Autor: Rosa Pesutic Vukasovic
Columnas de Opinión: La camada de la sumisión
Columnas de Opinión: La camada de la sumisión Secretaria de Finanzas Regional Aysén Partido Comunista de Chile Así podemos denominar a esa reunión de sumisos a la que convocó Trump bajo el eufemimo de "Escudo de las Américas". No fue un encuentro diplomático, no se realizó en los espacios oficiales del gobierno estadounidense, sino en el ostentoso club de golf de Trump ubicado en Miami. Allí se juntaron algunos presidentes latinoamericanos y unos cuantos líderes de derecha y ultraderecha, Kast incluido. Obviamente Bukele y Milei, los perritos más fieles a los dictados del imperio. Estar en la misma reunión con ellos debió encender las alarmas porque no importa lo que el imperio ordene, ellos cumplen inmediatamente los deseos del amo. El imperio se sacó la máscara con Trump, no hay rodeos para indicar que América Latina es de su propiedad y puede disponer de sus riquezas cuando quiera. Sea éste el petróleo de Venezuela, el canal de Panamá, el litio y las tierras raras de Chile y suma y sigue.
Cuba no tiene nada como eso, nada interesante en términos económicos, pero tiene dignidad, exige respeto y soberanía y eso sí que no lo soporta más el gobierno de Trump (los más de 60 años de bloqueo no bastaron, ahora viene el estrangulamiento para enseñarles a obedecer). ¿Y qué se trató en ese encuentro de vasallos? Empecemos detallando el escenario: se realizó en una de las propiedades privadas del patrón, en Miami, donde gran parte de la población es de origen latino.
Pero Trump aclaró que jamás aprendería ese "idioma maldito". Claro, para patear traseros no necesita hablar la lengua de Cervantes (¿ sabrá quién es Cervantes?) Allí se completó el escenario adornando el encuentro como una cumbre para combatir la actividad criminal de los cárteles y el anuncio de la Coalición Anticárteles de las Américas. Esa es la coartada, es el pretexto para iniciar un nuevo ciclo de injerencia yanqui sobre nuestra América morena. Quedó clara la intención de utilizar fuerza militar letal dentro de nuestros territorios y hubo el compromiso de entrenar y movilizar a las fuerzas armadas de los países socios. Incluso ofreció "misiles directo a la sala" para aniquilar a miembros de los cárteles. Claro que si el misil llega a una escuela con cientos de niños eso sería un daño colateral. .. no aleguen.
Lo que no se mencionó explícitamente, pero que constituyó el objetivo real de la reunión, fue la reactivación de la Doctrina Monroe y el intento por recuperar el control total del continente en un momento de declive relativo de la hegemonía estadounidense. El cártel fue la excusa, lo más relevante fue detener la influencia geopolítica de China.
Nada de cablecitos de fibra óptica a Hong Kong, nada de comercio con ellos. .. América Latina no tendría fronteras ni límites políticos de soberanía, se convertiría en un espacio funcional a una arquitectura militar diseñada en Washington.
Este conjunto de naciones con nombre propio, historia, cultura y también contradicciones, pero con proyectos, pasaría a ser las piezas de un tablero donde se ven corredores comerciales, materias primas, muro contra los rivales (China, Rusia, quien sea) y, sobre todo, DISCIPLINA TERRITORIAL. Lo grave es que los vasallos reunidos en el club de golf del amo estaban felices, no cuestionaron nada, no se alarmaron, no discutieron, todo lo contrario, se sometieron. Ese es el tema: el colonialismo ha vuelto por sus pagos. Sin golpes de estado, sin armas, sólo con la aprobación servil de los nuevos colonizados. Estos se identifican con el opresor, con el amo y son los nuevos gerentes de esta empresa multinacional llamada imperio.
Bukele ve a través de los ojos de Trump, Milei habla con la lengua de Trump, ¿cuál será el órgano con que se identifican los otros presidentes? Ninguno de los presentes en esa reunión defendió a sus países, mal que mal todos eran de derecha. La dignidad la pusieron los que no fueron: Brasil, Colombia y México. Y bueno, Cuba no estaba invitada y aunque lo estuviera no habría ido. Autor: Rosa Pesutic Vukasovic. Opinión