MALALCAHUELLO, bajo el sol del verano
MALALCAHUELLO, bajo el sol del verano “Esta es la joyita de la Araucanía Andina”, dice con genuino entusiasmo Juan Pablo Vergara apenas nos bajamos de su jeep y nos comenzamos a preparar para una caminata que promete.
El objetivo es llegar hasta la laguna Espejo, un ojo de agua turquesa que se forma por el deshielo del glaciar Sierra Nevada, uno de los tantos volcanes de esta región, pero para eso primero debemos atravesar un tupido bosque de lengas, coihues y araucarias, luego subir hasta el nacimiento del río Punta Negra que también proviene del glaciar y tiene una cascada de unos 100 metros y, finalmente, avanzar entre las piedras hasta la mentada laguna, donde podremos ver una de las postales más espectaculares de toda esta zona. En total, unos 19 kilómetros ida y vuelta, siempre en subida, que debiéramos recorrer en unas 8 o 10 horas de caminata, a paso lento. Es decir, un trek que promete. Pero primero, un poco de contexto. Hoy, a las 8 de la mañana en punto, nos hemos encontrado con Juan Pablo Vergara en el hotel del centro de esquí Corralco, ubicado dentro de la Reserva Nacional Malalcahuello-Nalcas, donde nos estamos quedando.
La idea es probar varias actividades al aire libre, de distinta dificultad, en una zona que comúnmente se asocia al invierno, a la nieve, o al otoño para sacar fotos, pero que en verano también resulta muy atractiva.
Y como queremos sacarle provecho a la experiencia, ir con Juan Pablo le da un valor agregado: no solo es instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña (ANGM), sino también creador de Fourwalking, un proyecto que lo ha llevado a recorrer a pie junto a su esposa Carolina Arriagada y sus hijos pequeños Colomba y Roca gran parte de la Patagonia y otros lugares, viajes que ha ido contando en una cuenta de Instagram del mismo nombre. “Yo suelo subir a la Sierra Nevada desde Malalcahuello, pero en invierno: vamos con esquíes y luego nos tiramos por la ladera, entre las araucarias. En esa época está todo nevado.
De hecho, la laguna Espejo ni siquiera se ve”, dice Juan Pablo, mientras ajusta su mochila en la que, como buen guía de montaña, lleva de todo: comida, agua, cuerdas, botiquín, incluso un dispositivo para hacer reanimación. Una de las gracias de hacer este tipo de actividades con un buen guía tiene que ver con la seguridad, desde luego, pero también con el conocimiento de la ruta.
En el caso de este trek es aún mejor: resulta que casi toda la información que existe en internet para llegar hasta la laguna Espejo dice que la caminata comienza justo después del túnel Las Raíces, donde está el inicio de la ciclovía que lleva hasta Lonquimay.
Desde allí hay que bajar hacia el río y cruzarlo, lo que obliga a mojarse los pies de entrada (no existe puente para atravesarlo, y aunque tiene poco caudal, a veces puede venir crecido, producto del deshielo, lo que es un riesgo). Pero como Juan Pablo sabe y desde su cargo en la ANGM impulsa especialmente la creación de buenas prácticas y protocolos de acceso a estos senderos, lo que hacemos nosotros es avanzar un kilómetro más y entrar en un campo privado en el cual él previamente solicitó acceso. Allí estacionamos, ganamos algunos metros de recorrido y, lo mejor, nos saltamos el cruce del río Punta Negra. Todo lindo, todo seguro. Lo que viene desde allí es un sendero siempre visible, que en rigor corresponde a antiguas rutas madereras de la zona.
Es cierto: son casi 9 kilómetros de subida hasta la laguna Espejo (lo que uno ve al partir es solo una parte del glaciar Sierra Nevada; la laguna está justo debajo) y casi 1.000 metros de desnivel, pero la huella va subiendo de a poco, en círculos y zigzags, así que no se sienten demasiado, salvo que haga mucho calor.
