Editorial: Recuerdo de la tragedia de 2010
Editorial: Recuerdo de la tragedia de 2010 La historia de Chile está marcada por los terremotos, porque cada cierto tiempo sufre con fuerza los embates de la naturaleza. Y nuestra Región del Biobío sabe de ello.
Por estos días se realizan los esfuerzos por ayudar a las miles de familias que en los incendios forestales perdieron sus viviendas debido a los incendios forestales, especialmente en las localidades de Penco, Lirquén y Tomé. Ello se ha expresado tanto en las operaciones de los organismos públicos para ayudar con subsidios para que los afectados puedan reconstruir sus casas, como en las donaciones que han realizado personas y entidades privadas.
En este ambiente, hoy se cumplen dieciséis años desde que el 27 de febrero de 2010 un terremoto de magnitud 8.8 Richter golpeó la zona comprendida entre Valparaíso hasta La Araucanía, con epicentro en nuestra Región del Biobío. Éste ha sido considerado uno de los más fuertes ocurridos en el mundo desde que existen registros, y fue seguido de un tsunami que arrasó varias localidades costeras e islas. Dejó escenarios inimaginables y rostros inconsolables, con 525 muertos (126 por el tsunami), 800 mil damnificados y daños que se calcularon en más de 30.000 millones de dólares. Las principales industrias de nuestra Región quedaron paralizadas, desaparecieron plantas pesqueras; algunos barrios y edificios quedaron en el suelo o fueron destruidos por el maremoto, como ocurrió con Dichato. El 27/F constituyó la prueba de que el país no estaba preparado para una catástrofe de esta magnitud. Sin embargo, la reconstrucción del sistema productivo fue rápida. Las toneladas de escombros fueron retiradas; los puertos, los puentes y las carreteras se reconstruyeron, y los edificios co lapsados fueron demolidos. En pocos años, Talcahuano o Dichato, por ejemplo, se reconstruyeron y son muy diferente a lo que mostraban las fotografías y videos aquel 27/F. Renacieron con mayor empuje, por el esfuerzo conjunto de autoridades y sus habitantes. La mayoría de las familias soportaron en forma estoica las miles de réplicas que registraron los sismógrafos. Se pusieron de pie y de jaron atrás la tragedia, aunque en el recuerdo quedó el dolor de quienes perdieron a sus seres queridos o sufrieron la destrucción de sus viviendas. Hubo un gran dinamismo inmobiliario impulsado por el proceso de reconstrucción. Hoy la ciudadanía puede apreciar la cantidad de edificios, conjuntos habitacionales y centros comerciales nacidos post terremoto. La Región se levantó rápido, reordenó su aparato productivo, mientras las autoridades adoptaron las políticas económicas que favorecieran el crecimiento, la inversión, y se construyeron casas para damnificados. Las aseguradoras pagaron más de 8.000 millones de dólares en indemnizaciones a personas y empresas en el país para mitigar las pérdidas y retomar la normalidad. La relación forzada de nuestra población con los sismos entrega lecciones para estar preparados ante la fuerza de la naturaleza. Hemos aprendido de los errores del pasado. Qué hacer, dónde ir y qué implementos tener en el hogar, son preguntas que la mayoría de las personas conocen y que pueden salvar la vida ante una emergencia. Tras el 27/F se aprobaron nuevas normas de diseño sísmico y estructura de edificios y parámetros técnicos respecto del hormigón armado. En esa oportunidad también quedaron al desnudo las falencias de coordinación entre organismos y la falta de información fidedigna a la ciudadanía respecto a la catástrofe.
La Onemi se transformó en el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), y ha incorporado avances y desarrollos tecnológicos, como las alarmas de evacuación por celular, que se han puesto en práctica con motivo de los incendios forestales. Es de esperar que también el proceso de reconstrucción de las viviendas destruidas por los recientes incendios forestales tenga la prioridad que se requiere y que las familias puedan levantarse de esta nueva tragedia.
El terremoto y tsunami dejó escenarios inimaginables y rostros inconsolables, con 525 muertos (126 por el maremoto), 800 mil damnificados y daños calculados en más de 30.000 millones de dólares.. Editorial El terremoto y tsunami dejó escenarios inimaginables y rostros inconsolables, con 525 muertos (126 por el maremoto), 800 mil damnificados y daños calculados en más de 30.000 millones de dólares.