Autor: Mauro Basaure Académico de Sociología UNAB y Núcleo Milenio Crispol
Columnas de Opinión: El lapsus de la quiebra del Estado
Columnas de Opinión: El lapsus de la quiebra del Estado A 1 decir que el Estado está en quiebra no solo se cometió un error. Fue un lapsus en sentido freudiano. El ministro de Hacienda debió aclarar que jamás usaría esa palabra: una afirmación así afecta la imagen internacional y el riesgo país. La Contraloría pidió explicaciones sobre los fundamentos fácticos y normativos de esa afirmación oficial. Pero la polémica quedó corta. Se criticó la frase por exagerada, imprudente o técnicamente falsa. Casi nadie vio lo más interesante: no solo decía mal algo sobre las finanzas públicas; decía demasiado bien algo sobre la manera en que se imagina el Estado. "Quiebra" es una palabra empresarial. Designa a una unidad económica que ya no puede cumplir sus obligaciones y que, llegado el caso, puede liquidarse, reorganizarse, despedir, vender activos o cerrar áreas no rentables. Trasladar ese vocabulario al Estado no es inocente. Supone que lo público puede ser pensado como una empresa mal administrada, y que sus problemas deben resolverse con la gramática de la caja, el ajuste, la eficiencia y el recorte. Por cierto, ningún Estado puede gastar ilimitadamente. La responsabilidad fiscal importa. El déficit, la deuda y la falta de liquidez no son ficciones ideológicas. Tienen efectos reales, y muchas veces los pagan precisamente quienes menos tienen. Pero de ahí no se sigue que el Estado sea equivalente a una empresa. Esa diferencia es decisiva. Una empresa responde a propietarios, acreedores, consumidores y competencia. Puede despedir trabajadores, cerrar sucursales, retirarse de un territorio o dejar de producir aquello que no es rentable. El Estado, en cambio, responde ante ciudadanos. Está obligado a sostener continuidad, seguridad, legalidad, integración territorial y legitimidad política. No puede "irse" del territorio, ni "cerrar" una región por sus costos. No puede tratar a enfermos, pobres, viejos o niños como líneas deficitarias, ni despedir ciudadanos. Al contrario, debe estar donde hay más costos. Ahí está el punto político. Pensar al Estado como empresa puede significar imaginar a los ciudadanos como costos; los perdedores del sistema pueden aparecer prescindibles. Esa es la pendiente que la palabra "quiebra" deja ver, aunque haya sido en la forma de un lapsus. El problema no es hablar de gasto público, disciplina fiscal o eficiencia estatal. El problema es que, bajo ese lenguaje, puede desaparecer la pregunta política fundamental: qué obligaciones comunes tenemos con quienes no ganan en el mercado, con quienes no pueden competir, ni son eficientes, rentables o adaptables. Un Estado no es una empresa grande. Es la institución que, de hecho, debe impedir que la sociedad sea solo un mercado. El lapsus importa.
No porque Chile esté en quiebra, sino porque muestra la tentación de gobernarlo como si pudiera quebrar. "Pensar al Estado como empresa puede significar imaginar a los ciudadanos como costos". Autor: Mauro Basaure Académico de Sociología UNAB y Núcleo Milenio Crispol. "Pensar al Estado como empresa puede significar imaginar a los ciudadanos como costos".