Autor: EDUARDO MORALES F.
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@ Año nuevo, pero el mismo gobierno. El caso de la madre de la ministra Aguilera se ha convertidoen una imagen nítida de los valores que hoy predominan en la administración actual. No solo por el trato preferente que rodeó su atención, sino por la declaración posterior de no renunciar, amparada en una superioridad moral que parece inmunizar a la autoridad frente a cualquier responsabilidad política. El problema no es únicamente el privilegio, sino la convicción de que este puede justificarse sin consecuencias. Sin embargo, la crítica de fondo no debe agotarse en un caso particular. El verdadero escándalo es un sistema de salud que obliga a decidir quién vive y quién espera, quién accede a tratamiento y quién queda relegado por falta de recursos, camas o gestión. Esa lógica no es accidental, es el resultado de años de desorden institucional, malas prioridades y una incapacidad persistente del Estado para cumplir su función básica. Este gobierno ha fallado en salud de manera evidente, pero no de forma repentina. Lo ha hecho con continuidad, con improvisación y con una retórica moralizante que no se traduce en soluciones reales. La salud en Chile no puede seguir siendo rehén de la incompetencia política ni de la administración ideológica del sufrimiento. Debe ser una prioridad estructural, gestionada con responsabilidad, criterios claros y respeto efectivo por la dignidad de las personas. RODRIGO SALINAS R. Renuncia Antiguamente, la lealtad a la empresa estaba por sobre todo. Hoy, sin embargo, vemos cómo jóvenes talentosos abandonan buenos puestos simplemente porque el ambiente no se alinea con sus principios. Esto no es irresponsabilidad, es la llamada "renuncia consciente". La psicología organizacional nos muestra un cambio profundo: la lealtad ya no es hacia una marca, sino hacia la propia salud mental. Las empresas que no entiendan esto, se quedarán vacías.
Correo Salud Venezuela La intervención de Estados Unidos en Venezuela, justificada en la retórica de la emergencia -crisis humanitaria, colapso institucional, amenaza regional-, vuelve a poneren evidencia una fragilidad estructural del orden internacional: cuando una situación es definida como excepcional, el derecho internacional carece de mecanismos eficaces para imponer sus propios límites. Carl Schmitt advertía que soberano es quien decide sobre el estado de excepción. En un sistema internacional sin soberano, esa decisión no desaparece: se desplaza hacia los actores con capacidad real de imponerla. La excepción no niega el derecho; lo suspende, revelando su dependencia última del poder que puede actuar cuando la norma resulta insuficiente. Pero reconocer esta realidad no implica aceptar soluciones simplistas.
La crisis venezolana no se resolvió-ni resolveráúnicamente apelando al diálogo, como sostienen algunos líderes latinoamericanos y actores internacionales que hoy critican la intervención, pese a que durante años fueron incapaces de reaccionar críticamente frente a la progresiva y abierta vulneración de las libertades, los derechos humanos y el orden democrático en Venezuela. Esa inacción también es parte del problema. Con todo, tampoco es aceptable consagrar el ejercicio unilateral de la fuerza como respuesta legítima. El precedente que hoy invoca Estados Unidos podría mañana ser utilizado por Rusia o China bajo la misma lógica de excepción, vaciando de contenido cualquier límite jurídico internacional.
El desafío pendiente es otro: construir reglas democráticas internacionales efectivas que permitan poner freno real a dictaduras crueles y sistemáticamente violatorias de los derechos humanos, sin normalizar la excepción ni entregar la soberanía global al más fuerte. Mientras esa arquitectura no exista, el mundo seguirá oscilando entre la impotencia jurídica y la decisión unilateral, entre un derecho sin fuerza y una fuerza sin derecho.
Fútbol Iniciar el nuevo año con tres equipos de futbol en primera división es una alegría y felicidad para toda la región del Biobío, sabiendo que la cesantía nos golpea con fuerza y no hemos podido bajar de dos dígitos, sumado a que los empresarios no apuestan por invertir en la región, luego del cierre de industrias emblemáticas.
La invitación es a cuidar nuestros estadios y apoyar en forma sana y en familia el deporte, no queremos delincuencia ni violencia, necesitamos volver a renacer y gritar con fuerza los triunfos y goles, porun año de emprendimiento, sueños y nuevas energías. Felicidades para el 2026. VALENTINA SANHUEZA JUAN PABLO CANEO Lectores@diarioelsur.cl Autor: EDUARDO MORALES F.. VALENTINA SANHUEZA JUAN PABLO CANEO Lectores@diarioelsur.cl