Editorial: Cuando la emergencia se vuelve permanente
Editorial: Cuando la emergencia se vuelve permanente A un año de la irrupción de la mosca de la fruta en el Limarí, lo que debió ser una contingencia acotada se ha transformado en una crisis persistente que tensiona no solo la capacidad de respuesta del Estado, sino tambien la subsistencia de cientos de familias que dependen del agro. El problema ya no es únicamente sanitario: es económico y social. Los testimonios recogidos en Monte Patria son elocuentes. Productores que no pueden vender, cosechas que pierden valor y restricciones que, si bien buscan contener la plaga, terminan golpeando directamente a quienes viven de la tierra. A ello se suma un escenario de sequía que agrava aún más la fragilidad del territorio. Desde el nivel local, las críticas apuntan a la gestión del Servicio Agrícola y Ganadero, cuestionando la efectividad de las medidas y la lentitud en los procesos. Si bien el organismo destaca avances en tiempos de respuesta, la percepción en terreno sigue siendo de descoordinación y falta de soluciones oportunas. El desafío es complejo: proteger el estatus fitosanitario del país sin asfixiar la economía local. Para ello, no basta con fiscalizar. Se requiere una estrategia integral que incorpore flexibilidad, apoyo directo a los productores y una mayor articulación con las comunidades. Cuando una emergencia se extiende por tanto tiempo, deja de ser excepcional.
Y en ese punto, lo que está en juego no es solo el control de una plaga, sino la confianza en las instituciones y la capacidad de responder con eficacia a las realidades del territorio.. La prolongada crisis de la mosca de la fruta en Monte Patria expone fallas estructurales en la respuesta sanitaria y la falta de apoyo concreto a los agricultores afectados. EDITORIAL