Editorial: Vulnerabilidad y baja inversión
Editorial: Vulnerabilidad y baja inversión los proyectos de inversión pública se desarrollen en territorios de alta vulnerabilidad no puede ser visto como una anomalía estadística. El contraste con la realidad nacional es elocuente. Mientras a nivel país cuatro de cada diez proyectos de inversión pública se emplazan en torno a barrios altamente vulnerables, Antofagasta aparece como un caso crítico, incluso frente a regiones comparables como Atacama o Aysén. Traducido a cifras concretas, solo 11 de los 316 proyectos actualmente en ejecución se desarrollan en estos sectores. El resultado es una ecuación conocida: donde más se necesita inversión, menos llega. Y esa dinámica consolida ciudades fragmentadas, con barrios que envejecen sin renovación, servicios que se deterioran y comunidades que quedan fuera de los beneficios del desarrollo regional. Revertir esta tendencia exige decisiones complejas, pero impostergables.
Modernizar los planes reguladores, aumentar densidades de manera planificada, optimizar el uso del suelo urbano y generar instrumentos que compensen los mayores costos de construcción en zonas vulnerables no es solo una opción técnica, sino una obligación ética. La inversión pública debe ser un instrumento de corrección de desigualdades, no un factor que las perpetúe. Antofagasta enfrenta hoy el desafio de decidir qué ciudades quiere ofrecer. Persistir en un modelo de expansión fragmentada y baja densidad es profundizar la brecha territorial. Apostar por una ciudad más integrada, eficiente y equitativa requiere voluntad política, coordinación institucional y una planificación urbana que ponga a las personas -y no solo al mercadoen el centro del desarrollo. L os datos no solo describen una realidad incómoda, sino que interpelan directamente a la forma en que se planifica la ciudad y se distribuyen los recursos públicos en la Región de Antofagasta. Que apenas un 3% de Las explicaciones apuntan, en gran medida, a un problema estructural de planificación.. Esa dinámica consolida ciudades fragmentadas, con barrios que envejecen sin renovación y servicios que se deterioran. E Editorial Las explicaciones apuntan, en gran medida, a un problema estructural de planificación.