Columnas de Opinión: Cuando el cuerpo también piensa
Columnas de Opinión: Cuando el cuerpo también piensa Durante décadas el aprendizaje de la matemática ha sido abordado como un proceso principalmente mental, silencioso y estático. Se ha asumido que comprender un número, una operación o una figura geométrica es un ejercicio que ocurre en la cabeza, mediado casi exclusivamente por símbolos escritos y representaciones abstractas. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que aprender matemática es también un acto corporal. El cuerpo no acompaña al pensamiento: lo constituye. Desde el paradigma enactivo pensar se entiende como una acción situada a través del movimiento, la percepción y la interacción con el entorno. Bajo esta mirada, aprender matemática no consiste en internalizar definiciones, sino en ponerlas en acción, explorarlas, sentirlas y coordinarlas corporalmente. Una revisión reciente de investigaciones en educación matemática muestra un panorama limitado: la producción científica sobre este tema es escasa. Se requiere indagar en el uso de materiales concretos como apoyo para llegar a representaciones simbólicas, profundizar en el cuerpo como recurso de aprendizaje y dialogar de manera sistemática con la educación física. La operatoria básica, sumar, restar, multiplicar y dividir, se construye inicialmente como una acción corporal: juntar, separar, repetir y repartir, son acciones que se hacen desde la primera infancia. Antes de nombrar figuras en el espacio, los niños lo habitan, se orientan, giran, cruzan, rodean objetos, anticipan posiciones y direcciones. En ese tránsito corporal emergen nociones fundamentales de la geometría. Aquí es donde la articulación entre educación matemática y educación física se vuelve no solo deseable, sino necesaria. La clase de educación física ofrece un espacio privilegiado para explorar patrones, secuencias, medidas, trayectorias y relaciones espaciales desde el movimiento. La invitación es a reconocer que ambas disciplinas comparten una base común: el cuerpo en acción. Integrar prácticas corporales al aprendizaje matemático implica ampliar el rigor de la construcción de conceptos, en la cual el movimiento otorga sentido a lo abstracto. El aprendizaje se vuelve más profundo, significativo e inclusivo, especialmente para aquellos estudiantes que no logran acceder a la matemática únicamente desde el papel y el lápiz. Pamela Reyes Académica investigadora Facultad de Educación Universidad de Las Américas. OPINIÓN Pamela Reyes Académica investigadora Facultad de Educación Universidad de Las Américas