Columnas de Opinión: Los desafíos sociosanitarios que enfrentan las personas, familias y comunidades afectadas por los incendios
Columnas de Opinión: Los desafíos sociosanitarios que enfrentan las personas, familias y comunidades afectadas por los incendios Los incendios forestales ocurridos en la Región del Biobío han generado un profundo impacto social y sanitario.
La pérdida de vidas humanas, la destrucción de viviendas y la afectación de amplios territorios no sólo constituyen una emergencia inmediata, sino que configuran un escenario de riesgo para la salud de personas, familias y comunidades, cuyas consecuencias pueden extenderse en el tiempo. Desde la salud pública, estos eventos conllevan múltiples riesgos. La exposición al humo y al material particulado aumenta la incidencia de problemas respiratorios, especialmente en niños, personas mayores, embarazadas y quienes viven con enfermedades crónicas como asma, patologías cardiovasculares o diabetes. En estos grupos, la interrupción de tratamientos y las dificultades de acceso a los servicios de salud incrementan el riesgo de descompensaciones.
La pérdida de viviendas y el desplazamiento forzado favorecen condiciones de hacinamiento en albergues o soluciones temporales, aumentando la probabilidad de enfermedades infectocontagiosas, como infecciones respiratorias, gastrointestinales y cutáneas, especialmente cuando se ve afectado el acceso a agua potable, saneamiento e higiene. Durante las labores de remoción de escombros y reconstrucción surgen riesgos adicionales. La exposición a polvo, cenizas y materiales contaminados puede provocar afecciones respiratorias, lesiones e infecciones, mientras que las heridas por objetos cortantes aumentan el riesgo de tétanos en personas sin vacunación al día. El uso de elementos de protección personal, como mascarillas, guantes y calzado adecuado, resulta fundamental en esta etapa. En sectores rurales y periurbanos también se incrementa el riesgo de zoonosis, particularmente el virus hanta, debido al desplazamiento de roedores hacia zonas habitadas tras la destrucción de su hábitat. Este riesgo se intensifica durante la limpieza y reconstrucción si no se adoptan medidas preventivas adecuadas. La vacunación cumple un rol clave en este contexto.
Mantener actualizado el esquema antitetánico, reforzar la vacunación contra hepatitis A en poblaciones expuestas y asegurar la continuidad del programa nacional de inmunizaciones en niños y personas mayores son medidas esenciales para prevenir brotes y complicaciones. El impacto psicosocial es igualmente relevante.
La pérdida del hogar, del trabajo y de los medios de subsistencia genera estrés, ansiedad, depresión y duelos complejos, afectando la salud mental y la cohesión social, con especial impacto en niños, adolescentes y personas mayores.
Desde la perspectiva de los determinantes sociales de la salud, la pérdida de vivienda y empleo profundiza la pobreza y la inseguridad económica, limitando el acceso a alimentación adecuada, atención de salud y redes de apoyo. La reconstrucción debe considerar no sólo el entorno físico, sino también la recuperación y articulación de redes de apoyo social y comunitario.
Frente a este escenario, resulta prioritario fortalecer políticas públicas integrales que refuercen la atención primaria de salud en territorios afectados, aseguren la continuidad de cuidados, la vigilancia epidemiológica, el acceso a vacunación, agua potable y vivienda digna, y desplieguen apoyo en salud mental comunitaria.
La coordinación intersectorial entre salud, vivienda, trabajo, educación y medio ambiente, entre otros, es clave para enfrentar la emergencia y reducir las desigualdades que impactan la salud de las comunidades afectadas.. Priscilla Inostroza Salazar Docente de Enfermería Universidad Andrés Bello