Y como en verano el día es muy largo, vamos a paso lento, y además está el entorno (los cerros tapizados de araucarias, los pájaros carpinteros martillando en el bosque, el gran salto del cristalino río Punta Negra y, finalmente, la hermosa laguna Espejo, que aparece al final de la ruta), la experiencia se vuelve muy disfrutable. Tanto que hasta los tábanos pasan a segundo plano. En bici hasta Lonquimay Malalcahuello se ha vuelto tan conocido y taquilla que ya son pocos los que lo llaman por su nombre.
Hoy, más bien, le dicen “Malalca”, un lugar que en unos 10 o 15 años pasó de ser un simple pueblito rural a uno de los destinos más apetecidos de la Araucanía Andina, donde el valor de los terrenos se disparó y cada vez aparecen más segundas viviendas, parcelaciones y otros exclusivos proyectos inmobiliarios. Allí donde antes no había más que algunos centros termales, hoy se encuentran restaurantes, alojamientos boutique y agencias de turismo, y mejores caminos para llegar hasta ellos. El centro de esquí Corralco, por cierto, ha sido uno de los principales impulsores de este cambio. En sus alrededores hay cada vez más casas y florecen distintos emprendimientos relacionados con la nieve en invierno, sí, pero también con el deporte outdoor en verano. De hecho, Corralco acaba de ser sede del Transandes Challenge, una carrera de mountainbike por etapas que ya lleva 17 ediciones y acaba de congregar a 150 ciclistas de distintas partes del mundo. El atractivo está a la vista apenas uno se aproxima: pocos lugares tienen un escenario natural tan fotogénico para pedalear, en este caso conformado por volcanes, bosques de araucarias y valles donde corren ríos cristalinos.
En nuestro segundo día veraniego en Corralco, lo que nos proponemos es hacer algo parecido, pero muchísimo más accesible: recorrer los 19 kilómetros de la ciclovía Las Raíces, que va desde el túnel Las Raíces hasta Lonquimay sobre el trazado de la antigua línea ferroviaria que existió en esta zona y que alguna vez se proyectó hasta Argentina, lo que nunca se concretó.
En 1971, un estudio de EFE concluyó que era “socialmente conveniente” que el ramal llegara hasta allá, pero en 1982 se suprimieron los trenes regulares en esta ruta y ya hacia 1997 dejaron de circular definitivamente. Los puentes se desarmaron, la vía férrea se desmanteló y los rieles se pusieron a la venta.
Para recuperar parte de este patrimoO I B M A R A M E G R O J nio histórico, en 2018 la Municipalidad de Lonquimay construyó la ciclovía (siguiendo el ejemplo de la que une Manzanar con Malalcahuello, pasando por túneles ferroviarios, y que se inauguró en 2011) y el año pasado instalaron una serie de paneles en las seis estaciones del recorrido donde uno puede enterarse de toda esta historia. Sin duda, esta es una de las mejores ciclovías de Chile. No solo por el paisaje, abierto, bucólico, flanqueado por flores y campos, sino además porque recorrerla es un agrado: es prácticamente plana, de comienzo a fin. Hacerla con niños, incluso si pedalean poco, podría resultar un panorama imbatible.
Nuevamente, la gracia de esta ruta fue ir junto a otro muy buen guía local: Loida Quezada, nacida en Malalcahuello y apasionada ciclista, que ha recorrido sobre dos ruedas buena parte de esta región y puede hablar de primera mano sobre la historia, naturaleza y cultura de estas localidades. O C L A R R O C A poco andar, pedalear con Loida significa, por ejemplo, aprender harto sobre piñones: no de bicicletas, sino de las araucarias. Son el fruto y alimento fundamental del pueblo pehuenche.
“Este año las araucarias están cargadas de piñones”, dice Loida cuando terminamos de pedalear por la ciclovía y luego entramos al pueblo de Lonquimay, desde donde comenzaríamos a subir unos kilómetros con al apoyo inconmensurable de nuestras bicicletas eléctricas, en las que hicimos este paseo por la cuesta Las Raíces, que está llena de araucarias. “En la cultura pehuenche se dice que cuando hay muchos piñones, que se cosechan en verano, el invierno siguiente será duro. Por eso la naturaleza envía alimento suficiente para sobrellevarlo”, explica Loida, y uno ya intuye que, si los pehuenches tienen razón, los hermosos paisajes de la Araucanía Andina volverán a llenarse de nieve este año.
