Un mercado rojo que mueve miles de millones
Un mercado rojo que mueve miles de millones procesado. A nivel mundial, el tomate es el cultivo hortícola más importante por volumen de producción. Según datos de Yara, China es el líder con 25 millones de toneladas, seguida por Estados Unidos (12,2 millones) y países como Turquía, India e Italia, que superan los cinco millones de toneladas cada uno.
En cuanto a tamaño del mercado, un informe de Business Research Company registra que alcanzó los US$ 166.090 millones en 2025, y se espera que crezca a US$ 216.600 millones en 2030, a una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 5,4%. Solo entre 2025 y 2026, el alza llegaría a 5,7%. “Este crecimiento en este período histórico se puede atribuir al incremento del consumo mundial de hortalizas, la expansión del cultivo de tomates en campo abierto, el creciente uso de tomates en la cocina doméstica, la mayor disponibilidad de múltiples variedades de tomates y la ascendente concienciación sobre sus beneficios para la salud”, señala el reporte. No obstante, el sector también enfrenta desafíos.
Para 2026 se avizora un panorama marcado por la volatilidad de precios, exigencias climáticas extremas, la gestión del agua, presiones arancelarias, la creciente competencia con los productores internos en la Unión Europea (UE), las innovaciones tecnológicas y la automatización. En términos de comercio exterior, México se mantiene como el mayor exportador de tomates frescos, seguido de Países Bajos y Marruecos. En procesados, las exportaciones son lideradas por Italia y Estados Unidos. China, España, Brasil y AKINOM / MOC. LEXIPWAR Grecia son otros procesadores de gran volumen. CHILE COMPITE EN PROCESADOS En Chile, el tomate es la hortaliza con mayor presencia en los hogares. Las zonas productoras se concentran principalmente en las regiones de Valparaíso, OHiggins y Maule. Como exportador, nuestro país no compite masivamente en el mercado de tomate fresco, sino que en el de tomate procesado.
El Observatorio de Complejidad Económica (OEC World, por sus siglas en inglés) ubica a Chile en el séptimo puesto del ranking mundial de exportadores de tomates procesados, con una participación global de 3,81%. Según datos de ProChile, durante 2025 nuestro país exportó US$ 8 millones en tomates frescos, con Argentina como destino único. En tanto, los envíos de tomates procesados (conserva, puré y jugo) llegaron a US$ 260 millones, con Japón (12,4% ), Argentina (11,62% ) y EE.UU. (6,24%) como los tres compradores principales. PROYECCIONES Y TENDENCIAS El mercado del tomate fresco en Chile sigue siendo altamente sensible a los precios internos y la estacionalidad regional. En cambio, la industria del tomate industrial en Chile vive un momento de optimismo.
Según el World Processing Tomato Council (WPTC) el panorama general muestra que el hemisferio sur mantiene condiciones favorables para la producción de tomate industrial, con Chile liderando en superficie cultivada y rendimiento potencial, mientras que Argentina proyecta el mayor volumen total de producción. DESAFÍOS CLAVE En esta industria los retos más importantes se han desplazado de la cantidad a la eficiencia operativa y al cumplimiento de estándares internacionales de sostenibilidad. En este sentido, el sector chileno de procesados enfrenta cinco desafíos clave. En primer lugar, el impacto de las normativas de salud global, especialmente en cuanto al contenido de sodio y azúcares añadidos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsa reducciones drásticas de sodio en alimentos procesados, lo que obliga a las plantas procesadoras chilenas a reformular sus productos para no perder competitividad en mercados exigentes como la Unión Europea. Segundo, la concentración y competencia por el suelo, ya que el tomate industrial requiere grandes extensiones de tierra con alta radiación solar.
En Chile, la expansión urbana en las regiones de OHiggins y Maule está desplazando las áreas de cultivo de tomate, enfrentándose también la competencia directa de frutales de exportación (como cerezos) que ofrecen retornos por hectárea potencialmente más altos, lo que a su vez presiona a la industria del tomate a elevar sus rendimientos para mantener la viabilidad económica. Tercero, la volatilidad de los fletes y costos energéticos, que tienen fuerte impacto al ser un producto que se exporta mayoritariamente en grandes volúmenes.
El portal especializado Tomato News destaca que, aunque los costos de fletes se han estabilizado tras la pandemia, la incertidumbre en las rutas comerciales y el costo de la energía para las plantas de evaporación representan hasta el 30% de los costos totales de producción de pasta de tomate. En cuarto lugar, las exigencias de trazabilidad y huella hídrica por parte de compradores industriales.
Chile necesita estandarizar la medición de la huella hídrica en toda su cadena, para demostrar que cada tonelada de pasta se fabricó con un uso eficiente del agua, factor crítico para asegurar contratos de largo plazo con Japón y México, destinos clave del producto. Y, finalmente, la automatización de la cosecha. A diferencia del tomate fresco, el tomate industrial debe recolectarse de forma 100% mecánica para ser rentable, por lo que se requiere renovar maquinaria de alto costo.
La escasez de mano de obra rural en Chile ha acelerado esta necesidad, obligando a los productores a una inversión de capital intensiva.. Con una producción global en crecimiento, el tomate se mantiene como el rey de las hortalizas. En Chile, la industria se desplaza estratégicamente hacia el valor agregado, posicionándose como el séptimo exportador mundial de tomate ESCENARIO GLOBAL: