Autor: TEXTO Y FOTOS: José Luis M. Vadillo.
SHIRETOKO La guarida de los OSOS PARDOS DE JAPÓN
SHIRETOKO La guarida de los OSOS PARDOS DE JAPÓN L os guardabosques de los Cinco lagos de Shiretoko son tan amables como insistentes.
Saben que están en lo más profundo del corazón de la zona cero de los osos en Japón, la península en el extremo norte de Hokkaido, la isla que registró el año pasado una cifra récord de ataques a humanos, con más de una docena de muertos y 200 heridos. Aquí los accidentes no son cotidianos, pero los avistamientos son una certeza. Por eso, al entrar al recinto hay que rellenar un pasaporte con los datos personales. Después, estar atento a un video en el que explican en inglés y japonés cómo evitar encuentros indeseados con los osos, e incluso cómo comportarse si estos se llegan a producir. A continuación, otro simpático guardabosques repite las instrucciones de viva voz y procura que a todos los visitantes les quede claro. Los turistas, la mayoría japoneses, se miran entre sí con una sonrisa algo forzada que muestra más nerviosismo del que pretende. Ahora sí, listos para salir a un recorrido que se sigue en sentido decreciente, empezando por el número 5.
Cada parada de este paseo, que se hace libremente, es más pintoresca que la anterior, por unas pasarelas de madera que desembocan en láminas de agua que reflejan los montes Iwo, un volcán activo, y Rausu. Suenan en los recodos los tintineos de los cascabeles colgados de las mochilas para evitar encuentros sorpresivos con cualquier animal. El final del sendero comunica con el número 1, una pasarela espectacular, electrificada en su base y accesible incluso con silla de ruedas para los visitantes que llegan desde el estacionamiento.
Pero todas estas prevenciones, ¿tienen su base o solo forman parte de un folclor asustaguiris? Un gran oso pardo que se cruza en la carretera que conecta el centro de interpretación de Shiretoko con los cinco lagos lo deja bien claro. El coche frena en seco y el sistema automático detiene el motor. El plantígrado cruza la carretera, se alza sobre sus patas traseras y golpea con las delanteras el vallado junto al quitamiedos. Apenas mira los dos vehículos detenidos en el asfalto. Parece contrariado por algo. Desanda el camino y con una agilidad sorprendente sube un talud y se interna en el bosque. Y es que para visitar esta bella, singular y salvaje península de Hokkaido hay que estar preparado.
El Centro de la Naturaleza de Shiretoko, a las afueras de Utoro, es un buen lugar para aprender sobre la fauna y la flora local y comenzar a sumergirse en este senderismo con prevenciones que exige este extremo de Japón. En su tienda uno se puede aprovisionar de cascabeles, repelente y toda la información relativa a los osos. Y después, dar un paseíto hasta las cascadas Furepe, un mirador que muestra cómo vierten dos riachuelos al mar.
O hacer el Sendero de los Pioneros, un recorrido circular por el bosque de poco más de media hora en el que hay una vivienda y una granja de la época de la colonización japonesa de esta tierra, a finales del siglo XIX. No es exagerado decir que toda la península de Shiretoko es hogar de osos. No se trata de que los animales se acerquen a los humanos, sino que somos nosotros los que invadimos su territorio. De hecho, la mitad final de Shiretoko carece de carreteras y poblaciones. Más que evitar encuentros indeseados, lo que se busca es preservar esta especie como animal salvaje que no se acostumbre a la civilización. Hay dos pueblos de referencia, Utoro y Rausu, con atractivos más logísticos que turísticos. Por ellos hay que pasar en los trayectos en coche, el medio de transporte ideal: las carreteras están bien cuidadas, bien señalizadas, incluso para los occidentales, y el civismo japonés se impone también al volante. Utoro es un pueblo que vive del mar y por el mar en los siete meses en los que el clima es benigno, de abril a octubre.
Eso lo demuestran su puerto pesquero y sus restaurantes, en los que no hay que perderse el sake oyako don (salmón fresco y huevas sobre arroz), el buey de mar, el erizo o el congrio negro. Cerca de este pueblo están las cascadas Oshin Koshin, que se deslizan sobre las rocas junto a la carretera, frente al océano, un punto ideal para contemplar los atardeceres sobre el mar de Ojotsk.
El punto que divide la parte occidental de la oriental de la península es el paso Shiretoko, en cuya carretera conviven las señales de tráfico de osos cruzando la vía, con carteles que informan de avistamientos de ejemplares de esta especie hambrientos (¿ cómo lo saben?) y unas vistas excepcionales del monte Rausu, el más alto de esta región.
La caminata a lo alto de este pico, no demasiado exigente, y al Iwaobetsu onsen, unos baños termales al aire libre en mitad del bosque, un escenario de cuento, son de lo más recomendable, aunque hay que cerciorarse antes de que no están vetados por la presencia de vida salvaje. La mayor actividad se da entre el 10 de mayo y el 31 de julio, pero en ocasiones se prohíben estos trekkings fuera de este período. La bajada hasta Rausu deja dos joyas escondidas a los lados de la carretera serpenteante. La primera son las cascadas de Kumagoe, con su acceso oculto a la salida de un túnel y a solo 400 metros andando por un sendero angosto. El premio es un bellísimo salto de agua de 15 metros.
La segunda sorpresa es el onsen de Kumanoyu, unas aguas termales comunales antes de llegar a Rausu, de acceso gratuito y muy bien mantenidas, donde únicamente hay que preocuparse de llevar toalla y disfrutar del agua caliente en plena naturaleza. Y olvidarse de los prejuicios, porque también en estos baños se sigue a rajatabla la norma de desnudez total. Una forma completamente diferente de ver la península de Shiretoko es recorrer su costa occidental en uno de los barcos turísticos que salen del puerto de Utoro.
El recorrido mínimo es de una hora y media, pero merece la pena el de cuatro horas para llegar al extremo norte y divisar desde allí las siluetas azuladas de las islas Kuriles, territorio de eterna discordia entre Japón y Rusia. La costa es una sucesión de acantilados de roca volcánica negra coronados por bosques.
La megafonía de los barcos va señalando los nombres que han dado a las formas antropomórficas de las rocas, pero lo más interesante es no perder detalle de lo que ocurre en la orilla por si acaso. Y de repente, ¡bingo! Un ejemplar pasea con dos oseznos junto al río. Merodea el agua y deja a las crías en tierra para zambullirse bruscamente y lanzar de repente varios salmones al aire. Buena pesca. Otros peces saltan ya en el mar, celebrando tal vez haberse salvado de las garras del depredador. También se exhiben alrededor del barco los delfines. El viento es frío en la cubierta, incluso en verano. En los meses de invierno estas navieras ofrecen paseos entre los hielos del océano, cuando todo se congela y los osos hibernan. D © El Mundo Autor: TEXTO Y FOTOS: José Luis M. Vadillo.. Hay un parque japonés que concentra en libertad la mayor población de esta variedad de osos. Está en Hokkaido, se llama Shiretoko y se puede recorrer libremente (con precauciones). MARUKO SUISAN. Un buen restaurante para hacer una escala en Utoro. SEÑAL. Este letrero advierte del paso de osos frente al monte Rausu. CUIDADO. La presencia de osos en Shiretoko no es sólo un atractivo turístico. ATRACTIVO. Una vista a la ruta de los cinco lagos de Shiretoko.