A pie entre araucarias A cuerpo de rey, lo bueno de quedarse en el hotel de Corralco es que uno puede salir a caminar durante 8 a 10 horas hasta la laguna Espejo, o pedalear en subida por una parte de la cuesta Las Raíces (es cierto, en este caso fuimos en bicis eléctricas: aun así hay que pedalear y la subida se siente), pero hacia la tarde regresa a un hotel que está siempre calientito (no dan nunca ganas de abrigarse, sino al contrario), con cocina gourmet, piscina temperada y abierta, jacuzzi y spa con masajes y otras terapias.
Además, si uno quiere moverse poco, el hotel está a pasos de varios senderos que se adentran en la Reserva Nacional Malalcahuello, algunos muy sencillos, como uno llamado Araucaria milenaria, que en solo un kilómetro conduce a una enorme araucaria que, aparte de su tamaño, tiene una característica notable: una abertura en su interior de unos 3 metros de altura, por lo que uno puede entrar en el árbol.
Desde allí seguimos avanzando por otro sendero, Coloradito, que poco a poco va subiendo por las laderas boscosas hasta llegar a un primer mirador, desde donde se tienen muy lindas vistas hacia el valle y el volcán Lonquimay. Esta vez también vamos con guía, Alejandra Lembach Vega, que se vino de Santiago a Curacautín hace tres años junto a su marido y su hija, lo que también hace especial este recorrido.
“Lo que queríamos era darle una vida mejor y distinta a nuestra hija, así que llegar a este territorio, privilegiado y ancestral, para nosotros fue tremendo”, dice Alejandra mientras caminamos bajo un bosque de lengas y, de pronto, nos quedamos en silencio para corroborar esa sensación: dos pájaros carpinteros están martillando el tronco de un árbol, generando a juicio de quien escribe uno de los sonidos más lindos que se pueden escuchar en la naturaleza.
Cerca del hotel también hay otro sitio espectacular, al que se puede llegar en auto, por el camino a Lolco: el llamado Mirador de volcanes, una plataforma de madera desde donde se tiene una gran vista hacia el Lonquimay, el Tolhuaca y también al cráter Navidad, un cono volcánico del Lonquimay que se formó un 25 de diciembre de 1988, cuando hizo erupción y dejó una impresionante colada de lava que se ve perfecto desde el mirador y que avanzó poderosa entre medio de las laderas y los bosques. Justamente, los efectos de la erupción del cráter Navidad se ven mejor ahora, en pleno verano, la época que nos trajo hasta Corralco y Malalcahuello. En invierno, en cambio, todo suele estar cubierto de nieve. D HÁGALO USTED MISMO Todas las actividades descritas en este artículo se pueden organizar desde el hotel Corralco (Corralco. com), pero también de forma independiente, con operadores locales.
