Autor: NICOLÁS GARCÍA DE VAL
Dos estilos y varios temas pendientes: lo que dejó la cita entre Trump y Xi
Dos estilos y varios temas pendientes: lo que dejó la cita entre Trump y Xi La reunión entre el Presidente estadounidense, Donald Trump, y su par chino Xi Jinping dejó una imagen de distensión y cordialidad, pero también evidenció diferencias importantes tanto en los estilos de negociación como en las prioridades de ambos líderes.
Mientras Trump privilegió los gestos personales, los elogios públicos y la idea de una relación directa entre ambos mandatarios, Xi utilizó la cumbre para insistir en asuntos estratégicos y líneas rojas de largo plazo, como Taiwán y la estabilidad regional. Las diferencias quedaron también en evidencia en los discursos de ambos mandatarios, principalmente en el banquete de Estado celebrado en el Gran Salón del Pueblo.
En su brindis, Trump destacó vínculos culturales e históricos: habló de los trabajadores chinos que construyeron el ferrocarril transcontinental, y remató con un dato de color: “Los restaurantes chinos en Estados Unidos superan en número a las cinco mayores cadenas de comida rápida, todas juntas. Eso es una declaración importante”. Xi, en cambio, situó su intervención en un plano distinto: “Este año marca el inicio del decimoquinto Plan Quinquenal de China.
Los más de 1.400 millones de chinos avanzan en la modernización del país en todos los frentes a través de un desarrollo de alta calidad”, dijo, antes de cerrar con una advertencia que resonó durante toda la cumbre: “China y Estados Unidos no deben arruinar esto”. Diferencia en delegaciones y discursos La diferencia de enfoques se repitió también en las prioridades planteadas por cada gobierno durante las conversaciones privadas.
Trump llegó a Beijing acompañado por una delegación de altos ejecutivos estadounidenses, entre ellos representantes de Apple, Goldman Sachs y Tesla, y puso énfasis en la posibilidad de ampliar compras chinas de productos estadounidenses, especialmente soya, carne y aeronaves. Xi, por su parte, concentró gran parte de sus intervenciones en asuntos estratégicos.
Según la agencia estatal Xinhua, el líder chino advirtió a Trump que Taiwán seguía siendo “el asunto más importante” en la relación bilateral y sostuvo que un manejo incorrecto del tema podría derivar en “choques e incluso conflictos”. Para Allen Carlson, académico de la Universidad de Cornell, la diferencia entre ambos líderes estuvo marcada por el hecho de que Xi llegó a Beijing “con bastante claridad” respecto de sus objetivos especialmente en torno a Taiwán y a la voluntad de sondear el compromiso estadounidense con la isla mientras Trump “pareció entrar a las reuniones sin una idea clara de lo que quería conseguir para sí mismo y para Estados Unidos”. La cuestión taiwanesa dominó buena parte del trasfondo político de la cumbre. Beijing busca frenar las ventas de armas estadounidenses a la isla y reducir el respaldo diplomático de Washington al gobierno taiwanés. Estados Unidos, en tanto, mantiene su política de apoyo militar a Taipei. El secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró durante la visita que no existe un cambio en la posición estadounidense respecto de Taiwán, pese a las advertencias formuladas por Xi.
Ayer Trump llamó tanto a Taiwán como a China a “bajar la temperatura” y manifestó que no quiere que “alguien declare la independencia”. Steve Tsang, director del Instituto SOAS de Estudios Chinos de la Universidad de Londres, sostuvo que la cumbre mostró a una China que “jugó bien una posición fuerte” frente a Trump.
