Tu nombre me sabe a Talca
Tu nombre me sabe a Talca Rodrigo Contreras Vergara Premios, escuelas y monolitos recuerdan a talquinos ilustres. José Donoso, Stella Corvalán, Lorenzo Varoli. Aunque en el caso de Donoso, su vínculo es familiar, ya que no nació en Talca. Y sumamos a Mario Kreutzberger que aún no tiene calle ni premio N o aspiro a que una plaza lleve mi nombre. Tampoco una calle, ni siquiera un pasaje. Ni se me pasa por la cabeza una escuela. Mucho menos un concurso de cuentos. Lo mío es morirme y que mis cenizas se esparzan en un cerro desde donde pueda mirar un río que va desapareciendo. Y listo. Además, no soy talquino. Porque estoy hablando de Talca. Hablo de los homenajes postreros, esos que no se sueñan, que no se dicen en voz alta, que solo se pueden ver uniendo los puntos que dejamos de pistas. Leí a José Donoso en la enseñanza media. No tengo idea de por qué a la profe se le ocurrió que leyéramos "El jardín de al lado". A estas alturas no recuerdo mucho la historia. Pero supongo que algo quedó. Después por mi cuenta leí "La desesperanza" que, al menos, me dejó un saborcito a metáfora. Y ya en la universidad me di a la laboriosa tarea que propone "El obsceno pájaro de la noche". Llegué a la meta, aunque sin muchas certezas. Todo eso ocurrió hace siglos, cuando mi olfato no estaba del todo desarrollado. Después llego a Talca y me entero que Donoso tiene su corazoncito talquino. Su familia, digamos. Porque él nació en Santiago. Poco antes de bajarme en el terminal de buses, Guillermo Olivares, periodista de El Centro, entrevistaba a José Donoso, invitado al aniversario de la Universidad de Talca en 1996. Dictó una clase magistral y le entregaron la condecoración al mérito "Abate Juan Ignacio Molina". Comenzaba a gestarse el Premio Iberoamericano de Letras.
Olivares le pregunta cómo la región formaba parte de su libro "Conjeturas sobre la memoria de mi tribu". Y Donoso, ya de vuelta de todo, con 72 años, enfermo de un cáncer que lo llevaría a la tumba poco más de un mes después de su visita, le respondió: "Bueno sí, el libro tiene relación con la región, porque yo estimo que la gente tiende a perder la noción de su pasado, no se ubica en lo que es. Entonces está ahí pretendiendo cosas que no tiene derecho a pretender". ¿Qué quiso decir? Primero, creo que tanto Olivares como Donoso pensaron al preguntar y responder en Talca y no en la región. Y segundo, que Donoso apuntaba a la pretensión talquina, que olvida o pretende olvidar cuestiones o partes que simplemente no le gustan, sin escuchar razones, de ser lo que no se es.
El mito de "Talca, París y Londres". Como pretender que un escritor que ni siquiera nació en Talca ni tuvo una relación adulta estrecha con la ciudad, lleve el nombre de un premio, usufructuando de su reconocimiento internacional. Como si una universidad local instaurara el premio Mario Kreutzberger a la figura televisiva del año. Y mire usted que Don Francisco sí nació en Talca. Tuve la oportunidad, bajo orden perentoria de mi jefe en ese entonces, de entrevistar en Diario Talca a Kreutzberger vía Zoom mientras cumplía el confinamiento en Miami durante la pandemia. Habló con cariño de Talca. Hizo recuerdos.
Y sentenció: "Para mí Talca tiene un gran significado porque, está bien, me fui de ahí muy chico, gran parte de mi vida no la viví en Talca, la viví en Santiago, pero uno nunca olvida el lugar donde nació". Es raro que no exista una calle, una plaza, un premio que lleve su nombre. Bueno, habrá que esperar a que se muera. Es la ley del reconocimiento tardío. Hay otros nombres. Como el de Stella Corvalán, escritora rescatada en el último tiempo con libros y reseñas reivindicativas. Además del premio que entrega cada año la Municipalidad de Talca. En sus últimos años, Stella mantuvo una relación compleja con Talca.
Escribió en uno de sus diarios: "Tenía razón Juana de Ibarbourou al decir que el nacer en Chile no fue bueno para mí, he sido últimamente vejada en la ciudad de Talca, a la que ya no me une ni un solo lazo de afecto y sí una quinta en donde se ha depositado el sumun de mis vivencias humanas y a la que algunos desalmados enturbian con sus bajas pasiones.
No tengo allí quien me defienda y soy para muchos la `poetisa loca'. Ojalá volviera a nacerles en el futuro otra con la locura que a mí me atribuyen". Uf, todo sea por un reconocimiento que rescate del anonimato, que le enseñe a las nuevas generaciones que el pasado existe aunque no se vea. Por último, unas palabras para el más veloz de todos, el de la figura rotunda y el corazón pequeño. Rescatado del olvido con una escuela en la Población Manso de Velasco y un cruce y un monolito. Lorenzo Varoli Gherardi fue héroe en la prehistoria de las comunicaciones. Vitoreado y esperado con arcos de triunfo tras sus hazañas automovilísticas. Cualquier talquino sabe de qué hablamos cuando hablamos del cruce Varoli. Ese es un reconocimiento bonito. Que el auxiliar del bus te pregunte dónde bajas. Y tú respondas, en el cruce Varoli. O en Varoli a secas. Hay que mirar hacia atrás para no caerse de bruces o chocar siempre con la misma piedra. Hay que ponerle nombres propios a las calles y a los premios, hay que levantar estatuas y monolitos, para no olvidarse de Talca y de los talquinos. José Donoso. Stella Corvalán. Don Francisco con pocos meses de vida en la plaza de Talca junto a su padre, Erich, y su mamá, Anni. Lorenzo Varoli.
Eli sa C ab ot/Flic kr/W ik ip edi a A rc hi vo de S te lla C or va la n, CD P U ni ver sid ad de T alc a A rc hi vo fa mi lia K reu tzb er ger A rc hi vo J aim e G onz ale z C ol vi lle.