Autor: Juan Correa Peña Director (s) del Hospital San José de Casablanca
Columnas de Opinión: Desinformación + medicina
Columnas de Opinión: Desinformación + medicina E dades con la misma velocidad de una emergencia. En ese espacio sin fronteras, cualquiera puede presentarse como experto, médico o científico, amparado tras un avatar y un puñado de seguidores. Lo que antes era conversación de sobremesa, hoy se convierte en "verdad viral" casi irrefutable para muchos. El acceso irrestricto a la información -y a la desinformaciónnos enfrenta a un fenómeno preocupante: la pérdida del sentido crítico. Cualquier publicación, sin evidencia ni sustento, puede sembrar la duda sobre temas esenciales como las vacunas, el cambio climático o el origen de los virus.
No entraré a discutir si la Tierra es plana, pero sí inquieta que personas influyentes, en Chile y en el mundo, sostengan públicamente que los virus no existen o que las pandemias son una conspiración política para infundir miedo y controlar a la población. Por eso resulta fundamental fortalecer un Estado educador, capaz de formar pensamiento crítico desde la infancia. Vivimos en una época de negacionismo y desinformación permanente, donde los funcionarios públicos y los equipos de salud enfrentamos una tarea doble: cuidar y convencer.
Convencer a la comunidad que la prevención salva vidas, que vacunarse no es un acto de fe, sino de responsabilidad comunitaria; que la ciencia no es un dogma, sino el camino más confiable n los últimos años, el concepto fake se ha vuelto omnipresente, especialmente en las redes sociales, ese gran pasillo digital gris donde circulan noticias, opiniones y falsehacia la verdad. Hoy proliferan teorías delirantes que hablan de vacunas con grafeno, chips implantados o planes globales para reducir la población. Frente a esto, no basta con desmentir: hay que educar, dialogar y construir confianza. Las vacunas son seguras, efectivas y apuntan al bienestar colectivo cuando se alcanza la inmunidad de rebaño. Nos queda entonces construir confianza desde los datos. Ejemplo de aquello es que en Chile, en los últimos dos años, no hay muertes de niños por virus respiratorio sincicial. La censura no es la respuesta, pero sí lo es una pedagogía médica y social que enseñe a distinguir entre lo cierto y lo falso, entre evidencia y especulación. Las redes sociales en la actualidad son un campo libre donde se puede instalar una mentira desde el anonimato o desde un perfil falso. El periodismo requiere el rigor de los medios a verificar los datos que se emiten, más cuando las informaciones surgen desde el área sanitaria.
No se puede especular con la salud, menos cuando hace poco enfrentamos una pandemia que, lamentablemente, abrió (empujadas por el encierro y el espacio del ocio) las puertas de las noticias falsas y provocó la aparición de los científicos de Wikipedia. En rigor, el peligro está en que una mentira bien contada puede recorrer el mundo antes de que la verdad alcance a ponerse los zapatos. Y en salud, una fake news no sólo desinforma, puede costar vidas. Autor: Juan Correa Peña Director (s) del Hospital San José de Casablanca. C Columna