Autor: NICOLÁS GARCÍA DE VAL
La polarización electoral llega a las universidades brasileñas
La polarización electoral llega a las universidades brasileñas L a polarización política que atraviesa a Brasil de cara a las elecciones de 2026 comenzó a trasladarse también a las universidades, donde profesores, investigadores y estudiantes mantienen una creciente disputa sobre pluralismo ideológico, libertad académica y límites del debate político dentro de los campus.
La expresión más evidente de esto fue el manifiesto firmado por cientos de docentes universitarios en el que denunciaron un ambiente de autocensura y presión ideológica imperante en los centros de estudio; así como el contra-manifiesto divulgado por otro grupo de profesores, que criticaba al primero.
El manifiesto original sostiene que en las universidades se multiplican campañas de denuncia en redes sociales, protestas contra invitados, presión sobre docentes y episodios de cancelación o interrupción de actividades académicas vinculadas a temas políticamente sensibles, como identidad de género, racismo, feminismo, cuotas raciales o posiciones asociadas al bolsonarismo. Sus firmantes afirman que profesores y alumnos comenzaron a evitar ciertos temas por temor a exposición pública, sanciones administrativas o campañas virtuales de hostigamiento. El documento defiende la neutralidad institucional, la libertad académica y el derecho al disenso, y advierte sobre una creciente “conformidad ideológica” dentro del ambiente universitario.
La discusión escaló rápidamente a la prensa y las redes sociales, y derivó en un contramanifiesto también firmado por cientos de académicos que cuestiona la idea de que exista una censura sistemática dentro de las universidades públicas y sostiene que muchas de las tensiones actuales están ligadas a las transformaciones sociales ocurridas en los campus tras la expansión de las políticas de cuotas raciales y sociales.
El intercambio de manifiestos ocurre en un contexto de creciente tensión política ante las presidenciales de 2026, en las que temas ligados a identidad, cuotas raciales y libertad de expresión volvieron a instalarse en el debate público. Dirigentes vinculados al bolsonarismo han acusado a las universidades de “adoctrinamiento ideológico”, mientras sectores de izquierda denuncian una ofensiva contra las políticas de inclusión. La polarización no se limita al debate entre manifiestos.
Este mes, estudiantes de la Universidad de So Paulo salieron a las calles para exigir mejoras en las condiciones de estudio, alimentación y vivienda estudiantil, en una de las mayores movilizaciones universitarias de los últimos años. La protesta reflejó otra dimensión de las tensiones que atraviesan a las universidades públicas brasileñas en un año electoral.
Lo que dicen los académicos Verônica Toste Daflon, profesora de la Universidad Federal Fluminense (UFF) y firmante del primer manifiesto, dijo que “muchos docentes pasaron a monitorear lenguaje, ejemplos y referencias bibliográficas para evitar denuncias, campañas de exposición pública o conflictos institucionales”. Para respaldar ese diagnóstico, citó una encuesta del Instituto Sivis realizada en 2025, según la cual el 48% de los estudiantes universitarios brasileños afirmó haber evitado debatir temas polémicos en la sala de clases en el último año.
Toste también mencionó una investigación en curso desarrollada por tres universidades que ya relevó más de 120 casos públicos de controversias vinculadas a la libertad académica, incluyendo campañas de denuncia, interrupciones de eventos, procesos administrativos y episodios de violencia física.
Según la académica, las presiones provienen “tanto de la derecha como de la izquierda”, y afectan incluso las decisiones didácticas cotidianas: qué autores incluir en los programas, qué ejemplos usar en clase o qué formulaciones conceptuales evitar.
Christian Lynch, académico de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), dice que durante décadas predominó en los campus una izquierda académica tradicional basada en disputas de ideas y tesis, pero el escenario cambió con la expansión del acceso universitario y el fortalecimiento de corrientes políticas ligadas a identidades raciales y de género.
“La discordancia pasó a ser leída como una falta moral o ética”, afirmó, agregando que los períodos electorales tienden a amplificar esas tensiones, ya que la universidad se transforma recurrentemente en un símbolo de la polarización política brasileña.
