Editorial: Un país más débil y vulnerable
Editorial: Un país más débil y vulnerable D urante una exposición en la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, informó que hubo tres contactos con funcionarios del Gobierno de Estados Unidos -uno de ellos con el subsecretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricosen los cuales la cartera fue advertida de los reparos al proyecto de cable submarino entre China y Chile aprobado, en principio, por la administración Boric. En las conversaciones, los funcionarios estadounidenses transmitieron los riesgos de seguridad en el manejo de datos y la ocurrencia de siete ciberataques desde China a empresas de telecomunicaciones y de la construcción.
De acuerdo con Muñoz, sancionado el 20 de febrero con el retiro del visado para entrar a EE.UU., ante la gravedad de los hechos le planteó a la Presidencia la necesidad de revocar el decreto supremo que autorizaba la concesión con el propósito de evaluar mejor el proyecto. El decreto lo firmó Muñoz el 27 de enero y se anuló dos días después.
El apresuramiento y la opacidad en las decisiones adoptadas reflejan que los sectores del Ejecutivo vinculados con la iniciativa no comprendieron adecuadamente los cambios en el escenario global en términos de la competencia de EE.UU. y China, o que prefirieron ignorar o esquivar tales condicionantes.
A fines del año pasado, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. estableció como una prioridad la contención en la región de potencias extrahemisféricas, como China y Rusia, en áreas críticas -telecomunicaciones, puertos y recursos minerosy la reconfiguración de las cadenas logísticas en un marco de defensa de los intereses nacionales de EE.UU.
La desprolijidad con la que el Gobierno ha tratado el proyecto ha expuesto a Chile a un escenario inoportuno de tensión con sus dos principales socios comerciales, respecto del cual no ha habido una reflexión acabada de la política.
Ciertamente, la configuración de un orden internacional distinto al de las últimas tres décadas es un desafío mayor para el Estado y sus instituciones (la reciente campaña presidencial fue particularmente pobre en materia de definiciones sobre relaciones internacionales). La ausencia de una estrategia nacional actualizada, que permita encarar los alcances de la disputa de EE.UU. y China en la región y la crisis del multilateralismo, hace al país más vulnerable y débil en sus vínculos políticos y económicos.
Asimismo, la idea de que en el caso del cable con China bastaba con la deliberación técnica, sin atender las determinantes geopolíticas, fue equivocada; lo mismo ocurre con la retórica soberanista, en circunstancias que la iniciativa del cable ha sido congelada, en la práctica, por las presiones de una potencia. A juicio del exconsejero del Banco Central Sebastián Claro, habrá que llevar la relación comercial con China "sabiendo que tendremos a EE.UU. respirando fuerte" en la región. En estas páginas, el académico Daniel Loewe ha escrito que la actual coyuntura requiere prudencia, institucionalidad, profesionalismo, pragmatismo y evaluar el riesgo geopolítico de las inversiones.
Los cambios en el tablero internacional constituyen un reto para el futuro presidente, cuyo programa exterior solo aborda la dimensión comercial; desde luego, una tarea esencial para la próxima Cancillería será la gestión de las eventuales presiones que deriven de la contienda global de EE.UU. y China. "La configuración de un orden internacional distinto es un desafío mayor para el Estado".. "La configuración de un orden internacional distinto es un desafío mayor para el Estado".