Para el trek a la laguna Espejo y otras rutas de montaña puede contactar a Juan Pablo Vergara, instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña (cel. +569 8505 3262; Instagram @fourwalking). Arriendo de bicicletas eléctricas en Malalcahuello con la empresa Isoterma Cero (IsotermaCero. cl). Otras actividades y paseos guiados por la Araucanía Andina con Etnika EcoAventura (cel. +569 8505 3262; Instagram @turismo_etnika).. Aunque comúnmente se asocia a la nieve y el esquí, la localidad de Malalcahuello, en la Araucanía Andina, sigue activa en verano. Con base en Corralco, estas actividades al aire libre, que se aproximan de distintas formas a sus volcanes, bosques de araucarias y ríos cristalinos, son una buena forma de comprobarlo. TEXTO Y FOTOS: Sebastián Montalva Wainer, DESDE LA REGIÓN DE LA ARAUCANÍA. BOSQUES. Así son las vistas durante la subida a la laguna Espejo, a los pies del volcán Sierra Nevada. EN BICI. La guía Loida Quezada en la ciclovía Las Raíces, que corre durante 19 kilómetros por la antigua línea férrea. A PIE. La guía Alejandra Lembach Vega en el sendero Coloradito, Reserva Nacional Malalcahuello. TAMAÑO. El salto del río Punta Negra tiene unos 100 metros de caída. En invierno, todo este sector suele estar cubierto de nieve. AIRE LIBRE. De izquierda a derecha: El mirador Patachoique, una escala imperdible en la cuesta Las Raíces, tiene vistas hacia el Lonquimay y el Tolhuaca. La piscina al aire libre del hotel Corralco, ideal para el verano, tiene esta gran panorámica hacia el Lonquimay. Juan Pablo Vergara, instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña y fundador de Fourwalking. HITO. El salto del río Punta Negra, que nace de la laguna Espejo. La ruta se recorre en unas 8 a 10 horas ida y vuelta. HOTEL. Corralco abre todo el año y ha sido clave en el desarrollo de este pueblo. AIRE LIBRE. De izquierda a derecha: El mirador Patachoique, una escala imperdible en la cuesta Las Raíces, tiene vistas hacia el Lonquimay y el Tolhuaca. La piscina al aire libre del hotel Corralco, ideal para el verano, tiene esta gran panorámica hacia el Lonquimay. Juan Pablo Vergara, instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña y fundador de Fourwalking. AIRE LIBRE. De izquierda a derecha: El mirador Patachoique, una escala imperdible en la cuesta Las Raíces, tiene vistas hacia el Lonquimay y el Tolhuaca. La piscina al aire libre del hotel Corralco, ideal para el verano, tiene esta gran panorámica hacia el Lonquimay. Juan Pablo Vergara, instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña y fundador de Fourwalking. ARTE. En Lonquimay hacen artesanías con picoyo, resina de araucarias. TESORO. Los pájaros carpinteros se suelen ver en estos senderos. MALALCAHUELLO, bajo el sol del verano. BOSQUES. Así son las vistas durante la subida a la laguna Espejo, a los pies del volcán Sierra Nevada. EN BICI. La guía Loida Quezada en la ciclovía Las Raíces, que corre durante 19 kilómetros por la antigua línea férrea. A PIE. La guía Alejandra Lembach Vega en el sendero Coloradito, Reserva Nacional Malalcahuello. TAMAÑO. El salto del río Punta Negra tiene unos 100 metros de caída. En invierno, todo este sector suele estar cubierto de nieve. AIRE LIBRE. De izquierda a derecha: El mirador Patachoique, una escala imperdible en la cuesta Las Raíces, tiene vistas hacia el Lonquimay y el Tolhuaca. La piscina al aire libre del hotel Corralco, ideal para el verano, tiene esta gran panorámica hacia el Lonquimay. Juan Pablo Vergara, instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña y fundador de Fourwalking. HITO. El salto del río Punta Negra, que nace de la laguna Espejo. La ruta se recorre en unas 8 a 10 horas ida y vuelta. HOTEL. Corralco abre todo el año y ha sido clave en el desarrollo de este pueblo. AIRE LIBRE. De izquierda a derecha: El mirador Patachoique, una escala imperdible en la cuesta Las Raíces, tiene vistas hacia el Lonquimay y el Tolhuaca. La piscina al aire libre del hotel Corralco, ideal para el verano, tiene esta gran panorámica hacia el Lonquimay. Juan Pablo Vergara, instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña y fundador de Fourwalking. AIRE LIBRE. De izquierda a derecha: El mirador Patachoique, una escala imperdible en la cuesta Las Raíces, tiene vistas hacia el Lonquimay y el Tolhuaca. La piscina al aire libre del hotel Corralco, ideal para el verano, tiene esta gran panorámica hacia el Lonquimay. Juan Pablo Vergara, instructor de la Asociación Nacional de Guías de Montaña y fundador de Fourwalking. ARTE. En Lonquimay hacen artesanías con picoyo, resina de araucarias. TESORO. Los pájaros carpinteros se suelen ver en estos senderos.