La otra lectura del problema Del otro lado del debate, el cientista político Joo Feres Junior, profesor de la UERJ, ha sido un crítico del primer manifiesto al cuestionar la idea de que exista una polarización simétrica dentro de las universidades.
“La universidad es crecientemente más plural”, afirmó, agregando que el crecimiento de la polarización en Bras i l e s t u v o marcado principalmente “por el crecimiento y radicalización de la derecha”. Aunque r e c o n o c i ó q u e “hay exageraciones y aberraciones en acciones de colectivos de izquierda radical”, sostuvo que esos episodios no pueden ser comparados con las campañas políticas externas contra las universidades, como los ataques a las políticas de acción afirmativa o los recortes presupuestarios. Amanda Mendonça, investigadora de la UFF, afirmó que existe una presión creciente para evitar determinados temas en las salas de clase. “Muchos docentes comenzaron a evitar debates sobre género, racismo, medio ambiente, intolerancia religiosa, sexualidad o derechos humanos por temor a exposición pública, denuncias o campañas virtuales de hostigamiento”, sostuvo. La académica agregó que las redes sociales ampliaron los conflictos universitarios al facilitar la circulación de grabaciones, recortes de clases o acusaciones descontextualizadas contra profesores.
Uno de los casos más resonantes ocurrió en la Universidad de Brasília, donde un estudiante y youtuber grabó sin autorización clases del profesor de Historia de África Estevam Thompson, publicó los videos con títulos que lo acusaban de “adoctrinamiento comunista” y fue condenado en dos instancias por difamación e injuria.
Thompson calificó la sentencia, confirmada en abril pasado, como “una victoria de todos los docentes que tienen su libertad de enseñar amenazada por campañas d e d i f a m a c i ó n ideológica”. Leonardo Avritzer, profesor de la UFMG y firmante del primer manifiesto, afirmó que e x i s t e e f e c t i v a mente un ambiente de polarización dentro de las universidades brasileñas, aunque consideró exageradas algunas interpretaciones sobre el fenómeno. Según el académico, sectores de derecha han atacado a las universidades y mantienen una agenda crítica de las políticas de acción afirmativa y de integración racial. Sin embargo, añadió que algunos sectores universitarios también han reaccionado “de forma equivocada”, intentando restringir espacios de debate académico.
El propio primer manifiesto anticipa ese escenario: advierte que cuando la falta de pluralismo no se enfrenta desde adentro, las universidades quedan expuestas a intervenciones externas, y cita como ejemplo lo ocurrido en Estados Unidos, donde esa omisión derivó en restricciones de contenidos curriculares, reconfiguración de departamentos e interdicción de agendas de investigación. n Crisis de confianza Una encuesta realizada en 2025 por la ONG More in Common, en asociación con el instituto Quaest, reveló que el 59% de los brasileños confía poco o nada en las universidades públicas, el 54% cree que estas instituciones promueven más ideología que enseñanza de calidad, y el 51% considera que las universidades privadas son mejores. Los firmantes del primer manifiesto citaron esos datos como evidencia de una crisis de reputación que las instituciones deben enfrentar desde adentro. DIVISIÓN Los académicos brasileños están divididos entre los que defienden uno u otro manifiesto. Autor: NICOLÁS GARCÍA DE VAL. Dos manifiestos enfrentados y cientos de firmas de académicos de todo el país reflejan una disputa sobre qué temas se pueden debatir en los centros de estudio.
El debate sobre libertad académica divide a los campus: n Crisis de confianza Una encuesta realizada en 2025 por la ONG More in Common, en asociación con el instituto Quaest, reveló que el 59% de los brasileños confía poco o nada en las universidades públicas, el 54% cree que estas instituciones promueven más ideología que enseñanza de calidad, y el 51% considera que las universidades privadas son mejores. Los firmantes del primer manifiesto citaron esos datos como evidencia de una crisis de reputación que las instituciones deben enfrentar desde adentro. DIVISIÓN Los académicos brasileños están divididos entre los que defienden uno u otro manifiesto. ESTUDIANTES DE SÃO PAULO salieron a las calles para exigir mejoras en las condiciones de estudio.