Según el académico, Xi dejó claro que la relación bilateral solo puede desarrollarse “si es manejada correctamente”, pero la implicación de ese mensaje es que China siempre tiene razón y que es Washington quien deberá asegurarse de hacerlo bien, especialmente en Taiwán. Otro de los asuntos que atravesó las conversaciones fue la guerra en Irán y la preocupación por la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
La Casa Blanca informó que ambos mandatarios coincidieron en que la ruta marítima debía permaneSSERPDETAICOSSAEHT cer abierta y Trump afirmó que Xi le prometió que China no enviaría armas a Irán, aunque Beijing no confirmó ese punto en sus comunicados oficiales. Tensiones entre las potencias se mantienen Pese a la relevancia de estos temas, varios de los principales focos de tensión entre ambas potencias quedaron sin resolución concreta. Uno de ellos fue la disputa arancelaria. Trump reconoció ante periodistas que el tema “no surgió” durante las conversaciones, pese a que los aranceles impuestos durante la guerra comercial siguen afectando la relación económica bilateral. Tampoco hubo anuncios relevantes sobre las restricciones estadounidenses a la exportación de tecnología avanzada, especialmente chips para inteligencia artificial, ni sobre el acceso chino a minerales críticos y tierras raras.
Carlson sostuvo que China salió de la reunión con una posición más cómoda, debido a que Xi “realmente no necesitaba obtener nada” concreto de la cumbre, mientras Trump sí requería “una victoria” en temas como Irán o comercio. La ausencia de avances concretos contrastó con el despliegue simbólico de la visita. Trump recibió una recepción con alfombra roja, guardia de honor y un extenso banquete de Estado en el Gran Salón del Pueblo. Xi también invitó al mandatario estadounidense a recorrer Zhongnanhai, el complejo gubernamental donde viven y trabajan los principales líderes del Partido Comunista Chino, un gesto poco habitual para dirigentes extranjeros. La cumbre concluyó sin anuncios de gran magnitud, pero con el compromiso de mantener abiertos los canales de diálogo. Trump invitó a Xi a visitar Estados Unidos en septiembre, en lo que podría convertirse en la próxima instancia de negociación entre ambas potencias.
Entretanto, temas como Taiwán, Irán, los aranceles, la competencia tecnológica y la seguridad regional seguirán marcando una relación que, pese a la cordialidad exhibida en Beijing, continúa atravesada por profundas diferencias estratégicas. n Un complejo importante Trump pasó su última mañana en Beijing dentro de Zhongnanhai, el complejo donde vive y trabaja la cúpula del Partido Comunista Chino. Sus imágenes están censuradas en plataformas digitales de mapas y su acceso está controlado por una unidad militar de élite. Antes de convertirse en el centro del poder chino, fue un jardín imperial de las dinastías Ming y Qing. Tres presidentes estadounidenses habían ingresado antes: Nixon, en 1972, durante su histórico viaje a China; George W. Bush, en 2002; y Barack Obama, en 2014. Xi explicó que eligió el lugar como reciprocidad por la recepción que Trump le hizo en Mar-a-Lago en 2017. Autor: NICOLÁS GARCÍA DE VAL. La cumbre mostró imágenes de cordialidad y gestos simbólicos, pero también expuso diferencias en las formas y prioridades de ambos líderes. Asuntos sensibles en la relación bilateral, como Taiwán, quedaron sin acuerdo. Fin de la cumbre de los mandatarios en Beijing n Un complejo importante Trump pasó su última mañana en Beijing dentro de Zhongnanhai, el complejo donde vive y trabaja la cúpula del Partido Comunista Chino. Sus imágenes están censuradas en plataformas digitales de mapas y su acceso está controlado por una unidad militar de élite. Antes de convertirse en el centro del poder chino, fue un jardín imperial de las dinastías Ming y Qing. Tres presidentes estadounidenses habían ingresado antes: Nixon, en 1972, durante su histórico viaje a China; George W. Bush, en 2002; y Barack Obama, en 2014. Xi explicó que eligió el lugar como reciprocidad por la recepción que Trump le hizo en Mar-a-Lago en 2017. TRUMP Y XI fueron a Zhongnanhai como parte de la visita del estadounidense a China.