El cierre
El cierre Se acercan las últimas horas del gobierno del Frente Amplio. Ni siquiera en el cierre, que suele estar coronado de balances y homenajes, nos hemos librado del carácter que marcó el mandato presidencial que llega a su fin. El affaire “cable chino” es una exposición nítida de ese carácter. Durante cuatro años, el Gobierno mostró improvisación y negligencia para tomar decisiones, opacidad para enfrentar conflictos. Muy rigurosos siempre frente a las falsas noticias, con poca tolerancia a la crítica, cuando de escándalos se trató solo informó al país una vez que explotaron en los medios. Y cambió reiteradamente de versiones sobre los hechos, siempre orientadas a zafar de su responsabilidad. Hermético como no se recuerde un gobierno al menos desde 1990, solo un pequeño núcleo de la Presidencia manejaba antecedentes relevantes y tomó decisiones que evidentemente abrirían flancos, de espaldas a los incumbentes.
De los indultos a los presos de “la revuelta” se notificó a última hora a la ministra del Interior y su opinión fue desechada; de la denuncia por violación contra el subsecretario del Interior no se enteró la min i s t r a d e l a Mujer; del cable chino, por lo que vamos viendo, poco fue lo que se i n f o r m ó a l canciller y a la ministra de Defensa. Dejan un legado modesto y deficitario en áreas esenciales para Chile.
Los avances más significativos fueron posibles por la persistencia de la oposición en el Congreso (la agenda de seguridad y una reforma de pensiones que es el antónimo de la que se presentó originalmente). Si bien no pudo llevar adelante una agenda fundada en sus ideas originales afortunadam e n t e, l a gestión del Estado está marcada en estos años por la incompetencia, la desidia, la irresponsabilidad, el activismo.
Ahí están una administración de las finanzas públicas, con un déficit fiscal histórico; los conflictos en relaciones internacionales que le pesarán a Chile por un buen tiempo; las reconstrucciones en zonas de catástrofes, lentas y dolorosas; las falsas licencias médicas y la entrega de fondos millonarios para fundaciones que se esfumaron; los proyectos de inversión cajoneados por funcionarios/ambientalistas; etc. Una de las curiosidades de la semana de cierre ha sido la repentina invocación a las formas republicanas, tras el quiebre con el futuro gobierno.
Si bien cambiarse de piel frente a los problemas puede ser usual y a veces hasta necesario en la política, la exhortación a Kast es el intento de poner el relato por encima de los hechos. Resultaría incluso graciosa si aquello que la antecede no fuera grave. Porque fue la izquierda que integra el núcleo duro de esta administración la que maltrató la República que hoy aseguran defender. Lo hicieron en cuestiones de fondo, respaldando a quienes pretendieron derribarla, y en las formas, con elocuente desprecio a la solemnidad que siempre debe rodearla. No sabemos cómo envejecerá el mandato de Gabriel Boric. Adelantarse en un país con la memoria frágil, que cuando vive la prosperidad tiende a olvidarse del sacrificio que la precedió y vuelve a coquetear con visiones populistas, no es una buena idea. Lo que sí sabemos es lo que vemos: la escena del adiós acomodando indicadores y una repentina nostalgia republicana. Más que el cierre de un gobierno, Chile se apresta a despedir un ciclo conflictivo, de una intensidad ideológica cansadora, en el que se celebró la mediocridad.
Al final, la historia no se escribe con intenciones, sino con la huella o la falta de ella que se deja en la vida de los chilenos. n “NO SABEMOS CÓMO ENVEJECERÁ EL MANDATO DE GABRIEL BORIC, ADELANTARSE EN UN PAÍS CON LA MEMORIA FRÁGIL NOES UNA BUENA IDEA. LO QUE SÍ SABEMOS ES LO QUE VEMOS: UN CIERRE ACOMODANDO INDICADORES Y UNA REPENTINA NOSTALGIA REPUBLICANA”..