general Augusto Pinochet antes de iniciar su viaje sin retorno. Y cuando el comandante en jefe le pidió lealtad, él le prometió obediencia. Partió hacia Brasil y desde ahí a Estados Unidos. Durante enero y febrero de 1987 la prensa tuvo historia diaria. “Traición”, titulaban unos, mientras otros victimizaban al capitán.
Las revistas de oposición de entonces celebraban que por primera vez un oficial de Ejército colaborara con la justicia revelando el actuar de la DINA en ese y otros crímenes, porque después siguió con más historias. La información proveniente del gobierno, en tanto, enfatizaba que el oficial solo buscaba beneficios personales ante la justicia norteamericana. Ante ello, comenzó a circular una supuesta declaración de Fernández Larios que se titulaba “No soy un desertor”. Decía que no quería seguir encubriendo crímenes ordenados por sus superiores.
Al tiempo admitió que había sido miembro del escuadrón del general Sergio Arellano Stark en octubre 1973, participando en la operación conocida como “Caravana de la Muerte”, que hacía juicios de guerra y acababa con la vida de personas que consideraba enemigos sin juicios.
En febrero de 1987, Fernández Larios se declaró culpable de ser “cómplice después del hecho”, violando así el estatuto de EE.UU. sobre asesinatos de oficiales extranjeros, por la bomba que mató al excanciller y a su secretaria, Ronni Moffitt. Desde esa fecha residió en Miami Dade County, estado de Florida.
Por su colaboración con la justicia fue declarado testigo protegido. n Enjuiciado y condenado en Estados Unidos Notoriamente envejecido, Fernández Larios reapareció públicamente en septiembre de 2003, cuando concurrió a declarar en un juicio por tortura y ejecución extrajudicial del ingeniero comercial de 28 años Winston Cabello Bravo, jefe provincial de la Oficina de Planificación Nacional (Odeplan) y militante del Partido Socialista detenido el 12 de septiembre en la Intendencia de Copiapó y trasladado a un regimiento. La víctima fue ejecutada junto a otras 12 personas en la madrugada del 17 de octubre de 1973 durante el paso de la “Caravana de la Muerte” a la que él pertenecía. Fue condenado a pagar US$ 4 millones a la familia de Winston Cabello, lo que pudo materializar con el trabajo que desempeñaba hasta ahora en el sector inmobiliario. También fue procesado por torturas y secuestros en el norte de Chile, y por el crimen del diplomático español Carmelo Soria. Ahora está en la lista de “lo peor de lo peor”. Y deberá volver a Chile a enfrentar la justicia 39 años después. Autor: LILIAN OLIVARES. Tras el homicidio de Orlando Letelier en Washington, huyó de Chile protegido por la Vicaría, la Nunciatura, la diplomacia norteamericana y un sector del Ejército adversario del general Manuel Contreras. Ahora la nación norteamericana anuncia su expulsión: Así lucía en sus últimos días en Chile, hace casi cuatro décadas. Su imagen más reciente, publicada por el ICE de Estados Unidos en el sitio web que anuncia su pronta deportación. Así lucía en sus últimos días en Chile, hace casi cuatro décadas.