COLUMNAS DE OPINIÓN: Más allá de una “broma”... lo que nos están diciendo nuestros jóvenes
COLUMNAS DE OPINIÓN: Más allá de una “broma”... lo que nos están diciendo nuestros jóvenes Bélgica Arizmendy Caiilao Ingeniera en Recursos Humanos En En las últimas semanas, nuestra región ha sido testigo de una situación que no puede ni debe pasar inadvertida, me refiero a las amenazas de tiroteo en diversos diversos establecimientos educacionales.
Más allá de la veracidad de cada caso en particular, el solo hecho de que estas ideas circulen en la mente de niños, niñas y adolescentes, y se expresen de alguna forma, debe encender una alerta profunda profunda en nuestra sociedad. No se trata de generar alarma innecesaria, pero sí de comprender que estamos frente frente a una señal que exige atención. Minimizar estos hechos o catalogarlos rápidamente como “bromas” puede ser un error. En el ámbito de la formación y desarrollo de personas, personas, sabemos que toda conducta tiene un contexto, una historia y, muchas veces, una influencia externa que la moldea. Hoy, uno de los factores que no podemos ignorar es el contenido al que están expuestos expuestos los jóvenes, redes sociales, videojuegos y diversas plataformas digitales que forman parte de su vida cotidiana. En estos espacios circula información, pero también modelos de comportamiento, narrativas de violencia y formas de relacionarse que, sin una adecuada mediación, pueden ser mal interpretadas o incluso normalizadas. Esto no implica responsabilizar exclusivamente a la tecnología o a los juegos, sino más bien reconocer que, sin acompañamiento, estos contenidos pueden influir en etapas etapas donde el criterio aún se está formando. La clave no está en prohibir, sino en educar, educar, orientar y, sobre todo, en estar presentes. Como sociedad, tenemos el desafío de fortalecer el rol de los adultos significativos, familias, docentes y comunidades educativas. Observar cambios de conducta, escuchar activamente, generar espacios de confianza y diálogo se vuelve fundamental. Muchas veces, detrás de una conducta que preocupa, hay una necesidad de ser visto, escuchado escuchado o comprendido. Desde una mirada profesional, particularmente en el ámbito de las relaciones humanas humanas y el desarrollo de enturnos saludables, resulta imprescindible no abordar estos hechos de manera aislada. Se requiere una mirada sistemática, donde la prevención, la educación socioemocional y la convivencia escolar ocupen un lugar central. No basta basta reaccionar ante la crisis; debemos anticiparnos a ella. Asimismo, es relevante que las instituciones educativas cuenten con protocolos claros, claros, pero también con herramientas formativas que permitan trabajar estas temáticas de manera preventiva. La convivencia no se construye solo desde la norma, sino desde la formación de valores como el respeto, la empatía y responsabilidad. Lo que está ocurriendo nos interpela como comunidad, nos invita a preguntarnos qué estamos viendo, qué estamos y, sobre todo, qué estamos dejando de ver. Porque, en muchas ocasiones, las señales están presentas, pero pasan desapercibidas en medio medio de la rutina. Esta no es una tarea de unos pocos, sino un compromiso colectivo. Poner atención no significa vivir con miedo, sino con conciencia. Significa asumir que el bienestar de nuestros niños, niñas y adolescentes depende, en gran medida, de la calidad de los vínculos que construimos cnn ellos. Hoy más que nunca, necesitamos mirar con mayor profundidad, escuchar con mayor mayor intención y actuar con responsabilidad. Porque cuando se trata de nuestros jóvenes, ninguna señal es menor y toda la oportunidad de acompañamiento puede marcar la diferencia. Más allá de una “broma”... lo que nos están diciendo nuestros jovenes. - - - - - -