Cartas: Cuando el cuerpo también piensa: matemáticas en movimiento
Cartas: Cuando el cuerpo también piensa: matemáticas en movimiento PAMELA REYES Académica investigadora Facultad de Educación Universidad de Las Américas Durante décadas el aprendizaje de la matemática ha sido abordado como un proceso principalmente mental, silencioso y estático. Se ha asumido que comprender un número, una operación o una figura geométrica es un ejercicio que ocurre en la cabeza, mediado casi exclusivamente por símbolos escritos y representaciones abstractas. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que aprender matemática es también un acto corporal. El cuerpo no acompaña al pensamiento: lo constituye. Desde el paradigma enactivo pensar se entiende como una acción situada a través del movimiento, la percepción y la interacción con el entorno. Bajo esta mirada, aprender matemática no consiste en internalizar definiciones, sino en ponerlas en acción, explorarlas, sentirlas y coordinarlas corporalmente. Una revisión reciente de investigaciones en educación matemática muestra un panorama limitado: la producción científica sobre este tema es escasa. Se requiere indagar en el uso de materiales concretos como apoyo para llegar a representaciones simbólicas, profundizar en el cuerpo como recurso de aprendizaje y dialogar de manera sistemática con la educación física. La operatoria básica, sumar, restar, multiplicar y dividir, se construye inicialmente como una acción corporal: juntar, separar, repetir y repartir, son acciones que se hacen desde la primera infancia. Antes de nombrar figuras en el espacio, los niños lo habitan, se orientan, giran, cruzan, rodean objetos, anticipan posiciones y direcciones. En ese tránsito corporal emergen nociones fundamentales de la geometría. Aquí es donde la articulación entre educación matemática y educación física se vuelve no solo deseable, sino necesaria. La clase de educación física ofrece un espacio privilegiado para explorar patrones, secuencias, medidas, trayectorias y relaciones espaciales desde el movimiento. La invitación es a reconocer que ambas disciplinas comparten una base común: el cuerpo en acción. Integrar prácticas corporales al aprendizaje matemático implica ampliar el rigor de la construcción de conceptos, en la cual el movimiento otorga sentido a lo abstracto. El aprendizaje se vuelve más profundo, significativo e inclusivo, especialmente para aquellos estudiantes que no logran acceder a la matemática únicamente desde el papel y el lápiz. Hoy, cuando la escuela enfrenta el desafío de formar alumnos activos, creativos y criticos, resulta urgente replantear cómo enseñamos matemática. Tal vez la pregunta no sea cómo lograr que los niños se queden quietos para aprender, sino qué ocurre cuando les permitimos moverse. Porque cuando el cuerpo entra en juego, la matemática deja de ser una serie de símbolos ajenos y se transforma en una experiencia vivida..